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Sesión continua - programa doble

martes 14 de febrero de 2017, 10:34h

En aquellos tiempos en que no había televisión para “matar el tiempo” el cine era una industria fácil y próspera y no un arte selectivo, como en nuestros días. La gente se preguntaba dónde ir a pasar las horas, quizá buscando el calor de la calefacción en casas congeladas en torno a las cenizas de un brasero, o en un lugar donde hacer arrumacos con la novia. Para esto existían aquellas salas de sesión continua en las que se entraba a cualquier hora, en medio de la proyección de cualquiera de las películas. Estas eran dos, una de menor calidad o mayor antigüedad y otra con mayores pretensiones artísticas. Si el programador era ingenioso la primera podía ser para reír y la segunda para llorar. En la primera solían destacar parejas cómicas, como en el circo. En la segunda intérpretes estelares, consagrados y famosos.

A la manera de aquellos cines de antaño, los partidos políticos Podemos y PP ofrecieron al público conjuntamente un programa doble el pasado fin de semana, celebrando en sesión continua sus congresos nacionales en las mismas jornadas. Podría ser cosa de azar. Pero fuentes bien informadas nos dicen que, al menos una de las partes buscó la coincidencia intencionadamente, como una provechosa contraprogramación. Tan brillante idea solo podía salir de las traviesas mentes infantiloides de Podemos. Convencidos de ser más atractivos, novedosos, espectaculares y oportunistas que el maduro PP, se creyeron a pies juntillas que la opinión pública que ellos llaman “la gente” iba a quedar tan impactada por su asamblea en una plaza de toros que la ceremonia contrastaría ventajosamente con la fría rutina del congreso del PP en una “caja mágica”.

Así se preparó, pero resultó lo contrario. La película de Podemos no logró equipararse a la del PP sino que desempeñó un papel complementario y subordinado de película de risa en el programa doble. Una pareja de cómicos se dieron los consabidos guantazos en público para terminar saludando conjuntamente al respetable que gritaba ¡unidad!. Detrás de la lucha por el poder personal se insinuaba un dilema: partido institucional o partido protestatario. Errejón creía más fácil ganar terreno trabajando por los cauces del sistema y Pablo Iglesias prefería seguir con el asalto revolucionario. Ni uno ni otro camino eran viables, ni por las buenas ni por las malas. Una turba como la dirigencia de Podemos no puede gobernar una democracia económicamente potente y estratégicamente clave en el mundo contemporáneo. Lo suyo es un celuloide rancio que huele a guerracivilismo y a filocomunismo. Por eso triunfó claramente la propuesta extremista de estilo comunista, con el arrepentimiento y la docilidad de los perdedores. Fue un buen resultado para el bipartidismo PP-PSOE si los socialistas no se desvían. PP y PSOE ganan espacios para la prórroga del bipartidismo tanto cuanto crece la coleta de Iglesias.

La película del PP no fue ni buena ni mala pero mantuvo la prestancia conveniente en un partido cuya misión principal hoy es apuntalar la estabilidad de un gobierno. Las digresiones entre gaviotas y charranes no son más trascendentales que las de compatibilidades o limitaciones de mandatos. Cuestiones irrelevantes cuando de lo que se trata es de favorecer el equilibrio político y la unidad de España. En cuanto al tema del voto en conciencia debieran saber los moralistas que el primer deber de conciencia es corresponder al mandato del electorado que eligió al parlamentario para servir a determinada posición política y no para una cátedra de ética. La posibilidad de dar libertad de voto en ciertos asuntos interpretables moralmente es como lavarse las manos y, quizás, favorecer las ideas de una oposición “progre” con las divisiones del voto en las propias filas. Pero el objetivo del congreso no eran estos entretenimientos sino la continuidad de los principales protagonistas del curso de una gestión problemática. En este sentido, la película fue aburrida, por falta de suspense, pero cumplió con todos los objetivos previstos. No fue una película divertida pero fue una película eficaz.

Entre la película cómica y la seria no hubo más interrupción que un “tráiler” anunciando un próximo programa doble. En este se avanzaron imágenes de otras dos películas. la película de bajo presupuesto a cargo de Pedro Sánchez y Patxi López, artistas de poca gracia y dudosa fama. El avance de programa se salvaba por la brillante película principal que se anuncia interpretada por la estrella Susana Díaz que aparece rodeada de extras municipales, elemental, amable y lozana como una reina del folklore patrio. Solo necesita ser fiel al papel que de ella se espera: ser socialista sin traicionar a España. Con solo eso será capaz de recuperar la cuota de pantalla que corresponda a una oposición de dimensión alternativa y, con ello, reconstruir el bipartidismo democrático desfigurado por la irrupción tercermundista de Podemos. Es de desear que este futuro programa doble tenga el mismo resultado positivo que el anterior.

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