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La Venus de OnlyFans

jueves 28 de octubre de 2021, 10:00h

Se veía venir desde que, en 2018, Facebook censurara la imagen de la Venus de Willendorf, una figurilla de piedra caliza paleolítica tintada de ocre rojo, de unos once centímetros de altura, que algún pariente antecesor esculpió durante un periodo datado entre el 27.500 y el 25.000 a.C.

Se veía venir y ha venido, justo cuando los senadores estadounidenses escuchaban el testimonio de una ex alto cargo de la red, Frances Haugen, quien, desde el epicentro de la tupida maraña social, ha sido testigo, durante años, de practicas infames, de torticeros engaños y ocultaciones sobre el nocivo efecto del funcionamiento interno de los oligopolios mediáticos en los que el todopoderoso Mark Zuckerberg ha convertido Facebook y su filial Instagram.

Sostiene Haugen, con el aval de miles de documentos filtrados al diario The Wall Street Journal, al regulador bursátil y al propio Congreso de los Estados Unidos de América, que desde ambas redes, y desde hace mucho tiempo, se tiene plena e indubitable constancia de que a través de sus plataformas se acentúa la inseguridad y la depresión de millones de niñas y adolescentes, que con cierta frecuencia inducen al suicidio, pero que ese drama social a escala planetaria les importa un bledo y que aunque saben perfectamente: “…cómo hacer Facebook e Instagram más seguros, no harán los cambios necesarios porque han puesto sus astronómicos beneficios por delante de la gente”. Por ello, la declarante instaba en su comparecencia al Legislativo a actuar con diligencia y firmeza frente a tales desmanes.

Seguía explicando pormenorizadamente Frances Haugen cómo desde Facebook e Instagram se promocionan e impulsan productos de los que se tiene constancia plena que son dañinos para los menores o promueven los desórdenes alimentarios, y de cómo se hace la vista gorda ante discursos de odio y desinformación que alientan la violencia étnica en distintos lugares del mundo.

A todo ello se añade nueva documentación obtenida por el diario The New York Times, que sugiere que Facebook representó: “… un papel clave en la organización del ataque al Capitolio el pasado 6 de enero y la coordinación de grupos extremistas que buscaban propagar la polarización y el odio”.

De tales informaciones se desprende, según el rotativo, que los empleados piensan que los responsables de la red habrían podido, y probablemente debido, hacer mucho más para detener la desinformación.

Por lo único que no pasan Facebook e Instagram es porque en sus chiringos aparezca un pezón femenino o un esbozo de genitales, en este caso de uno u otro sexo.

Hasta ahí podíamos llegar, dicen airados y henchidos de ira puritana, desde la inmensa profundidad de sus cavernas mentales, cuando alguien pretende publicar una imagen de otros cavernícolas (todo apunta a que considerablemente mucho más civilizados), que hace decenas de miles de años trataban de representar una icónica de fertilidad en la que quizá intuían se jugaba el destino de la especie en el tablero evolutivo.

La llamada “Venus” se apellida de Willendorf porque ese es el nombre del pueblecillo austriaco de menos de mil habitantes, donde fue encontrada la tosca y enigmática figurilla, que la historia del pensamiento humano ha convertido en icono del arte paleolítico.

Y decíamos ayer o líneas más arriba, que el que en 2018 su imagen fuera borrada de la red Facebook por considerarla “pornográfica”, a lo peor tiene algo que ver con el hecho de que hace unos días las grandes galerías artísticas de Viena, el Leopold Museum, el Museo Albertina, el Museo de Historia del Arte de Viena y el Museo de Historia Natural de la capital austriaca, hayan decidido abrir una cuenta en OnlyFans, un servicio de pago por visión de imágenes y videos integrado en Instagram, de “contenido sexual explícito”, que cabría situar un poco a caballo entre el erotismo subido de tono y la más procaz pornografía.

Así, en OnlyFans y a sus anchas, los amantes del arte podrán admirar los inquietantes desnudos femeninos de pintor y fotógrafo Nobuyoshi Araki o los del simbolista Gustav Klint; el conejo de Durero, por muchas connotaciones referenciales que tenga con el aparato genito-urinario de las hembras humanas; las rollizas nalgas de las tantas deidades llevadas al lienzo por Pedro Pablo Rubens; las alargadas figuras de mujeres en cueros salidas de los pinceles de Amedeo Modigliani; o incluso la mismísima Venus de Willendorf, con toda la carga libidinosa que puede tener para algún enajenado.

Va ser la hostia y el copón bendito, dicho sea desde el máximo respeto y con perdón de la mesa. Nos vamos a poner las botas.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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