www.diariocritico.com

De la gestora de Felipe a la de Pedro

jueves 13 de octubre de 2016, 09:50h

Esto de las gestoras en los partidos es una de esas trampas que se hacen a si mismos para demostrar que la democracia interna existe y que los cargos, los carga el diablo. Hay gestoras de transición y otras como en el Partido Popular, que acostumbrados a tener un gobierno en funciones durante casi un año, no le hacen ascos a una gestora de larga duración, pues desde el 15 de febrero de este año fecha de la dimisión de Esperanza Aguirre, la mujer que es capaz de parar su vehículo donde le sale del cajero, la encabeza Cristina Cifuentes, esa rubia con tatuajes que va de progre de salón del madrileño Barrio de Salamanca. Esperanza Aguirre dimitió como presidenta del PP de Madrid por la gravedad de las acusaciones de financiación ilegal en su partido, tres días después de que la Guardia Civil registrara su sede, más de un año después de que su mano derecha, Francisco Granados, entrara en prisión, pero solo tres meses antes de dejar el cargo tras el congreso regional del PP, al que ya había dicho que no se presentaría, es decir, me voy porque yo quiero y no porque me echen que diría la condesa consorte de Bornos y de Murillo que como se puede comprobar, es una mujer sencilla y del pueblo como ella misma se define...

Pero otras gestoras se hacen para escenificar una dimisión anunciada y bien preparada para volver por la puerta grande. El XXVIII Congreso del Partido Socialista Obrero Español se recordara como el de la dimisión de Felipe González, para volver en loor de multitud. Se celebró en mayo de 1979, a los cien años de haberse fundado el partido por Pablo iglesias (el de verdad. Este Congreso pretendía incorporar la tesis defendida por el secretario general Felipe González, de renunciar al marxismo como ideología oficial del PSOE. El congreso no esperaba esta propuesta y destacados socialistas como Ignacio Sotelo, Luis Gómez Llorente o el propio Pablo Castellano (quien te ha visto y quién te ve en Intereconomía) protagonizaron una fuerte oposición que acabó en la renuncia de Felipe a presentarse a la reelección como primer secretario del PSOE. Esta decisión provocó que la jefatura del partido la asumiera una comisión gestora dirigida por José Federico de Carvajal, aquel hombre de porte elegante que hacia maquetas de barco y fue presidente del Senado.

La gestora prolongó su vida hasta septiembre cuando se celebró un Congreso Extraordinario en el que se abandonó definitivamente los postulados marxistas y Felipe González volvió a ser elegido Secretario General por aclamación de los delegados. Durante los meses de la gestora, la campaña realizada por González contó con la amplificación de todos los medios de comunicación, postulándose hacia una salida del partido hacia aires más modernos acordes con los tiempos socialdemócratas que contagiaban al PSOE desde Alemania o Francia, por ser estos los más cercanos, además de ser los primeros, los financiadores del partido a través de la Fundación Eber. Abandonar el marxismo era una exigencia para despejar cualquier duda de rojeríos incontrolados por si los socialistas algún día llegaban al poder.

La segunda gestora fue en el año 2000 con Manuel Chaves al frente, que condujo la transición hasta que Rodríguez Zapatero asumió el liderazgo. Vino motivada tras una debacle electoral hasta entonces sin precedentes al cosechar el candidato socialista Joaquín Almunia, solo 125 escaños hasta entonces el peor resultado electoral de todos los tiempos, que llevo al cabeza de cartel electoral a dimitir. Posteriormente en 2011 y 2015-16 esos pésimos resultados los superarían con creces Rubalcaba y Pedro Sánchez respectivamente. Pero previo a esta derrota electoral, se produjo en 1998 un hecho histórico sin precedentes con la celebración por primera vez de primarias (¡parece que están gafadas!) que arrojo como vencedor a Josep Borrell, el candidato guerrista, contra Almunia el oficialista apoyado por Felipe González. El propio Alfonso Guerra, aseguró que "hay un líder social clarísimo, lo han votado los militantes en su conjunto, que es José Borrell", al responder a una pregunta sobre el liderazgo en el partido socialista tras las primarias. Esta era la época en la que en el partido socialista existían guerristas y felipistas como dos corrientes de opinión bien diferenciadas y enfrentadas en las bases, más de lo que en realidad mostraban sus líderes en público y en privado.

Aquellas primarias fueron un duro varapalo para Joaquín Almunia que en el XXXIV Congreso de junio de 1997ante la sorpresa de todos, Felipe González anuncio que no se presentaba a la reelección y dejo a su delfín Almunia al frente del partido. En opinión de Guerra la votación de las primarias supone "una cierta reparación de una mala noche" en el 34º congreso de su partido, tras admitir, casi explícitamente, que allí se practicó la exclusión de muchas personas. Pero la victoria de Borrell quedo en una anécdota pues un escándalo fiscal que implicaba a sus colaboradores más cercanos como eran Aguiar y Huguet extiende una sombra de duda que podría perjudicar la imagen del PSOE o las expectativas de sus candidatos en las elecciones inmediatas, pero el hecho de que su ex mujer participase en un fondo de inversiones junto a uno de esos antiguos colaboradores, le afectaba muy de cerca. Su dimisión era inevitable y Almunia, el hombre de González, heredó la cabeza de cartel en las elecciones del 2000.

De la tercera gestora poco hay que añadir, salvo que en las tres de una forma u otra sale a colación Felipe González, pues a toque de corneta del veterano político, Pedro Sánchez vio como le movían el asiento hasta dejarlo sin despacho y en la calle por mantenerse firme en el NO al partido de Rajoy. Ya todos damos por hecho la abstención del grupo socialista ratificada por un Comité Federal del que no se esperan sorpresas. Mientras la decepción ente los militantes y los votantes que jamás dieron su confianza al PSOE para favorecer un gobierno del PP, ese mismo que ahora está tan de actualidad en los juzgados por la Gurtel y las tarjetas black, va formar gobierno gracias a la inacción de los socialistas. Para justificar la no consulta a la militancia, la anterior presidenta del partido Micaela Navarro, soltó la sentencia más clasista que se ha escuchado nunca de un socialista diciendo que no es lo mismo el voto cualificado de un militante, o el de un dirigente. Si por algo se caracteriza un partido de clase, es porque tanto el albañil como el notario ejercen el sufragio universal con el mismo valor intrínseco. Mientras ni sombra de fecha para convocar un congreso que elija de verdad a un líder que recupere el espíritu de un partido de izquierdas.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios