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Podemos o ¿podremos?

martes 03 de enero de 2017, 07:38h

Este año pasado, el de las elecciones y las investiduras fallidas, el del sorpasso interruptus, el de Mariano el impertérrito, ha sido posiblemente el año más imprevisible desde aquel de 1976 hace cuarenta años, cuando tras la muerte del dictador, se abría un futuro incierto. Era el año de prueba para aquellos que creían posible un franquismo sin franco, como ahora algunos creen en un sanchismo sin Pedro Sánchez, pero ni aquello era posible, ni esto es creíble. Todo lo ocurrido en el último año también nos debe llevar a valorar la verdadera fortaleza de nuestra democracia amenazada por la ley mordaza que limita las libertades de expresión, reunión y manifestación, aunque a José Luis Corcuera le guste mucho e incluso le parezca demasiado permisiva.

En este pasado año, las uvas se tomaron en el entorno de Podemos con jolgorio y triunfalismo y me cuenta mi primo, que hasta Juan Carlos Monedero dejó las gafas de Harry Potter y se puso una diadema con los cuernos de reno y hasta cantó sin desafinar, ante un emocionado Echenique. En ese partido, se han producido al contrario que en el PSOE, ruidos sin cambios, pero que sin duda han hecho un daño difícil de reparar a corto plazo. Ya no sorprenden y eso no es bueno para ellos.

Aquel histórico error de Pedro Sánchez (que bien caro lo pagaría por cierto) con su entrega en brazos de Ciudadanos sin previamente intentar un dialogo con los de morado, le produjo el primer gran patinazo que llevaría a su caída, si bien es cierto que mas que caer, le empujaron por la espalda, por no emplear otro verbo más hiriente y apropiado para describir la jugada o jugarreta de los barones, baronesa y carcamales que aun tienen mucho poder en el partido socialista. Pero recordemos la primera ronda de contactos del Rey Felipe VI con todas las fuerzas políticas, donde Pablo Iglesias a la salida en mangas de camisa de su primera audiencia que parecía con tal indumentaria como si le hubieran dicho que saliera corriendo mientras desayunaba porque venían los Latin King de parte de Rafael Hernando (el del PP, aunque podía ser del socialista también) a darle un recadito y a recortarle la coleta, pues bien, sale ante los periodistas y sin que lo sepa Pedro Sánchez que era el siguiente en entrar, se despacha pidiendo una vicepresidencia para él, varios ministerios, RTVE, el CSID y también ser el jurado de Máster Chef para entrenarse echándole la bronca a los concursantes a los que vería como al mismísimo Rajoy.

Aquel error pueril de Pablo Iglesias fruto de la bisoñez de un político improvisado, o tal vez el desafío de un prepotente líder que aun no conocía bien las reglas del juego. En cualquier caso, se lo puso difícil a los socialistas con su arrogancia y Pedro, mal aconsejado sin duda, prefirió echarse en manos de il bello Rivera, que para eso era el otro guapo de la campaña y la foto del pacto de gobierno quedaba mucho mas mona como diría Begoña Villacís. Iglesias votó no, al igual que Rajoy pero por razones radicalmente opuestas a las esgrimidas por sus adversarios. Aquello, también se entendió como un pulso para forzar nuevas elecciones que podían llevar a Podemos encabezar la oposición. Dicho y hecho, después del fracaso de Sánchez, nos convocaron nuevamente a las urnas y según vaticinaban las encuestas, Podemos se convertiría en la segunda fuerza política por delante del PSOE, con su líder en mínimos de popularidad.

El acuerdo de coalición con Izquierda Unida y los sondeos previos de las empresas demoscópicas auguraban un buen número de escaños, pero al igual que con el Brexit, la victoria de Trump y el referéndum en Colombia, mejor fiarse de lo que dice el camarero amigo de mi primo que sabe mucho de política y me dijo que aquello de los botellines entre Iglesias y Garzón le parecía el anuncio de Mahou en cutre y así era imposible que desembocara en una victoria electoral. ¡Este hombre se las sabe todas!

Mientras se cocía el discurso que llevaría la coalición morada con IU, se empezaban a escuchar voces en Podemos que decían que si ellos eran socialdemócratas, que si eran de izquierdas, muy de izquierdas y muchos izquierdas (Rajoy dixit) y otras cosas para atraer el mayor número posible de electores y así culminar el espaldarazo político de la coalición, con un triunfo sobre los socialistas, hegemónicos en la izquierda hasta entonces desde 1977. Sánchez en una de sus más desafortunadas intervenciones, la misma noche del 26-J, dijo que era una noche histórica para celebrar que seguían siendo la segunda fuerza política, cuando en realidad debería haber entonado un réquiem tras el peor resultado electoral del PSOE en la reciente democracia. Los resultados no fueron los esperados y por lo que se está viendo, Podemos no se ha recuperado de aquel varapalo. ¿En qué falló Unidos Podemos? Tal vez en exceso de indefinición política y lo que es peor para ellos, han agotado su discurso y la ilusión y esperanza de sus electores se ha difuminado notablemente. Solo el dantesco espectáculo del PSOE está ayudando a mantenerse como una opción válida, pero con esto no basta de cara a las urnas y menos para gobernar.

Desde entonces y con el PSOE gobernado por la gestora alejada a años luz de Podemos, se ha abierto otro nuevo debate interno en el partido morado, que parece tener celos de los espectáculos de Ferraz y reclama su parte del pastel de los despropósitos, reivindicando que para liarla, ya están ellos sin necesidad de Susana. El partido que tanto criticó a las otras formaciones políticas, denominándolas casta, se hacía un lifting a lo Carmen Lomana para parecerse a ellos pero sin cien años de historia (el PSOE, no la Lomana…). A todo esto Iñigo Errejón dejaba de ser el niño que iba al colegio y cual adolescente que reclama su papel al cumplir la mayoría de edad, empezaba reclutar a las ex novias de Pablo Iglesias para dar la batalla por el partido en Madrid, en un claro síntoma de que algo se estaba cociendo dentro de los de morado.

Ahora nos queda el debate abierto dentro y fuera del partido, con dos facciones claramente definidas y escasamente convergentes, que pueden desvanecer a un prometedor partido que traía aire fresco, aunque al final parece que ha derivado en una ventisca de incalculables consecuencias. El enigma es saber si después de tanto debate, asambleas, círculos, elecciones internas, etc., se ha sacado algo en claro, al menos en la reformulación ideológica. Yo hace tiempo en esta misma tribuna ya dije que hay muchos Podemos dentro de Podemos, pero lo importante seria saber si en definitiva cuando ellos hagan una reflexión, se pregunten seriamente: ¿podremos? Podemos o podremos, esa es la cuestión.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

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