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Maldita hemeroteca
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(Foto: Pool EFE/Fernando Alvarado)

Maldita hemeroteca

miércoles 06 de junio de 2018, 08:27h

Siempre que veo en televisión el programa 'El Objetivo', dirigido por Ana Pastor (la periodista), me encanta ver la sección que da título a este artículo, donde se recogen declaraciones y testimonios que generalmente retratan a sus protagonistas. En este apartado han sacado los colores a más de uno/a en un ejercicio muy español del refrán “donde digo Diego...” tan frecuente y tan poco serio.

Utilizando el titular, recordaremos aquel debate cara a cara de diciembre de 2015 previo a las elecciones del 20 de dicho mes, entre el entonces presidente Rajoy el secretario general del PSOE (primera etapa) Pedro Sánchez. Tras varios ataques políticos del socialista recriminándole los recortes, la corrupción y demás adornos que caracterizaban a su gobierno, el propio Rajoy desafió a Sánchez diciéndole que lo que tenía que hacer era presentar una moción de censura. "Yo lo habría hecho", añadió el entonces inquilino de la Moncloa. Ese mismo hecho aconsejado por quien lleva más años en política que los Leones de las Cortes, ahora se ha convertido según dicen sus palmeros, en una traición a la democracia, una usurpación de poder y una ambición sin escrúpulos con tal de ocupar el sillón azul en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. La reciente moción de censura que ha llevado a Pedro Sánchez a la Moncloa, ha desatado las bajas pasiones de la derecha más rancia y recalcitrante, llegando algunos a utilizar un lenguaje que ya creíamos se había desterrado, aunque siempre nos quedará Rafael Hernando para recordar discursos fuera de tono, de verosimilitud y más propios de otra época.

Encontramos en la famosa hemeroteca, que la tan invocada Constitución que nos dimos los españoles a modo de marco legal de actuación, no fue votada favorablemente por el mismo partido que hoy la invoca vehementemente. Conviene recordar que Alianza Popular, el mismo partido al que luego Manuel Fraga reconvirtió en Partido Popular para homologarse con sus correligionarios europeos, era escasamente entusiasta con el texto por considerarlo “peligroso para los intereses de España…..” Por dicho motivo, de los 16 diputados del grupo, votaron en contra hasta 5 miembros de aquel partido que tenía en sus filas a los ultraderechistas y ex ministros franquistas Gonzalo Fernandez de la Mora o Federico Silva Muñoz como diputados. También se abstuvieron otros tres diputados populares, uno de ellos Álvaro Lapuerta, recientemente fallecido y que fue tesorero del PP, eternamente mencionado en los “papeles de Bárcenas”. En resumen, la mitad de ellos no votaron favorablemente. Pero de aquel Fraga fundador del partido y uno de los padres de la Constitución, quedará para la historia que planteara como crítica a la “Ley de Leyes” que: “instituciones claves de democracia semidirecta, como el voto popular y el referéndum habían quedado inoportuna e indebidamente recortadas”... (Fraga dixit) ¿Sería Fraga el inspirador de Artur Mas y Puigdemont? Fraga era un verso libre, para bien y para mal. Era el mismo que se enorgullecía de su “gran amistad con Fidel Castro”, por aquello del paisanaje de sus ancestros. Cada vez que lo oía….., Jose María Aznar miraba hacia otro lado ¡Viva el vino! que diría Rajoy.

Las redes sociales se llenaron en estos días de mensajes incendiarios de quienes han querido vender una idea de deslealtad institucional mezclada con fraude electoral y aderezado con unas gotas de traición. Pero la moción de censura es un mecanismo recogido en el Artículo 113 de la Constitución y tan válido como el Artículo 155 tan defendido como criticado. El problema radica en que hasta ahora las mociones de censura eran un brindis al sol y en esta ocasión la suma de los factores, si ha alterado el valor del producto y como consecuencia, Rajoy ha tenido que hacer las maletas.

