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Voy a decir Jehová. Culicagaos, buscad piedras

lunes 03 de mayo de 2021, 12:49h

La mala costumbre de llamar fascista a todo el que no es de tu cuerda ha llegado a límites completamente inaceptables. Los culicagaos, esa caterva de bobos pendientes de un móvil hasta cuando van al baño, están sentando las bases de una dictadura desde la ignorancia profunda de quien no es capaz de leer nada más largo que un tweet.

He visto en los últimos tiempos una galería de fascistas que me dejan pasmado: Serrat, Loquillo, Lidia Falcón, Francesc Frutos, Rodríguez Ibarra, Alfonso Guerra y ahora Felipe González.

Por supuesto, detrás de todas estas acusaciones hay un manipulador que saca pingüe rédito (a veces es un supremacista como Tardá, Bassas, Rufián, Rahola y la nómina completa de TV3, a veces es un resentido social como Pablo Iglesias o Ione Belarra, a veces un agitador bien pagado disfrazado de periodista como Pardo de Vera, Ignacio Escolar o Antonio Maestre o de profeta universitario como Monedero) pero el cimiento de heces ya está asentado.

Para estas personas no se puede ser nada que esté a la derecha del Podemos (el PSOE es un nido de fascistas como bien sabemos todos los socialistas de verdad, no esta hornada sin referentes, letras, ni perspectiva que siguen a un tío que aparece ahí y dice que todo está bien y que el futuro es cojonudo).

El totalitarismo mental que estos individuos han conseguido fijar en las mentes pacatas de los culicagaos nos está haciendo mucho daño, hoy intelectualmente y mañana políticamente. Esta semana hemos visto a un prófugo de la justicia, Puigdemont, lanzar consignas como las de Slobodan Milosevic, el matarife de Yugoslavia, exigiendo que no se vacune a los policías nacionales y guardias civiles de Cataluña; hemos visto a Pablo Iglesias reunirse con el millonario Jaume Roures (Mediapro) para cerrar un negociete que le dejará al ¿político? entre 400.000 y un millón de euros anuales para ahorita mismo en cuanto la política madrileña le aburra.

Cuando se pierde la ética de las ideas y el compromiso moral -de mores, costumbres- por sacar adelante el beneficio personal, y se utiliza para ello el semoviente del odio populista al rival ideológico, el resultado nunca puede ser bueno. Ya lo vimos en una guerra española fratricida no hace mucho. Ya lo hemos visto estos días pasados con un tarado mandando balas por correo, arrastrado por la deriva que todos los citados en los párrafos tres y cuatro han impuesto e imponen en nuestras relaciones cotidianas solamente para comprarse un chalet mejor.

Dicen muchos que las balas recibidas por Iglesias no son una amenaza real, que él es el autor y “culPablo”. Sinceramente, espero que no porque no se podría ser más canalla, pero quiero señalar la consecuencia de sembrar vientos: la verborrea brutalmente belicosa de Iglesias, de los indepes, de la mitad de un gobierno que no entiende qué sea gobernar aparte de salir en la tele y estar sentado en un puestico a la espera del dinerito a fin de mes y la millonaria indemnización de después, nos han llevado a este cabreo permanente, a esta crispación enquistada que ellos y solo ellos han esculpido en piedra de tanto vociferar chorradas incendiarias.

La mayoría de países con democracias sólidas tienen un sistema bipartidista y dentro de cada partido hay distintas facciones que representan el abanico ideológico de cada partido. Aquí, faca en mano, unos desarrapados ansiosos de pillar cacho y al grito de muera el bipartidismo, muera la constitución, muera la Transición y mueran todos los mayores de 40 años han convertido la política en un lodazal, el parlamento en un garito y el gobierno en una piara.

La existencia de Podemos propicia la aparición de Vox. Y la aparición de Vox alimenta la excrecencia radical de algunos de los grupúsculos más radicales de Podemos. Y estos grupúsculos amamantan al independentismo catalán compuesto de burgueses xenófobos, supremacistas y manilargos vestidos en hábito de rezar.

Que nos haya gobernado “un tío” que pacta con todos los que buscan hundir España (indepes, abertzales, antisistemas) y ahora se busque una bufanda bien calentita al amparo de millonarios dispuestos a pagarle sus francachelas, es el penúltimo paso antes de otra etapa de oscuridad. Ya lo he dicho. Jehová, Jehová y Jehová. Culicagaos, tirad las piedras.

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