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Expolio al referente
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(Foto: Mónica Moss)

Expolio al referente

martes 20 de agosto de 2019, 11:19h

Hay muchas formas de inspirarse, trabajar sobre obra, copiar, atribuirse y plagiar. Y de éstas últimas, al hilo de la inmediatez de las nuevas tecnologías, las hay tremendamente perversas. Tenía que sufrirlas todas en mis carnes.

En mi anterior artículo hablé del plagio conceptual y estructural de los elementos clave que definen un proyecto. Y de cómo una multinacional se apropia impunemente de la creatividad y estructura creadas por una artista y productora independiente para surtir como una gasolinera 2 grandes proyectos uno nacional (de título sinónimo) y otro internacional, de igual título.

Pero... ¿qué ocurre cuando lo que se toman son las características sustanciales de un artista muy singular para desarrollar los propios?

Cada álbum que he ido publicando me ha hecho padecer en silencio las más terribles acciones, mientras observaba y trataba de entender a los “hacedores” de cada una de ellas. Me gusta pensar que hechos tan delicados tienen que conocerse para lograr avanzar culturalmente, detectar lo erróneo y lograr iluminar el camino de otros.

Hoy hablaré de la apropiación de características diferenciales artísticas.

Conceptos a priori difíciles de demostrar que en la praxis no lo son tanto.

Supongamos que se te reconoce como artista independiente con varias características diferenciales claramente identificables de tu biografía que te confieren una personalidad tremendamente única en un momento temporal determinado. (Y ese momento temporal es la clave que otorga quién es el referente.) Y supongamos que vienes de generar hitos importantes sola.

¿Qué pasaría si cada una de esas características diferenciales fueran atribuidas tras tu irrupción y presunto éxito en escena a otros artistas masivos para hacerlos mas brillantes en el desarrollo de sus carreras?

Tras sacar “Carmen Oh!* “ y “Hasta El Final”* en 2015, sentí que mi mensaje artístico y personal empezaba a calar hondo. Tras 13 años de entrega incondicional a mi profesión parecía algo ya merecido.

Entonces en menos que canta un gallo, ví con mis propios ojos convertir de la noche a la mañana a una compañera en reconocida activista a favor de los colectivos más desfavorecidos. A otra, presentarla como gran referente feminista por sus letras reivindicativas y con una “bio” que parecía literalmente sacada de la mía. Y otras cuantas cosas de terror hasta nuestros días que en este artículo prefiero obviar...

Pero lo más intrigante fue comprobar el denominador común y lugar desde el que provenía todo ese ahínco en atribuir detalles literales de mi propia biografía y notas de prensa a otros que militaban en la primera división musical.

Imaginen lo doloroso que resulta descubrir que todo aquello que llevas años construyendo desde la independencia con tremendo amor y sacrificio y que en esencia me definía a mí, de repente se presentaba en los grandes medios como el “ingrediente estrella” de otros.

¿Era lícito? ¿Moral? ¿Abuso de posición de poder?

Llegados a este punto les recuerdo que hablamos de creadores con mensajes importantes para la sociedad y de nuestra cultura. No de paquetes de chorizo, pague 2 y lleve tres. Si realmente ellos lo acabaron siendo o sólo lo parecieron lo dejo al tiempo. Pero...

Desde aquel momento no paré de detectar una casualidad tras otra. Dato que sugería claramente un patrón oscuro de comportamiento hacia mi trabajo y persona, habitualmente siempre por parte de los mismos, lo cual denotaba a mi entender, una clara intencionalidad.

Y mientras el sistema iba eliminando compañeros que tenían mensajes importantes artísticos que construir y comunicar... Veía desarrollar modelos, no sé si decir “mejores”, pero sí “más dóciles” o “adecuados al sistema”, y que desde luego militaban en sus filas.

Continuará...

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