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Teoría y práctica de la supervivencia

viernes 17 de septiembre de 2021, 07:55h

Los problemas más acuciantes que hoy tiene sobre la mesa el Consejo de Ministros son tres. Quizás y por este orden, el primero sea la escandalosa e imparable subida de la luz que está ya amenazando seriamente la recuperación económica tras el parón provocado por la pandemia y que, al mismo tiempo, aleja sustancialmente la reducción del desempleo. Después, los constantes rifirrafes con sus socios de gobierno, Unidas Podemos, que muestran a un presidente Sánchez debilitado y dependiente que no puede salir del mar de contradicciones en el que está sumergido su gobierno. Y, solo en tercer lugar, el desafío independentista catalán, ahora mucho más difuminado que hace uno, dos y mucho más que hace tres, en aquel aquelarre independentista del 1-O de 2018.

Hay en esas tres vertientes de gobierno, sin embargo, un punto en común que es lo que, en el fondo, preocupa hoy a Pedro Sánchez, la necesidad de sacar adelante unos nuevos Presupuestos Generales del Estado para 2022 que, en última instancia y si las cosas se ponen muy mal, podría prorrogar para 2023 que, como todos sabemos, será el año de convocatoria de nuevas elecciones y así poder concentrar todas sus energías en volver a revalidar su victoria electoral aunque todas las encuestas indiquen todo lo contrario, salvo el CIS de Tezanos, por supuesto. Al fin y al cabo, esa ha sido siempre en su carrera política su mayor fortaleza, resurgir de entre las cenizas como el Ave Fénix.

La concesión hecha por Sánchez a la facción podemita del gobierno de poner sobre la mesa un nuevo decretazo contra las empresas energéticas –aprobado ya el martes pasado en Consejo de Ministros-, está dirigida a apaciguar su constante tendencia a ser oposición dentro del gobierno. La efectividad o no de la medida la verán los españoles a partir de la primavera de 2022 pero, para entonces ya se habrán votado los presupuestos, probablemente con la aquiescencia de sus socios de gobierno que, además habrán visto como el salario mínimo -otra de las permanentes obsesiones programáticas de la fornación morada-, vuelve a incrementarse, aunque eso suponga en la misma proporción, la satisfacción de los sindicatos y el cabreo supino de la CEOE por la pérdida de varias nuevas decenas de miles de puestos de trabajo entre pequeñas y medianas empresas que ya no podrán soportar ese incremento de costes.

Por otro lado, aunque el hecho de sentarse en la misma mesa de negociación de tú a tú con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, suponga de facto que Pedro Sanchez reconoce el estatus de estado a Cataluña, eso le asegura también el apoyo necesario de Esquerra Republicana en la votación de los presupuestos. Lo del referéndum de autodeterminación, una cuestión que no apoya más de la mitad de los catalanes y, al menos, tres cuartas partes de los españoles, está aún muy lejos y Sánchez ve ahí un margen muy grande de maniobra. Por el momento lo que cuenta es que uno y otro, Aragonés y Sánchez, se han concedido mutuamente un balón de oxígeno que les asegura su propia supervivencia política.

Tras el choque entre partidos independentistas en la Generalitat, ahora más divididos que nunca, Sánchez ha aprovechado la circunstancia para dar a Esquerra Republicana un trato de favor y señalarlo, así como su socio preferente en Cataluña. El empecinamiento de Carles Puigdemont y su partido, JxCat, al querer incluir a toda costa en la mesa de negociación a Jordi Sánchez y Jordi Turull, dos de los presos del proceso separatista recientemente indultados, no fue admitida por el presidente de la Generalitat que así se convirtió en el interlocutor estrella frente a Sánchez.

Y, en el otro frente político, el de la formación morada, las concesiones al incremento del SMI y el intervencionismo en los precios de la energía, han dado a Sánchez un momento de distensión, seguramente corto porque tanto Yolanda Díaz como Ione Belarra no van a ceder ante el resto de sus compañeros de gobierno a la hora de incluir en el proyecto de ley de vivienda la inclusión de un límite en los precios del alquiler. Y eso que, tanto la medida de intervención pública en los precios de la luz como este otro aspecto de la limitación en los precios de los alquileres van a tener una segura contestación tanto en las grandes empresas energéticas (Iberdrola, Energy, Enagas, etc.), como en la Unión Europea, siempre en contra de las medidas intervencionistas de la economía.

Con todo, Sánchez ha vuelto a conseguir desviar la mirada del ciudadano contra sí mismo y sus contradicciones entre sus promesas antiguas y los hechos, apareciendo ahora como una especie de salvador del pueblo frente a la voracidad de las superempresas al tiempo que vuelve a sacar pecho ante los trabajadores más humildes. Son, de nuevo, estrategias de un superviviente nato que sabe utilizar cuantos medios sean necesarios en pos de un fin mucho más importante: su permanencia en la presidencia del gobierno. Eso por ahora, después vendrá el intento de asalto a la presidencia de la república.

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