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Cortinas de humo

viernes 15 de octubre de 2021, 08:20h

La educación política del ciudadano español está avanzando a marchas forzadas. Esto de tener que nadar en aguas turbulentas para intentar evitar ahogarse y, además, teniendo que resolver siempre con acierto las señales equívocas que se van poniendo en el curso del río, por lo menos es para nota. Algunos, de forma bastante inocente, llegamos incluso a pensar que una pandemia de la gravedad que hemos padecido -y seguimos padeciendo, no lo olvidemos-, sería motivo más que suficiente para que las fuerzas políticas y sociales de todo signo apartasen momentáneamente sus diferencias para luchar conjuntamente contra un mal tan terrorífico.

Todos hemos visto con tanta perplejidad como dolor que no ha sido así y, además, hemos constatado que, aunque viniese otra aún peor discurriremos por los mismos senderos de sectarismo y de oprobio. Si no han bastado más de 100 000 muertos, los provocados por la epidemia de coronavirus, no hay por qué pensar tampoco que diez veces más vayan a provocar el milagro del consenso.

Y, dígase lo que se diga, porque en política todo el mundo quiere llevar el agua a su molino, la mayor responsabilidad de que ese acuerdo no se haya podido conseguir le corresponde a quienes tienen la responsabilidad de gobernar. Y entre ellos, por supuesto, a quienes ponen más trabas en el camino para impedir ese gran acuerdo nacional de emergencia. Luego, claro, vienen las consecuencias en forma de elecciones, y el pueblo da y quita a cada uno según sus méritos.

Las prioridades en la acción de gobierno, lógicamente, las marca siempre el poder ejecutivo. Y, al parecer, para el gobierno Sánchez ahora lo importante para combatir el erial económico que han dejado tras de sí estos meses de práctica inactividad económica en muchos sectores (hostelería, turismo, textil, grandes almacenes, etc.), al parecer, es reactivar la Ley de memoria democrática, dar a los jóvenes que alcancen la mayoría de edad 400 € para que consuman bienes teóricamente culturales (toros no, videojuegos sí…); otros 250 € para ayuda al alquiler de viviendas para jóvenes hasta los 35 años que no alcancen determinado nivel de rentas; la irrupción en las aulas de las llamadas Matemáticas emocionales y la abolición de que los chicos no puedan pasar de curso si tienen más de dos asignaturas pendientes…

Hay, sin embargo, problemillas de segundo orden que lo mismo no le da tiempo a abordar a este gobierno tan guay, tan moderno y tan guapo, como la creación de empleo (especialmente para los jóvenes, que eso sí que es ayudarles); la reactivación sostenida de la economía; la bajada de impuestos; el afianzamiento financiero de la Seguridad Social; acabar de una vez con la carestía energética (no sé si podremos encender el gas y la luz este invierno con esta escalada diaria de precios); la contratación de más de 10 000 médicos para poder atender con eficacia a la población desde los centros de salud; afianzar la seguridad jurídica para evitar las zozobras de los pequeños y medianos ahorradores que ven claramente en peligro su dinero con medidas ilógicas y arbitrarias (ataques a los planes privados de pensiones, intervencionismo en los alquileres de vivienda….), y alejarse de una vez de esos vaivenes jurídicos que están haciendo huir de España a los grandes inversores…

El común de los ciudadanos, esos a los que el presidente del gobierno trata de conquistar con esas presentaciones llenas de color y de imagen, ya habla en cafés y mercados de que el primer grupo de pequeños grandes asuntos, esos que Sánchez quiere presentar como de estado, no son más que fuegos de artificio para intentar ocultar la manifiesta incompetencia e incapacidad de su gobierno para enfrentarse a esos que ellos quieren presentar como problemillas, que van a dejar a España cuando se marchen del gobierno con la deuda pública más alta de su historia. Ese será el legado que habrá dejado el gobierno para nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos, el de un país que algún día fue rico, una de las mayores economías del planeta, y que ha dejado ya de serlo porque bastante tendremos con conseguir pagar los intereses de la deuda en los próximos decenios.

Un precio demasiado alto a pagar por haber dado la confianza a través del voto a unos señores que están demostrando no haberlo merecido. Siempre hay tiempo para rectificar, aunque sea a costa de tanto sacrificio futuro.

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