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Al otro lado del camino

Al otro lado del camino

martes 04 de mayo de 2021, 10:41h

En 1962, el pensador y politólogo estadounidense Michael Harrington publicó 'The Other America: Poverty in the United States', que sólo un año después se ofrecía en español con el título de La cultura de la pobreza en Estados Unidos. El libro descubrió a los norteamericanos y a gentes de medio mundo que en el país de la opulencia económica y las oportunidades de progreso para hacer realidad el “sueño americano”, un cuarto de la población vivía en la pobreza. El hallazgo fue para muchos un verdadero aldabonazo.

Los pobres llevaban tiempo ahí, pero hasta aquel momento habían estado ocultos y encuadrados en una “cultura” que los hacía invisibles, entre otras cosas, porque, y según palabras del propio Harrington, la pobreza siempre está al otro lado del camino, tras el horizonte al que alcanza la vista.

Han pasado seis décadas desde aquella publicación histórica, y tanto en USA como en los países del “primer mundo” la pobreza sigue estando, cada vez más, al otro lado del camino. La gran diferencia es que en los días que corren los golpes en las conciencias de los trabajadores son poco probables porque la censura ha dejado de ser un esperpento umbrío, casi bruno, pero sorteable con imaginación y aje, para convertirse en un muro infranqueable y tan invisible como la propia pobreza.

Por ahí han ido las críticas a la película 'Nomadland' que ha hecho magna cosecha en la última y muy reciente edición de los premios que otorga la AMPAS, que, por si alguien lo ignora, no es una asociación de padres y madres de alumnos, sino el acróstico de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences.

Se le reprocha a su oscarizada directora Chloé Zhao un cierto alto grado de libertinaje en la adaptación al cine del libro 'Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century', traducido al español como País nómada: supervivientes del siglo XXI, de la periodista estadounidense Jessica Bruder, y no tanto por su visión o percepción cinematográfica del texto, que puede ser la que a ella le parezca mejor, faltaría más, sino por la cobertura y lavado de cara que en el film se hace de Amazon, la empresa multinacional a la que se considera líder mundial en un modelo de empleo cuyas condiciones laborales evocan tiempos muy pretéritos.

Dicho en palabras de la periodista Jessa Crispin en el diario británico 'The Guardian': “Podemos debatir si “Nomadland” merece las críticas que está recibiendo; después de todo, es una película de ficción y no un documental sobre las condiciones laborales de la clase trabajadora. Pero sin duda es útil para “Amazon” tener en este momento una película prestigiosa que cubra sus abusos”.

Para empezar, Fern, la protagonista de la historia, interpretada por Frances McDormand en un papel por el que ha sido igualmente galardonada con el Oscar a la mejor actriz, aparece como empleada ocasional en un almacén de Amazon, donde realiza un trabajo tedioso y difícil, pero, durante el mismo, sigue Crispin: “… no se muestran violaciones laborales en la pantalla. Fern hace ese trabajo servil para mantenerse fiel a sí misma y a la vida que quiere llevar y “Amazon”, esencialmente, financia su autenticidad”. Una épica que se antoja en las antípodas de la realidad.

En el mundo real por el que transitó durante tres años y 24.000 kilómetros Jessica Bruder las cosas son muy distintas.

Por ella y por boca de las gentes con las que convivió sabemos que Amazon coloca cámaras en sus camiones de reparto y que debido al apremio en las entregas la gran mayoría de los conductores orinan en botellas; que ha creado mapas de calor en sus instalaciones para detectar si los trabajadores se reúnen para constituir un germen de sindicato; que con frecuencia se les obliga a hacer tediosas colas a la salida para verificar que no se llevan cosa alguna de las instalaciones y que ese tiempo no se les compensa en forma alguna; que es habitual que los almacenes carezcan de controles de temperatura, por lo que los empleados pasan sofocantes calores en verano y gélidos fríos en invierno; que cualquier contacto con un medio de comunicación supone el riesgo de que al trabajador se le aplique “la ley de hielo”, que consiste en que al día siguiente de publicarse el testimonio su tarjeta de entrada al almacén ha quedado desactivada para siempre; que la multinacional emplea a un elevado número de personas mayores por las que percibe subvenciones estatales o federales de entre un 25% y un 40% del sueldo. Así se lo explicaba David Roderick, un nómada añoso, a Jessica Bruder y así se recoge ella en su libro: “Les encantan los trabajadores jubilados, porque somos más fiables. No faltamos al trabajo, nos esforzamos y somos básicamente mano de obra esclava”.

Pero esas misérrimas condiciones laborales no son patrimonio exclusivo de Amazon, sino que en Estados Unidos se viven en multitud de situaciones que van desde la recolección de remolacha a los trabajos temporales en parques de atracciones.

Y lo más escalofriante es que Bruder nos revela que la pluralidad de esos nómadas brutalmente maltratados vienen de una clase media media o media alta a los que la artificiosa crisis de 2008 y sus hipotecas subprime dejó tirados en la cuneta de la vida.

Barbara Ehrenreich, ensayista y columnista habitual de la revista Times y el diario New York Times, autora de libros tan impactantes como Nickel and Dimed: On (Not) Getting By in America (traducida al español como Por cuatro duros: como (no) apañárselas en Estados Unidos), considera que en el momento presente: “… se hace más necesario que nunca un redescubrimiento de la pobreza y que esta vez tendremos que incluir no sólo a los estereotípicos residentes de las barriadas pobres, sino también a embargados y desalojados de las zonas suburbanas, a desempleados técnicos y a la creciente armada estadounidense de trabajadores pobres”. Dicho de otra forma, habría que releer a Michael Harrington en sus trabajos pioneros de la mitad del siglo XX, cuando la relación salarial entre la plana mayor empresarial y sus asalariados era de 21 a 1, y empezar a reflexionar sobre su vigencia en los años veinte del siglo XXI, en los que los directores ejecutivos de las grandes corporaciones cobran 370 veces más que el trabajador medio. Consideraciones que empiezan a poner a buena parte de los trabajadores y técnicos del “primer mundo” con los vellos como escarpias ante la negrura de futuro que les espera.

En España, de momento, estamos en otro debate y ante otros retos ontológicos, entre los que destaca, por actualidad y calado, determinar si resultaría oportuno postular ahora un reencuentro entre Rocío Carrasco y su hija Rocío Flores.

Como decía don Miguel del Unamuno con retranca filosófica universal, el caso es pasar el rato.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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