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La esperanza está en los nietos

viernes 09 de diciembre de 2016, 11:26h
Me para un señor en la calle. Me pregunta si conozco la canción que me va a entonar. ”Si nos llevan a la cárcel (bis), no será por robar / será porque hemos gritado, Gora Euzkadi Askatuta”. La otra estrofa cantada explicaba como Oriol quería desgajar en 1933, Araba del resto de Euzkadi, y me preguntó si la conocía pues tiene varias estrofas más que quería completar. Desgraciadamente no la conozco y me dice que quien se la cantaba, un jelkide de Dima, acaba de fallecer. Esa es la constante. No se ha sabido hacer estos años un inventario de todo este tipo de testimonios y canciones que eran entonadas por los abertzales de la época. Y sigue faltando una acción institucional bien organizada para que lo poco que queda, no se termine de perder. La gente no tiene porqué ir a la Administración con estas cosas, tiene que ser el negociado responsable de las instituciones quien vaya a ellos. Y no lo ha hecho nunca de manera sistemática y con cariño.

Me acordé de este señor al recibir de Barcelona las letras de un editor que me anuncia la edición del libro “Cautivos y desarmados” que narra las vivencias de un soldado republicano en el Campo de Concentración de Miranda de Ebro. Me dice que se cumplen sesenta años del cierre de este lugar de dura privación de libertad y quieren que se conozca aquel oprobio y me manda un pasaje conmovedor en el que se relata el asesinato de un corneta vasco en la plaza de toros de Logroño por negarse a ejecutar el himno.

Una historia que me lleva a otro trompetista. Las vivencias que nos contaba Uzturre de su amigo “Turuta” con el que coincidió trabajando para los Servicios de Información vascos en Madrid llamado así porque tocaba la trompeta. Txomin Letamendi conoció a la ondarresa Karmele Urresti en el coro Eresoinka, se exiliaron en Venezuela y a una petición del Lehendakari Agirre volvió para trabajar en dichos servicios. En Caracas llegó a tocar en la orquesta de Billos Caracas Boys y gracias a ello conoció a mucha gente. Kirmen Uribe ha novelado esta historia, ”La hora de despertarnos juntos”, con el telón de fondo del gobierno vasco en el exilio, Agirre y su colaborador Manu Sota, la guerra, Eresoinka, el trastierre, los espionajes y la muerte de Turuta como consecuencia de las torturas recibidas. Una historia tremenda de aquel abertzalismo comprometido. Recomiendo su lectura.

A media semana recibo un correo de la sobrina de Jesús de Galindez, Flori. Me comenta el libro que acaba de salir sobre su tío. ”El Rapto de Galindez y su importancia en las relaciones entre Washington y Trujillo”. Está escrito por Stuart A. McKeever y ha trabajado en él 35 años. Mckeever señala en su investigación que en el rapto participaron ex miembros del FBI, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y personal corrupto de la Policía de Nueva York. Recuerda que en marzo de 1956, la Oficina de Servicios Especiales de Investigaciones, detectives del Octavo Distrito del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York y agentes especiales del FBI, fueron asignados a investigar la desaparición de Galindez. A pesar de que el objetivo era un posible procesamiento judicial, ”nunca se presentaron cargos”.

Como parte de su investigación, McKeever se amparó en la Ley de Libertad de información de los Estados Unidos y en un largo proceso de desclasificación de archivos para acceder a registros del FBI, la CIA y el Departamento de Justicia. ”El rapto de Galindez empezó el proceso de la muerte de Trujillo. Si tuviera otra vida por vivir presentaría una demanda en Washington sobre la base de que la Ley de Libertad de Información no puede proteger a una Agencia del Gobierno, si ésta participa en un crimen en suelo estadounidense”, dice McKeever. Lástima que estos hechos tengan tan poco eco por estos lares. El sesenta aniversario de la desaparición de Galindez, el 120 del nacimiento de Leizaola, el 80 de la creación de la Universidad Vasca, han pasado desapercibidos. Lo que no se conoce no se ama, y lo que no se comunica no existe.

Sin embargo, hay personas a las que les interesa la historia vasca contemporánea. Una de ellas es Aurora una joven catalana que prepara su tesis sobre lo ocurrido en Euzkadi entre 1956, Congreso Mundial Vasco y 1976, salida de los partidos de la clandestinidad. Está aprendiendo euskera y ha viajado por Estados Unidos siguiendo huellas para acabar en la figura de Manuel de Irujo a la que considera un gigante. Me enseñó una carta en la que en 1947 el gobierno de la República en el exilio le pedía al Gobierno Vasco que no destinara dinero para sus ciudadanos y sus presos, porque de esta manera provocaba una discriminación en relación a los españoles presos o en campos de refugiados. El Gobierno Vasco se negó. ¿Por qué iban a pagar el pato los vascos ante la desorganización de los demás?.

