La guerra iraní en curso ha revelado nuevos niveles de pobreza y hambre en distintas regiones del país, especialmente en un contexto de sanciones occidentales impuestas al régimen de Teherán desde hace años, agravadas por una mala gestión en la toma de decisiones, lo que ha tenido repercusiones económicas y sociales sobre la población.
Un informe de la plataforma Engelsberg Ideas señala que "la crisis económica creciente en Irán refleja un problema más profundo en la estructura de su economía. La economía iraní, caracterizada por una mentalidad puramente comercial, está moldeada por una visión a corto plazo, la opacidad, la falta de rendición de cuentas y la ausencia del estado de derecho".
Mentalidad explotadora y opaca
El informe añade que, incluso antes del estallido de la guerra, "esta mentalidad no excluye la industria, pero sí determina su gestión, donde la corrupción generalizada y la ineficiencia obstaculizan cualquier forma de inversión privada. Este fracaso en el pensamiento estratégico se manifiesta de manera clara y catastrófica en la gestión estatal del medio ambiente y del agua. La República Islámica tiene una economía política basada en la explotación continua de la riqueza, y un sistema de gobierno que se apoya en esa explotación y la refuerza: es, por excelencia, un Estado explotador".
Asimismo, considera que las políticas del régimen iraní están vinculadas a "la penetración de una mentalidad comercial opaca, de corto plazo y sin rendición de cuentas en gran parte de la economía política iraní, reforzada por una ideología revolucionaria y un sistema autoritario en declive".
El informe explica que el régimen en Teherán "se ha apoyado en un legado rico y en ingresos petroleros constantes (aunque ahora en descenso), utilizando la hostilidad con Occidente y las sanciones -en gran medida autoimpuestas- como justificación para evitar abordar seriamente los problemas".
Hoy en día, "muchos economistas iraníes son conscientes de la magnitud del problema y reconocen que Irán enfrenta un dilema similar al de la era soviética. Las reformas estructurales -políticas y económicas- son necesarias para que el país alcance su potencial, pero la amarga realidad es que, con la pérdida de legitimidad popular, la revolución y la 'república burguesa comercial' que creó serían las primeras víctimas de ese proceso", según el informe.
Sufrimiento de los niños
La plataforma World Hunger advierte que la guerra en curso desde el 28 de febrero amenaza con agravar la malnutrición entre los niños menores de cinco años en barrios urbanos de bajos ingresos en ciudades como Teherán, Isfahán y Kermanshah, así como en provincias rurales fronterizas como Sistán-Baluchistán y Kurdistán, que ya presentan altas tasas de malnutrición.
Según la plataforma, la población de Irán asciende a 93 millones de personas, de las cuales 7,5 millones son niños menores de cinco años, una cifra superior al total de niños de esa edad en países como Alemania, Reino Unido, Canadá, Irak, Siria, Italia, Turquía y Francia.
Estudios realizados en el sur de Irán entre 2018 y 2023 muestran un aumento significativo de la insuficiencia ponderal y la emaciación infantil. La tasa anual de emaciación grave aumentó un 8,9%, mientras que la media nacional de emaciación se sitúa en el 4,2%.
Las enfermedades más frecuentes entre los niños incluyen deficiencias de micronutrientes, especialmente vitamina D, hierro (anemia), vitamina A y zinc. Aunque Irán ha intentado abordar estos problemas mediante programas nacionales e intervenciones apoyadas por UNICEF en las provincias más vulnerables, los desafíos persisten debido a factores económicos, hábitos alimentarios y desigualdades regionales.
Impacto de la guerra en la alimentación
El informe subraya que incluso antes del conflicto actual, la economía alimentaria en Irán ya estaba debilitada por las sanciones internacionales y la mala gestión. Sin embargo, la guerra agravará la situación, dificultando aún más el acceso de las familias a los alimentos.
Las protestas de diciembre de 2025, desencadenadas por el aumento de los precios de los alimentos tras la caída del rial frente al dólar, reflejan esta crisis. Los ciudadanos criticaron al gobierno por no presentar un plan de emergencia claro, dejándolos enfrentar la situación por su cuenta.
La plataforma también destaca que Irán depende de la importación de arroz, aceites de cocina, soja, azúcar, té y productos lácteos. El conflicto actual amenaza con interrumpir estas importaciones, reduciendo la disponibilidad de alimentos.
Además, las cadenas de suministro agrícola, redes de transporte, instalaciones de almacenamiento e infraestructuras hídricas están en riesgo. Los daños en carreteras y puertos dificultarán la distribución de alimentos en todo el país.