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Mediadores en Oriente Próximo

viernes 14 de junio de 2019, 12:09h

Seguro que hay bastantes actores internacionales que se están beneficiando de la inestabilidad creada por la tensión en Oriente Próximo y por la guerra comercial que tanto perjudica a muchos países del mundo y a sus ciudadanos, entre ellos los españoles. En ambos casos, hay un protagonista, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que juega sus cartas unilaterales y personales sin importarle las consecuencias para los demás, incluidos sus aliados europeos y asiáticos. La chispa que puede provocar un enfrentamiento militar que se puede saber cómo empieza, pero cuyas consecuencias podrían ser incalculables y su final muy incierto, en aguas del Golfo Pérsico y en suelo iraquí, presumiblemente. En las últimas horas se ha producido otro ataque en el golfo de Omán contra varios buques que transportaban petróleo de los países de la región. Washington ha enviado a esa zona varias naves militares para garantizar la seguridad de un tráfico de crudo que va a preservar con todos sur recursos militares frente a las acciones provocadoras de Irán o de sus milicias aliadas como los hutíes en Yemen.

En medio de este ambiente tan preocupante han surgido los intentos mediadores de dos países con peso específico: Alemania y Japón. Si nos atenemos a la conclusión expresada por el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, tras finalizar en Teherán su gira por Irak, Jordania, Emiratos Árabes Unidos e Irán, “la situación es explosiva” se precisa de todos los esfuerzos para rebajar la tensión y evitar el enfrentamiento. En esta gira, el ministro germano representaba también a la Unión Europea cuyas instituciones se encuentran en un momento de cambio, de relevo de sus dirigentes que justifica, de alguna manera, la ausencia de Federica Mogherini, Alta Representante de la UE para la Política Exterior, durante las últimas semanas. Un vacío inexplicable en sentido político y estratégico para los intereses europeos que las nuevas autoridades deberían remediar por el grave daño que sufren los intereses europeos desde el punto de vista político, pero sobre todo económico. La tentativa alemana significa un intento de darle una oportunidad a la diplomacia y al diálogo en el marco de reafirmar un respaldo europeo al acuerdo nuclear con Irán. Una posición que representa uno de los elementos más graves de distanciamiento de los aliados europeos con Trump que se suma a la amenaza norteamericana de aranceles a la importación de vehículos y otros productos y a la exigencia de un mayor gasto en Defensa para equilibrar los costes en el seno de la OTAN. Las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán, tras retirarse en 2017 del acuerdo nuclear están perjudicando gravemente a numerosas empresas europeas y, por el momento, los intentos de revertir la situación no tuvieron el más mínimo eco en el despacho oval de la Casa Blanca. Al revés, elevó las sanciones a la exportación de crudo iraní que ha provocado la actual escalada de la tensión. La intención de Berlín es que no se interprete la posición europea como un alineamiento exclusivo con las tesis iraníes, sino como un esfuerzo de equilibrar los intereses de todos los afectados. Un ejemplo es que el príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed Al Nahyan, visitó oficialmente Alemania hace dos días buscando fortalecer los lazos económicos y estratégicos entre ambos países dado que EAU es el mayor socio comercial de Alemania.

Detrás del ministro germano ha llegado a Teherán el primer ministro del Japón, Shinzo Abe, una visita relevante porque es la primera vez que un jefe del Ejecutivo nipón viaja a Irán desde la Revolución de 1979, porque va a ser recibido por el Guía Supremo iraní, Alí Jamenei y lo que ha despertado más interés, porque puede ser portador de un mensaje para los iraníes por parte de Donadl Trump. Al menos, así se interpreta la llamada que recibió de Trump el dirigente japonés. Sin embargo, analistas políticos en Tokio rechazan que Abe juegue el simple papel de cartero correveidile del presidente norteamericano cuando es la tercera economía del planeta y tiene decisivos intereses que proteger y prestigio político que ganar o perder de cara a la reunión del G-20, prevista en Japón a finales del mes de junio. El papel de mediador del primer ministro japonés puede surgir más a petición de los propios iraníes para intentar un acercamiento con Trump que de la propia intención del mandatario japonés que ya sufrió un total ninguneo por parte norteamericana en las reuniones y negociaciones con el dictador de Corea del Norte y su amenaza nuclear que tiene en suelo japonés varios de sus principales objetivos. El perfil político de Abe tampoco ha tenido excesiva brillantez en sus relaciones con China y Rusia, como actores influyentes de una región que ha adquirido enorme relevancia política y económica a nivel mundial.

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