Le puse en contacto en Barcelona con Mari Zagala de Carranza, esposa de quien fuera el Delegado del Gobierno Vasco en el exilio, Fernando Carranza, un vasco amigo de Galindez que llevaba las cuentas del dinero que se enviaba desde Venezuela a Paris para el mantenimiento de la Institución y cuya esposa fue la secretaria de D. Manuel de Irujo cuando el Gobierno se residenció, tras caer Bilbao, en Barcelona. Con 103 años, ha tenido que abandonar la Caracas en la que había vivido desde 1940, por la situación dramática que vive aquel país. La presidenta de Emakunde tuvo el detalle de preocuparse de ella e Iban Gorriti le hizo en Deia todo un reportaje. No quedan muchos testimonios de éstos.

Y esta semana también Erkoreka me comentaba que el IVAP había editado el trabajo que le pedimos en su día a Pedro de Basaldua, secretario particular del Lehendakari Agirre y Delegado Vasco en Argentina. Basaldua fue hombre clave desde que estalló la sublevación militar y escribió en un libro todas sus vivencias desde el 18 de julio a la constitución del Gobierno Vasco en Gernika el 7 de octubre de 1936, pero actuando como secretario particular del Gobernador Civil de Vizcaya, el republicano Echeverria Novoa que fue quien en nombre de la República pasó el poder y reconoció el resultado de la votación que eligió al Lehendakari Agirre. Es un libro importante. También Xabier Irujo nos notificó que el trabajo que hicimos rescatando la biografía del alavés José Luis de la Lombana, lo iban a presentar esta semana en Uruguay. Lombana era un joven alavés que fue encargado por el EBB de ir a Nueva York para intervenir en el Madison Square Garden en unas Jornadas por la Paz organizadas en agosto de 1938.

También se están dando las últimas correcciones a un importante libro que saldrá, presumiblemente en enero, con más de 150 entrevistas de gentes del PNV, y de los que colaboraron en la Resistencia no armada, porque hubo una intensa Resistencia de la que nadie habla. El libro abarca desde la muerte del Lehendakari Aguirre a la del dictador, con toda aquella guerra de sombras, creación de ikastolas, organización de los Aberri Egunas, la Operación Ikurriña, la acción de los Mendigoizales, el mantenimiento de las Instituciones, reparto de propaganda, la Radio Euzkadi clandestina, toda aquella Resistencia que se hizo y que ha quedado sepultada por las acciones de ETA. Como ahora. Todo está volcado a lo que hizo ETA, las víctimas, los días de recuerdo y de la Memoria, como si todo lo demás no hubiera existido aunque, afortunadamente, son los nietos los que están reivindicando se conozca, estudie, valore y difunda lo que hicieron sus padres y abuelos.

Y finalmente un apunte sobre el tan traído y llevado juramento de los Lehendakaris. Hemos oído de todo. Un letrado del Parlamento Vasco y un Decano de Deusto hablaban del tracto de la historia, de la recuperación del Juramento que entronca con la Foralidad y argumentos parecidos.

La cosa es más sencilla. El Juramento leído por Agirre fue redactado por Juan de Ajuriaguerra para ese día. Y quedó ahí. La prueba está en que Leizaola en 1960 no lo utilizó y eso que Leizaola fue el Consejero de Justicia y Cultura de ese primer gobierno vasco. El Juramento era de Agirre y en su tumba está esculpido.

En 1980, le pedimos a Garaikoetxea que lo utilizara. Hubo resistencia porque en 1980 se vivían efluvios laicistas muy fuertes y comenzar un acatamiento con Jaungoikoa, cuando ya en 1977, habíamos tenido nuestros más y nuestros menos con el JEL, fue motivo para el primer rechazo. Afortunadamente Garaikoetxea finalmente accedió y juró con él. Después lo hizo Ardanza, y hasta hoy, con todas las modificaciones que se han ido haciendo. No le veo a los ingleses haciendo lo mismo con ”Dieu et mon droit”, pero aquí somos especiales. Hasta Andu Lertxundi se ha quejado en Berria que se haya utilizado el zutik, habiendo utilizado Agirre el zutunik. Viene a decir que esa palabra encaja en ese Juramento y protesta por ese cambio gratuito.

En fin, que la historia vasca contemporánea toca todos los días nuestras puertas y las de mucha gente y ojalá estuviéramos a la altura de lo que piden los nietos: que la historia no se pierda.

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