De la hemeroteca rescatamos también algún testimonio curioso de Javier Maroto Vicesecretario del PP. Decía en su etapa como alcalde de Vitoria entre 2011 y 2015: “Los políticos que no entiendan en este momento la necesidad de abrir puentes, que solo se puede ser útil en la política hablando entre diferentes, los que no entienden esto, quizá no deberían estar en la política de hoy”. Cabe recordar que durante su periodo al frente de la alcaldía vitoriana fueron frecuentes los acuerdos con Bildu, si, los mismos de los que hoy afirma Maroto que “se estarán frotando las manos” por haber votado a favor de la moción de censura. Una más de las que nos tienen acostumbrados los populares, que solo ven bien pactar con quien sea, siempre que los beneficiados sean ellos, véase al ejemplo de los innumerables acuerdos con fuerzas como CiU, PDCat o PNV, como ocurrió en esta legislatura para que Ana Pastor fuera presidenta del Congreso o con los vascos para aprobar los presupuestos.

También hemos visto críticas y rasgados de vestiduras con motivo de la toma de posesión (mal llamado juramento) como presidente de Pedro Sánchez, motivado por la ausencia del crucifijo y la Biblia en la mesa protocolaria. Este cambio que dio libertad discrecional para la presencia de los símbolos religiosos, fue instaurado por Felipe VI en 2014 con motivo de su llegada a la jefatura del Estado. Muchos sacaron a colación como un personaje de la categoría del recordado Enrique Tierno Galván, mantuvo el crucifijo al acceder como alcalde de Madrid, diciendo: “Dejen el crucifijo donde está. Es un símbolo de paz”. Conviene recordar que aquel gesto fue tachado como demagógico por la derechona de siempre e incluso algunos se atrevieron a calificarlo como una burla, pues Tierno nunca ocultó su condición agnóstica e ideología marxista. Algunos llegaron a entenderlo como una más de las muchas afrentas que se avecinaban con la llegada de “los rojos a la Plaza de la Villa“. Los mismos constitucionalistas convencidos, deberían reparar que se recoge la aconfesionalidad del Estado en el Artículo 16 de la Carta Magna. O vale todo el articulado, o no vale ninguno.

He dejado para el final las alabanzas que se recogen por parte de aquellos “reconvertidos” que ven virtud, moderación y sentido de estado en dirigentes socialistas ya alejados del primer plano de la política como Felipe González y Alfonso Guerra. Del primer gobierno socialista se dijo de todo, menos bonito, siendo un hecho recurrente para con todos los gobiernos socialistas, las críticas de la Iglesia y los conservadores. La más recordada fue sobre la Ley del Aborto, esa que critican los populares, pero nunca derogan cuando llegan al Gobierno. Igualmente fueron criticadas su reforma laboral, la reconversión industrial o las leyes educativas. Felipe ejercía un papel institucional moderado pero no exento de críticas. Para levantar a las masas y dar titulares, ya se bastaba Alfonso Guerra. A este ultimo los tachaban de peligro para la convivencia, revolucionario marxista-leninista, mujeriego y hasta dijeron que tenía halitosis provocada por los discursos y mítines donde decía con su gracejo andaluz cosas como que “Soledad Becerril es Carlos II vestido de Mariquita Pérez” o que "Margaret Thatcher, en vez de desodorante, se echa 3 en 1". De aquella animadversión manifiesta de la derecha hacia ambos, se ha pasado al elogio más encendido de ambos líderes, sobre todo cuando se han pronunciado sobre la cuestión catalana y más aún cuando ponían en duda la figura de Pedro Sánchez.

La derecha siempre cuestiona a los socialistas cuando están en el Gobierno, es una tradición tan arraigada como el Sorteo de Lotería Navidad y tan rutinaria el teñido de pelo de Mariano. Parece que la democracia solo es legítima cuando ellos están en el poder. Ni siquiera dan a Pedro Sánchez los cien días de cortesía que de manera habitual se da a los nuevos gobernantes, tal vez porque realmente los que quieren el poder a toda costa, son ellos. El primo de Rivera, deberá esperar.

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