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Un Gobierno bifronte

lunes 11 de octubre de 2021, 11:12h

Un borrador de nueva ley de vivienda nos trae todo el aroma montaraz de la economía comunista, condenada por la historia en todos los lugares donde se ha aplicado, pero dulcificada vergonzosamente con respiros para los pequeños propietarios de algunos pisos. Se trataría de intervenir los precios del alquiler para facilitar el acceso más barato a los inquilinos. Pero ninguna medida para fomentar la oferta, sino el mejor camino para desactivarla. Porque esa especie de benevolencia para los arrendadores de menos de diez pisos desconoce, o aparenta desconocer, que la actual construcción de viviendas, sean bloques con alturas o urbanizaciones extensas, no se construyen de diez en diez sino por centenares para que su construcción pueda resultar rentable. De menos de diez viviendas solo se construyen edificaciones elitistas para compradores o inquilinos de lujo. Como las “dachas” de la fenecida era soviética.


En los últimos años el alquiler del mercado inmobiliario empezaba a despegar por un grado de libertad que incentivaba a los arrendatarios y comenzaba a hacer atractiva la construcción de viviendas para alquiler. La propia dinámica del mercado hacía crecer la oferta y regulaba los precios, a la vez que generaba trabajo. Así lo debía creer el voluble presidente Pedro Sánchez cuando, en su viaje a Estados Unidos, prometió ante grandes banqueros y gestores de fondos que España seguiría siendo un entorno seguro para las inversiones internacionales y que garantizaba una nueva ley de vivienda sin grandes intervenciones estatales o, como se dice vulgarmente, “blanda”. El ala socialista de este gobierno bifronte mandó el mismo mensaje de tranquilidad al sector inmobiliario español. Pero todos se han sentido tan engañados como los pequeños propietarios a los que se amenaza si se atreven a mantener dos viviendas vacías, es decir, libres de “okupas”. La única tranquilidad para el sector procede del típico lavado de manos de Sánchez y los equívocos con que juega a ambas bandas. La aplicación de la hipotética ley de la que por ahora solo se conoce el borrador, estaría a cargo de las Comunidades Autónomas. Lo que hace pensar que la hipotética ley una vez negociada entre los dos frentes del Gobierno que no merece ser llamado de coalición sino bifronte, no va a ser efectiva ni en Madrid, ni en Galicia, ni en Castilla León, ni en Andalucía, ni en Murcia, a deducir de la posición del PP que, además, anuncia que llevaría la ley, si llegara a formalizarse como tal, al Tribunal Constitucional. Tampoco parece que Cataluña o el País Vasco asumirían con entusiasmo esta normativa centralista que quizá solo gustaría al ayuntamiento fallido de Ada Colau. La desmercantilización de la vivienda, que es el trasfondo comunista del borrador, sería como la desmercantilización de otros productos, el camino para la penuria alimenticia y la reaparición de aquella antigua palabra “estraperlo”, de tan viejas raíces republicanas. Controlar estatalmente precios es la mejor fórmula para la escasez de los productos según experiencias conocidas universalmente. ¿Por qué Pedro Sánchez admite estos borradores que promueven inseguridad jurídica y retraimiento de los inversores? Porque necesita de ese conjunto de pequeños partidos que hacen posible su permanencia en el Gobierno. Porque necesita de esa izquierda radical para aprobar unos Presupuestos Generales y porque sabe que tales Presupuestos se aprobarán antes de que el dichoso borrador se convierta en ley. Sabe de sobra que dicho borrador se enfrenta a la lógica del mercado. Los precios suben cuando el producto es escaso y se nivela cuando aumenta la oferta y la competencia. Pero él engaña con la misma facilidad a los comunistas capitaneados por Yolanda Díaz que a los inversores y a las inmobiliarias. El borrador es un ejemplo entre otros del extravagante Gobierno bifronte que padecen los españoles. Un Gobierno sin otra cohesión que ir sorteando los obstáculos que puedan dificultar la permanencia del engañoso Sánchez en la Moncloa. Un Gobierno polarizado con unos miembros estables apoyados en los votos parlamentarios del residual y descompuesto “Podemos” y otros inestables y obligados a servir las necesidades caprichosas de un sanchismo que ha convertido al PSOE en una oficina de colocaciones temporales de asentimiento incondicional. Los próximos presupuestos basados en demagogias para la izquierda, peajes para el separatismo, engaños para los inversores y propinas para los jóvenes, es de esperar que sea el último que padezcan los españoles víctimas de un Gobierno bifronte que dificultará el crecimiento futuro al ahuyentar las inversiones y disparar el déficit de las cuentas públicas y la ruina de muchas privadas. El Gobierno a cuatro manos entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz camina hacia una polarización inviable para un futuro serio y positivo.
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