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Contra el stock de credibilidad

lunes 22 de marzo de 2021, 10:05h

Las instituciones que acumulan poder de cualquier tipo tienen intereses. Se supone que en función de cuál sea su rol ponen el foco en distintas dimensiones del tiempo. Si a los gobiernos en general se les relaciona con intereses de corto plazo, a los bancos centrales se trata de aislarlos de los procesos políticos para que puedan poner su foco en el largo plazo. Cuanto más inseguro en el poder se siente un gobernante, más se centra en lo inmediato para cosechar rápidos réditos; no vaya a ser que lo echen.

AMENAZA SOBRE LAS RENTAS

Los bancos centrales deben de defender los intereses de la sociedad a largo plazo. La inflación es un arma poderosa de redistribución de riqueza. Fundamentalmente para distribuirla entre los tenedores de patrimonio y los perceptores de renta. Si la inflación ataca, los perceptores de rentas son las víctimas y en sistemas políticos donde la mayoría de la sociedad es perceptora de rentas, la amenaza se siente más. Para eso se supone que están los bancos centrales, para velar por el valor de las rentas, es decir, para controlar la inflación a largo plazo.

Los perceptores de rentas, sea a través de salarios o del rendimiento de sus ahorros, están preocupados, y aquellos gobiernos con más propensión a regular, actúan. Lo está haciendo Rusia estableciendo impuestos a las exportaciones de bienes agrícolas para controlar el alza de los precios internos, y responde Ucrania cuando pacta con sus productores para que estos no eleven el precio de productos básicos de consumo como respuesta a los impuestos rusos. No hay necesidad de disimular la poca o ninguna confianza en las instituciones propias. En el mundo desarrollado se supone que esto no ocurre y las instituciones velan por qué no todo se resuelva interviniendo los mercados, porque quién sabe en que acaba la intervención.

INTERVIENE MAS EL MAS DEBIL

La Reserva Federal, después de intervenir masivamente en los mercados de dinero, -como otros bancos centrales-, manifiesta con toda la rotundidad posible que será capaz de controlar las consecuencias de esta situación, en la que lleva más de doce años, sin daños. Trata de convencer a los perceptores de rentas que las consecuencias de la intervención no le afectarán. Los asalariados quizá confíen. Los grandes perceptores de rentas no tanto. Eso es lo que está reflejando el mercado de bonos, donde los rentistas no se sienten tan seguros como hasta ahora y quieren mayor remuneración por su dinero Y aunque en otras partes del mundo la amenaza no es tan visible (caso de Europa), a ver quién se mantiene ajeno. Aquí la arquitectura institucional es más pobre y lenta, de modo que la propensión a intervenir es mayor. Es lo hace el BCE, que, a diferencia de la Reserva Federal, anuncia su disposición a incrementar la intervención.

Claro que la consecuencia es debilitar el euro. Que menos. Un mercado con un intercambio diario de 6 billones no es tan fácil de intervenir y refleja con más sensibilidad e inmediatez las dudas de los individuos que operan en él o través de él. La Reserva Federal ha tirado de su stock de credibilidad esta semana y dice que sabrá salir de esto sin que los perceptores de rentas tengan que pagar el grueso de la factura. No puede decirse que eso haya decretado la calma, -imagine la de un consumidor ucraniano-, porque la historia (bonos de guerra) no avalan la tranquilidad, pero a pesar de todo, sigue siendo, entre todos los bancos centrales, el lugar más poblado de los que tienen por trabajo velar por el largo plazo. Hasta ahí no llegó del todo Trump. Aunque quiso. Menos mal.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners

www.omegafinancialpartners.com

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