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Nada te turbe, nada te espante

sábado 13 de noviembre de 2021, 10:57h

No sé si en esta ocasión es el secretario general, el doctor en Economía, el presidente del gobierno o el ciudadano Pedro Sánchez quien cree –perdón, quién dice creer, porque las creencias reales de Sánchez son desconocidas -, que “España va bien”, como también aseguraba José María Aznar haciendo balance de su gestión al frente de la presidencia del gobierno de la nación.

Ese extraño optimismo actual de la Moncloa no es compartido ni por los partidos de la oposición, ni por quienes estudian periódicamente la situación económica de nuestro país y, hasta me atrevería a decir que ni siquiera por sus socios de gobierno, los ministros de Unidas Podemos. Pero el más importante revés en ese terreno de las expectativas económicas se lo ha llevado el gobierno en la antesala de este fin de semana al conocer que la Comisión Europea rebajaba en casi dos puntos las previsiones de crecimiento de nuestra economía para este año y para 2022, sumándose así al criterio de organismos españoles –desde el Banco de España al Colegio de Economistas pasando por centros de estudios de bancos y cajas de ahorros-, que venían enfriando el entusiasmo de Sánchez y sus ministros económicos desde la vuelta del verano.

Ministros como los de Economía, Seguridad Social o Hacienda, sin embargo, siguen queriendo poner paños calientes a estos augurios y a realidades hasta ahora inconfesables y que hemos tenido que conocer a través de documentos que el propio gobierno español ha firmado con la Comisión Europea, como el de aceptar que, para las futuras pensiones de la Seguridad Social en España, se van a tener en cuenta los últimos 35 años trabajados por el aspirante a cobrar una pensión, con lo cual su cuantía final se verá claramente mermada -con los 25 años actuales cobraría, de media, algo menos de un 9 %-. En otras palabras, que se trata de una clara bajada de las futuras pensiones, una condición sine qua non que se suma a la de que la reforma laboral apenas sea retocada y que admita también el consenso previo de sindicatos y patronal, para que nuestro país pueda acceder a las primeras ayudas milmillonarias de la Comisión (14 000 millones iniciales), para reactivar nuestra cada vez más maltrecha economía.

Pero el gobierno Sánchez se ha sumergido en una realidad paralela y no admite esas duras circunstancias intentando ocultarlas o cambiarles el nombre en un contumaz ejercicio de malabarismo dialéctico encubridor de realidades dolorosas, en la creencia de que así ahuyentará el malestar ciudadano. El último episodio en este terreno lo ha protagonizado el que pasa por ser uno de los ministros más preparados y serios, José Luis Escrivá, que ha intentado justificar ese silencio gubernamental sobre su acuerdo con la Comisión para la bajada de las pensiones aludiendo a no sé muy bien qué “cajitas”, en una actitud de perplejidad y de claro contagio de su presidente en esa tendencia a la mentira sistemática y compulsiva que ya parece haberse extendido no sólo en el ministerio de Seguridad Social, sino también en el resto de ministerios.

El gobierno en pleno parece ya efectivamente convencido de que el común de los ciudadanos debiera creer más la palabrería de los señores ministros que las duras realidades del día a día que le vienen afectando desde hace meses. No en vano, y gracias a su nefasta gestión, España tiene ya, en estos finales de año, el dudoso honor de ser el país con la peor situación de recuperación económica de todos los países de la OCDE y uno de los últimos de la UE –exactamente el puesto 17-. Parece que aquí lo único que importa al gobierno es aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2022, al margen de que sus previsiones de ingresos y gastos para el periodo se ajusten o no a la realidad, o de que esas falsas previsiones nos conduzcan inevitablemente al caos.

Por eso desde los diversos órganos ministeriales están perplejos, sorprendidos y aseguran no entender nada ante los anuncios de movilizaciones para los próximos tiempos de sectores como el del transporte, incendiado por la subida delgasóleo y el anunciado impuesto por el uso de las autovías; de agricultores y ganaderos, por la subida de iensos y fertilizantes y los ataques desde Consumo a sus legítimos intereses; de los desempleados jóvenes o los de larga duración, que no ven una salida a su situación; del malestar de los consumidores por el incremento constante del precio del gas, los combustibles y de la electricidad, que afecta ya peligrosamente también al IPC interanual; de los empresarios por esas mismas razones y por el vaivén constante al que se les viene sometiendo con esos anuncios permanentes de incrementos de cuotas a la Seguridad Social o a la incertidumbre generada por la reforma laboral; de los policías y guardias civiles alarmados por los derroteros que está tomando la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y que, al paso que vamos, acabarán siendo también taxistas de los manifestantes que detengan; de los funcionarios de carrera que ven en el pase de los 300 000 interinos a su mismo estatus funcionarial como un agravio comparativo, sin oposiciones de por medio, y un largo etcétera que afecta a la mayor parte de los sectores económicos del país. Estas actitudes -que muy pronto acabarán tildando también de fascistas-, no encajan en su esquema de realidad paralela en la que viven y quieren meter de cabeza a toda la población.

Mucho me temo, en fin, que desde el ministerio de Universidades se esté pergeñando ya secretamente la gestación de una nueva Cátedra de la Verdad a implantar en todas las universidades del país. En ellas, siguiendo la elaboradísima metodología del presidente, se enseñará a pontificar al mismo tiempo sobre una cosa y sobre la contraria y, por supuesto, sin despeinarse, sin mostrar atisbo alguno de rubor o de mala conciencia, no sólo porque la verdad es relativa, sino porque –además y por si aún no se ha convencido de ello el ciudadano-, la verdad la establece siempre el gobierno, crea lo que crea, vea lo que vea el sufrido contribuyente, y le afecten o no en cabeza propia las adversidades del día a día.

Pero, entre tanto, y como decía Santa Teresa, el ejecutivo parece haber adoptado el lema de “Nada te turbe, nada te espante / todo se pasa, Dios no se muda, / la paciencia todo lo alcanza…”.
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