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La España vaciada de tabernas

viernes 27 de diciembre de 2019, 10:53h
La España vaciada de tabernas

Vuelve a confirmarse la veracidad del dicho popular de que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, porque al tiempo que extensas áreas de territorio español se han ido despoblando hasta alcanzar niveles propios de Laponia, en sus pueblos van cerrando miles de tabernas, bares y tascas, espacio de encuentro, socialización, ágora y reposo del labriego con los que contaban los pocos que van quedando a pie de campo, inasequibles a los cantos de sirena del éxodo y del llanto.

La cosa es seria porque aún cuando desde 1975 la población española ha crecido un 36% en su conjunto, pasando de 34,2 millones de habitantes a casi 47, ese aumento se ha producido de forma extraordinariamente asimétrica y desigual de manera que, a titulo de ejemplo, mientras Madrid se ha acrecentado poblacionalmente un 73% durante el periodo, Soria no ha podido evitar que su parroquia se redujera en un 23%.

El problema viene de lejos y las alarmas han ido sonando con regularidad para avisar del peligro y drama negro que se cierne sobre gran parte del país.

Desde finales de los setenta del pasado siglo distintas voces empezaron a señalar zozobras sobre determinadas zonas donde el problema se hacía especialmente visible. Vicente Bielza y José Antonio Labordeta hablaban de Aragón; Alejandro Córdoba sobre la provincia de Soria o Elías Rubio a propósito de Burgos. En la lucha contra el olvido y ninguneo, Teruel implantó con éxito el lema de afirmación de su existencia y hace nada que el grito ha rendido electoralmente un diputado y dos senadores, pero la salida a la calle del problema no se produjo hasta el 31 de marzo del año que agoniza, en las calles de Madrid y en las voces de decenas de miles ciudadanos que se manifestaron en la “Revuelta de la España Vaciada”, reclamando medidas, inmediatas y de calado, para parar la sangría de la despoblación.

En estas estábamos cuando a finales de año descubrimos porque así nos lo hicieron saber que desde 2010 se han cerrado nada menos que veinte mil bares, tascas, colmados, tabernas y botillerías justo en las áreas que más están sufriendo la despoblación y el vaciado. Yendo al detalle ilustrativo, en Castilla y León hay hoy dos mil establecimientos de charleteo y bebercio menos que hace diez años.

Si no querías caldo, tres tazas.

Ya en los Siglos de Oro el poeta sevillano Baltasar de Alcázar subrayaba la importancia socio-cultural de la tasca mesonera: “… grande consuelo es tener/ la taberna por vecina./ Si es o no invención moderna,/ vive Dios que no lo sé,/ pero delicada fue/ la invención de la taberna”.

Unos siglos después, en clave académica y contemporánea, Jorge Uría, Profesor Titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo, escribía un sesudo y brillante trabajo: La taberna. Un espacio multifuncional de sociabilidad popular en la restauración española, del que cabe destacar unos breves párrafos: “A pocos lugares podría aplicárseles con mayor propiedad el calificativo de “espacio de sociabilidad” como a la taberna; de hecho, las características de voluntariedad, de “naturalidad” no interferida por otras instancias sociales -se está hablando de sociabilidad popular- coinciden en ser algunas de las características más notorias de la taberna; como tienden a serlo, por lo demás, los espacios que el historiador francés Maurice Agulhon denomina de sociabilidad informal”.

Por su parte, Ismael Yebra, periodista, divulgador y miembro ilustre de la Real Academia Sevilla de Buenas Letras, no ha mucho se lamentaba de la progresiva desaparición de las tabernas, en su caso andaluzas, y de los daños colaterales que se intuyen, en estos términos: “Los parroquianos eran fijos y resultaba más fácil encontrarlos en la taberna que en su casa. De hecho, cuando se quería ver a alguien, se decía que paraba en tal taberna, y allí se encontraba o se le podía dejar una razón. La taberna cumplía un servicio que podríamos considerar social y público. Algunos autores estudiosos de ellas las han definido como espacios de socialización. Y así era. En la taberna se encontraba la acogida y la conversación que faltaba en casa”.

Los bares y tabernas están desapareciendo de los pueblos pequeños y ubicados en la triste España que se vacía mucho a mucho. A principios de este año, Carlos Martínez, el alcalde del municipio vallisoletano de Villalbarba, entre Tordesillas y Villalar de los Comuneros, con un censo de 132 habitantes, vivió con murria como se echaba el cierre al único bareto que quedaba el pueblo: “Un pueblo sin bar es un pueblo muerto: el bar es un servicio público”, dijo. Y aunque edil del PP aplicó la filosofía marxista de que no es suficiente con interpretar los hechos o el devenir de la historia, sino que hay que aprestarse a cambiarla, de forma y manera que a través de las redes hizo una oferta pública ofreciendo gratuitamente los espacios de la antigua escuela, cerrada ha tiempo por ausencia de escolares. Llegaron más de seiscientas solicitudes desde toda España. Finalmente, el elegido fue Yasmín Colino, que ahora tiene una vivienda a su disposición y bajo su competencia, el bar (¡faltaría más!), y una pequeña tienda donde mercadea con productos de primera necesidad y fruslerías. El pueblo ha vuelto a vivir y a demostrar que sí, que Teruel existe, pero que Villalbarba también.

Que sea enhorabuena y que cunda el ejemplo.

Los parroquianos eran fijos y resultaba más fácil encontrarlos en la taberna que en su casa. De hecho, cuando se quería ver a alguien, se decía que paraba en tal taberna, y allí se encontraba o se le podía dejar una razón. La taberna cumplía un servicio que podríamos considerar social y público. Algunos autores estudiosos de ellas las han definido como espacios de socialización. Y así era. En la taberna se encontraba la acogida y la conversación que faltaban en casa.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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