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Profundas convicciones

lunes 08 de octubre de 2018, 09:30h

No son los mercados financieros lugares donde buscar convicciones profundas. Estos días los mercados de bonos, los de mayor liquidez del mundo, han volatilizado cualquier asomo de pesimismo, desoído la llamada de advertencia por el tamaño alcanzado por la deuda que se hacía desde el FMI y han decidido apostar porque las cosas van bien; mejor que bien. En medio de una fiesta de titulares explosivos ensalzando la marcha a velocidad de turbo de la economía norteamericana, los inversores decidieron que a semejante ritmo no pueden mantener sus carteras llenas de bonos con viejos y bajos cupones y que el futuro ofrecerá sin duda mejores oportunidades de volver a invertir a tipos más altos. Como consecuencia, se han dedicado a venderlos masivamente y las rentabilidades han subido bruscamente en consonancia. Eso no suele gustar mucho a la renta variable y tampoco a los mercados emergentes, sobre todo porque hacen la interpretación sencilla de que si la economía va realmente tan bien como los últimos indicadores anuncian, es seguro que subirán los tipos. Como poco, lo que se venía anunciando y quizá más;…estos días piensan que seguro que más.

"El descenso de la tasa de desempleo en EE.UU. hasta el 3.7% en septiembre alienta más si cabe el optimismo. La FED espera 3.5% en 2019"

Mientras llega ese momento y los bonos norteamericanos cotizan con la mayor rentabilidad desde 2011, los europeos reaccionan en simpatía, y también son vendidos aunque aquí las cosas no vayan como allí. En el segundo semestre la economía norteamericana creció a velocidad superior al 4%, y los indicadores adelantados anuncian que el ritmo fuerte continuará. Europa lleva unos meses frenando su crecimiento en medio de dudas sobre el compromiso de Italia con el euro y sus reglas, afectada por el devenir del Brexit, y tratando de adivinar de donde vendrá un liderazgo capaz de responder a los retos que quedan por resolver. La Canciller alemana apenas puede hacer frente a sus propios conflictos internos, y en muchos ámbitos se la considera una líder fuera de juego, y al Presidente francés, que tanto entusiasmo despertó con su mensaje europeísta, no le llega el tiempo para atender a frenar el desplome de su popularidad y la cada vez más evidente dificultad para llevar adelante su calendario de reformas. Y es que no está Europa en sus mejores momentos, y desde luego con poca ayuda puede contar desde EE.UU. donde para desfortuna del mundo, se asienta, a base de proclamas y de promesas más o menos cumplidas pero también de medidas que a corto plazo estimulan la economía, la idea de que esto del Trumpismo ha llegado para quedarse y que la parroquia a la que se dirigen estas políticas está encantada y dispuesta a seguir apoyándolas.

Lo curioso es que los mercados que hasta hace poco temían la recesión, responden ahora como si temiesen un brusco recalentamiento y aunque al final el resultado son las ventas, es decir, el mismo, el portafolio de argumentos es diferente. Se explica así que el dólar se aprecie cuando seguramente la respuesta a un brusco enfriamiento sería la contraria, y es que es difícil entusiasmarse con el euro, cuando el diferencial de rentabilidades tras este ajuste no ha hecho sino ampliarse a favor del dólar siendo ahora tan amplio como era en 1989, cuando cayó el muro de Berlín.

Agradezcamos que este descenso global del mercado de bonos tenga como desencadenante el “deslumbrante” ritmo norteamericano, porque cualquier pronóstico pesimista pasa siempre por un desplome de los mercados de bonos. En este caso será con recorrido limitado porque el motivo de vender es la euforia y no el pánico. Claro que para considerarlo poco peligroso han de sostenerse las actuales convicciones y visto lo visto, no es como para confiarse. Se les pasará.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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