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Esperando la buena política fiscal

lunes 18 de noviembre de 2019, 13:43h

Sabemos que hace diez años el sistema capitalista de orden liberal estuvo en su conjunto al borde del colapso. Entonces, la alianza de gobiernos y bancos centrales supo coordinarse para evitarlo y lograron reestablecer la confianza. Se inició así un ciclo expansivo que todavía perdura. Sin embargo, emerge el temor a una nueva crisis. ¿Hay motivos? ¿Cuál es el origen del creciente pesimismo?

LA INCERTIDUMBRE

La respuesta está en la incertidumbre, considerada por muchos el mayor impuesto sobre la actividad económica. Es una situación frente a la que los agentes económicos tienen una escasa capacidad de reacción. No saber a qué atenerse paraliza las decisiones de inversión, condicionando crecimiento y empleo. La guerra comercial, el brexit, el cambio climático, las políticas migratorias… todos ellos factores exógenos al ciclo económico y para los que el tratamiento no está al alcance de los agentes. De ahí que cuando parecen despejarse en alguna medida, el dinero vuelve a los mercados. En Europa, el nivel de incertidumbre es comparativamente mayor, pues su papel protagonista de otros tiempos se ha perdido conforme países como Italia, sumida en una larga crisis política sin visos de corrección, o como Alemania, afectada por cambios regulatorios en su principal motor de crecimiento, la industria de automoción, ve ahora como España, en pleno declive de crecimiento, amenaza con sumarse al pelotón de los generadores de incertidumbre.

EL ESTIMULO FISCAL

Para hacer frente a episodios de este tipo, y con las políticas monetarias básicamente consumidas, resta el papel de los gobiernos, a los que ahora se demanda desde muchas instituciones, bancos centrales, FMI, OCDE… que pongan en marcha políticas de estímulo fiscal que inviten a los agentes económicos a recuperar sus proyectos de inversión. Las limitaciones son evidentes, dado el elevado nivel alcanzado por la deuda acumulada estos diez años por los propios gobiernos, de modo que la respuesta fiscal tiene que ser dirigida de forma quirúrgica para estimular aquellas actuaciones que favorezcan la recuperación de la confianza y superen la incertidumbre. A diferencia de la política monetaria que actúa con carácter general, las políticas fiscales pueden actuar de forma específica, lo que les da una mayor capacidad para intervenir en aquellos ámbitos, como la industria, donde se registra el mayor nivel de contracción.

DE AHÍ EL PESIMISMO

Pero precisamente por su capacidad de discriminar, la intervención por vía fiscal tiene un enorme componente político. O bien opta por actuar reduciendo las cargas, o bien incrementando el gasto; y por otra tiene que decidir si lo dirige a gasto social y por tanto a consumo, o a mejorar la capacidad de crecimiento futuro.

El escaso margen del que disponen, hará que los gobiernos se muestren reacios a grandes planes de estímulo hasta que las condiciones empeoren lo suficiente, y probablemente opten entonces por políticas expansivas dirigidas al gasto en prevención del incremento de la inestabilidad social. Cuanto más tarden en aplicarse, tanto más probable será ese su objetivo, de modo que hace falta que, desde instituciones por encima de los gobiernos, se promueva un modelo de estímulo que favorezca el crecimiento a largo plazo. Este papel en Europa correspondería hoy a la nueva Comisión Europea, todavía en trámite de constitución, y al margen de la confianza que inspire, que no es mucha, es aquí donde radica la dificultad de aventurar el desarrollo. De ahí el pesimismo.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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