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Los pendejos

viernes 02 de diciembre de 2022, 08:07h

Durante la dictadura de Franco había una censura terrible aunque no tan monolítica como pudiera imaginarse porque el ingenio y las metáforas permitían saltársela. Pero era la censura de una dictadura.

Llegó la democracia en el 78 y despareció la censura, vivimos las dos décadas de mayor libertad de la historia de la humanidad en todo el mundo, los 80 y los 90, y luego llegó el siglo 21 con su colección de dislates políticos y la renovación del stalinismo.

Estos liberticidas de la neoizquierda más allá de la izquierda, o sea, la ultraizquierda autoritaria de los pendejos, prohíbe palabras y gestos y empieza a decir, con descaro y sin ambages, que los medios deben o no publicar esto o aquello (Victoria Rosell), que se ponga o se quite esto o aquello de las actas del Congreso, que el mismo tono, palabras y amenazas que ellos usan, cuando los usamos los demás son violencia política, machismo heteropatriarcal y otro sinfín de majaderías cada vez más asentadas en una generación idiotizada, hechita de cristal, cuidao que se rompe. Y por encima de todos ellos, en nuestro país, está ese ególatra y megalómano de Pablo Iglesias, un pichabrava bocazas que trabaja para desbaratar nuestro país y hundir lo más profundamente que pueda lo que él llama el Régimen del 78 y que los demás llamamos nuestra forma de vida.

Aliado con los filoetarras de Euskal Herría Bildu, partido presidido por Arnaldo Otegi, ex miembro de ETA Político Militar y luego de ETA Militar, encarcelado por actos terroristas; y aliado con el independentismo racista de ERC y JuntsXCat, este aspirante a Stalin soriano, está socavando gravemente nuestra convivencia.

Ha dividido a la gente de cristal y lloriqueos en gays, transexuales, intersexuales, fluidos, binarios, cies no binarios, terfs, queers, gordos y vaya usted a saber cuanta etiqueta más exigiendo para cada uno de estos grupúsculos derechos que ya estaban garantizados por nuestra constitución y prohibiendo palabras, tonos, gestos y hasta pensamientos impuros contra todos y cada uno de ellos.

Aliado con la más rancia izquierda del planeta, Maduro, Ortega, Petro, y financiado por gente peligrosa de Irán y Rusia y por el no menos peligroso y tramposo Jaume Roures, ahonda en lo que nos diferencia y desprecia lo que nos une con el único objetivo de quebrar el orden constitucional polarizando a los españoles y creando una miriada de grupos e intereses para sembrar el caos sociopolítico, justo el caldo que este aprendiz de brujo necesita para su sopa dictatorial.

Esta semana hemos visto la maquinaria en marcha: una ministra infantil y descriteriada se niega a aceptar que su ley es punto menos que bazofia y que, por muy buenas intenciones que ella, su mamá, los angelitos del cielo y papi Pablo tuvieran, está resultando un fiasco en su aplicación y los violadores están consiguiendo mejores condenas que con la que había antes. Defendiendo lo indefendible, la boba de solemnidad lloró como una auténtica damisela victoriana cuando la oposición le dijo por dónde sale el sol. Gritó entre lagrimones y ojeras de rimmel que eso era violencia política, buaaa, y pidió ayuda a Pabli, Pabli, que en el cole se meten conmigo, para que tuiteara con su enorme dedo tuiteador. Al día siguiente, esta niñita sin experiencia ni humildad, se lió a gritos e insultos con la oposición a la que acusó nada menos que de incitar a la violación. Pero claro, según la ley del embudo que estos ultraizquierdistas prefascistas tan bien utilizan, eso no era violencia política ni, mucho menos, violencia verbal.

Por encima de ella está solo el prince charmant, que dice que va a pasar a la historia por haber exhumado al dictador. Puede ser. Pero seguro que pasará a la historia por ser el tipo que vendió el Sahara al rey de Marruecos justo cuando los servicios de inteligencia de aquel país le hackearon el móvil; por ser el que vendió el código penal por un besito de Puigdemón y por ser el que endeudó España otra generación más dejando en pelotas a los trabajadores de entre 35 y 50 años hoy, mañana pensionistas sin pensión.

Mientras tanto, en España, Feijoo se desacredita solo y Díaz Ayuso le hace el caldo gordo a Vox por ver si así se carga, también, al gallego peor asesorado del planeta Tierra.

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