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Guerras sin declarar

jueves 13 de agosto de 2020, 12:24h

Líbano sufre un caos político, económico y social provocado por intereses internos y, sobre todo, externos.

Mueren muchos inocentes cuando está en marcha una guerra sin declarar y se producen explosiones que no tienen demasiada explicación como si hubiera sido un accidente.

Por supuesto, todavía no hay evidencias claras, ni pruebas contundentes para afirmar que las terribles explosiones, al menos dos, ocurridas en el puerto de Beirut hayan sido provocadas. Sin embargo, poco a poco se van trasluciendo algunas sospechas entremezcladas con declaraciones como la realizada por el presidente del Líbano, Michel Aoun, que mezcla la opción de una injerencia extranjera con una bomba o un misil.

Cuidado con los montajes de videos falsos que están circulando, como desgraciadamente es demasiado habitual, por las redes sociales con impunidad y anonimato inadmisibles pero permitidas a pesar del enorme daño que producen. En el mundo actual, totalmente convulsionado por la pandemia del coronavirus, las acciones bélicas se mantienen abiertamente en Siria, en Libia o en Yemen, a pesar de los constantes acuerdos de alto el fuego entre las partes.

Mientras tanto, lo que se realmente se dilucida es la pugna por el poder, el control, el comercio, la economía y la influencia en todo Oriente Próximo entre viejos enemigos como son Irán y Arabia Saudí, con otros actores relevantes desde sus propios intereses como son Israel o Turquía y con las grandes potencias tratando de extender su esfera de actuación y de consolidar bases logísticas como es Rusia en el Mediterráneo.

Lo de China y Estados Unidos tiene otro ámbito de enfrentamiento por el control del comercio mundial y de las nuevas tecnologías 5G para garantizarse la hegemonía de los próximos cinco años, al menos. En medio de este complicado cruce de intereses de todo tipo y condición, se encuentran países que luchan por conservar la estabilidad política, económica y social pero sus constantes intrigas internas sirven a diversos dirigentes ambiciosos para atizar el fuego del enfrentamiento y el caos.

En los últimos meses, Líbano responde a la perfección con el ejemplo de país donde el equilibrio de poderes pende de hilos muy finos, la crisis económica se ha agravado por la llegada de miles de refugiados sirios y, además, se vuelven a alimentar los fantasmas de su sangrienta guerra civil de los años 80 con acciones y ataques entre los contendientes y los diversos grupos o países que les apoyan. Muchas toneladas de nitrato de amonio, demasiado tiempo almacenadas en pésimas condiciones en el puerto de Beirut, pero la clave está en el detonador que provocó la primera explosión que después pudo afectar a algunos depósitos de armas y explosivos de Hizbollah. Nada es casual en este mundo de intrigas.

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