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El Brexit que Europa no puede aceptar

miércoles 30 de enero de 2019, 10:23h

En un escenario de estas características nos adentramos en un terreno desconocido, no ha sido mapeado por nadie, la disrupción que todos temen está muy cerca de convertirse en una realidad y la Comisión Europea ya ha advertido a los distintos Estados miembros que se preparen, porque se avecinan turbulencias.

Los planes de contingencia puestos en marcha a muchos han pillado de improvisto, de los pocos que han comenzado a realizar preparativos, los hay como España que no son ambiciosos y que no están completamente seguros de que los británicos vayan a cometer la bravuconada de salirse sin un acuerdo. Sin embargo, después de lo que hemos visto en las últimas semanas, los británicos están dispuestos a eso y mucho más, y están jugando con la baza de que posiblemente si no hay un acuerdo con la Unión Europea, sí que lo conseguirán con los Estados miembros y eso rompería la unidad de actuación que tanto preocupa a la Comisión en estos momentos.

Los parlamentarios británicos esta misma tarde martes 29 de enero de 2019 se encuentran reunidos en la House of Commons, en ese célebre Salón Verde que a duras penas consiguen entrar todos los miembros del Parlamento y allí están gritando unos a otros, en un magnífico ejercicio de democracia nacional, invocando su derecho soberano de retirarse de la Unión y de no permanecer atados, ni un minutos más de los necesario, a la normativa comunitaria, ni a la jurisdicción de su Tribunal, ni a cualquier otra atadura que se hayan bautizado con nombres tan inteligentes como Backstop, que es como se denomina a la salvaguarda de Irlanda del Norte.

Este Backstop es el que está haciendo cenizas, según los parlamentarios británicos, el posible acuerdo de entendimiento entre la Unión Europea y el Reino Unido y hoy Theresa May está obteniendo un mandato negociador para comenzar a transformar esa parte que tanto disgusta, por algo más digestible para los legisladores en el Parlamento británico. El propio Boris Johnson llamaba al ala más euroesceptica a plegar su energía en favor de la actuación de Theresa May, si conseguía eliminar la referencia al backstop, y así lo confirman sus palabras en el Daily Telegraph, "Si la primera ministra logra ese cambio (...), no tengo ninguna duda de que tendrá a todo el país a su favor".

Por lo tanto, ya observamos un giro en la retórica que puede propiciar un acuerdo entre las dos partes, pero a diferencia de las demandas británicas, la Unión Europea no contempla en estos momentos abrir el Tratado acordado, porque eliminar dicha cláusula vuelve a poner en jaque al Acuerdo de Viernes Santo e impide eludir la construcción de una frontera física entre las dos Irlandas. Precisamente, esta cuestión ha motivado que Sabine Weyand, una de las 10 mujeres más influyentes en la Unión Europea y concretamente la negociadora principal después de Michel Barnier en el equipo comunitario frente a los británicos, ya haya confirmado su negativa a abrir cualquier capítulo del Withdrawal Agreement.

Así están las cosas, los británicos no quieren salirse sin acuerdo, pero el acuerdo que tienen no les gusta; los europeos, por su parte, están dispuestos a suscribir un acuerdo, pero no el acuerdo que los británicos demandan, porque conllevaría hipotecar el futuro de naciones como la República de Irlanda o de España, en el caso de Gibraltar o de Chipre, en el caso de las bases soberanas. Mientras tanto, los Estados algunos atienden a los requerimientos de la Unión Europea y, concretamente, de la Comisión, pero otros no se esperan que los británicos vayan a salirse por las bravas. Y en ese contexto, la Unión Europea no está dispuesta a volver a negociar aquello que ha costado tanto acordar entre las dos partes. En este tira y afloja, los británicos tienen en su poder una Declaración Política que les permitirá en el futuro negociar un acuerdo muy ventajoso, pero que acompaña al Acuerdo de Retirada y si no se consigue que entre en vigor, la Declaración Política quedará, permítanme la expresión, en agua de borrajas.

Así que hoy Theresa May vuelve otra vez a someterse al voto del Parlamento, confirmando que goza de un mandato nuevo para negociar, pero enfrente tiene un bloque unido europeo que no quiere volver a abrir el Tratado de retirada y que solo espera que antes de que suenen las once campanadas del Big Ben, la noche del 29 de marzo, el Tratado esté ratificado y en vigor o si no los británicos saldrán sin acuerdo.

Rogelio Pérez-Bustamante

Catedrático Jean Monnet ad personam

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