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Opinion - Emili Avilés

Al acabar el curso, superemos el desconcierto educativo

25-06-2008 - Emili Avilés
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Al acabar el curso, superemos el desconcierto educativo

Como dice el Sr. Cándido Méndez, “la política de concertación practicada en España en los últimos treinta años ha sido un factor fundamental para afrontar las cuestiones fundamentales de orden social y económico que afectan a los ciudadanos”. Sí, pero, ¡ay! amigos, hay un tema contra el que nos damos de bruces, gobierno tras gobierno. Es un asunto que viene ya desenfocado desde los años ochenta e imposible de “concertar” de una manera realmente justa. Esto es, la necesidad de conseguir una educación de calidad y que respete la diversidad de los ciudadanos y de los padres para elegir escuelas distintas a las creadas por los entes públicos. 

Seguro que estaremos de acuerdo en algo básico: Que la familia y la escuela son clave para educar buenos ciudadanos, que los padres y madres de familia necesitamos orientación y buenos criterios educativos. Esto se puede hacer desde la escuela pública. Pero no es de recibo que los centros de enseñanza, de iniciativa social o institucionales, con gran arraigo y prestigio en nuestro país, puedan quedar por falta de ayudas o por imposiciones ideológicas, fuera de un sistema educativo moderno y de calidad. Sería un gravísimo atentado a la libertad, en sus múltiples facetas. Sería imponer una escuela única, como panacea de progreso, cuando en tantos países desarrollados ya están de vuelta de ello. Mientras más variadas sean las escuelas, más se perfecciona el derecho a elegir.

Una buena manera de mejorar sería reconocer explícitamente la importancia del ideario de cada centro, sea público o privado, como sello de calidad y transparencia. Así, en real sintonía, se pueden realizar proyectos comunes -padres, profesores y alumnos-, esfuerzos compartidos, estrategias eficaces para el desarrollo integral de niños y jóvenes. O sea, despolitizar la educación, con transparencia, aunando esfuerzos y evitando prejuicios. La enseñanza pública y la privada son complementarias, ambas imprescindibles para garantizar la libertad de enseñanza.

Es de interés común asegurar que los que manden en cada momento no vuelvan a utilizar la educación como arma ideológica, cosa que siempre acabamos pagando los ciudadanos con menos recursos. Además, el “café para todos” impuesto por algunos gobernantes sobre la educación de nuestros hijos, no facilita un ambiente de libertad ni una mayor calidad en el sistema educativo. Y ustedes me dirán y quién puede querer unas conciencias manipuladas o una libertad eliminada en este país: pues quien permita o mire para otro lado ante una adoctrinadora y obligatoria Educación para la Ciudadanía, o ante el perseguido derecho de todos a aprender y usar el castellano en cualquiera que sea la parcela de la nación en la que uno se encuentre, o cuando se llama educación sexista la que en realidad busca una educación personalizada, pues la educación diferenciada no discrimina, todo lo contrario, busca favorecer a chicos y chicas porque considera que, de 7 a 18 años, en aulas separadas los forma mejor.

(Por cierto, no nos dejemos confundir, la educación diferenciada no es un privilegio, es una opción. Y como los padres tenemos el derecho de poder elegir, cada uno debe optar libre y gratuitamente por la educación que considere mejor para sus hijos: mixta o diferenciada).

Además, si gobernantes y gobernados partimos de la verdad sobre el hombre  llegaremos a soluciones prácticas y acertadas. Defenderemos la libertad, tanto la propia como la de los demás. Nos dedicaremos, con todas las fuerzas y altura de miras, a lo más apasionante de este milenio: luchar por ser buena referencia y estímulo de progreso para los países del tercer mundo. Nos desviviremos, allí y aquí,  en la defensa de la dignidad humana.

Nuestros hijos, andando el tiempo, en un entorno cada vez más globalizado,  nos agradecerán haber crecido en un país donde, de verdad, se respete y defienda la pluralidad y la tolerancia. Pero, insisto que para ello, urge que las decisiones que se tomen sean a favor de todos y no en contra de la otra mayoría.

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Comentarios de los lectores
Enviado por: Emilia / 30-06-2008 11:52
¡Felicidades por el artículo!. Es un canto a la libertad, pero la libertad de todos los padres y de todos los colores. El que no quiera entenderlo así es que sólo cree en su propia libertad y le molesta la de los demás.
Enviado por: Mercedes Alenza / 27-06-2008 20:28
Estoy muy de acuerdo con Emili. En el fondo se trata de una lucha por la libertad y por la igualdad de oportunidades. Poderoso caballero es don dinero, si tienes dinero puedes tener más opurtunidades y más libertad. Hemos de lograr que la gratuidad de la enseñanza no suponga a los padres pérdida de la libertad de elegir el centro. En una sociedad democrática hay espacio para todos.
Enviado por: DANI / 27-06-2008 15:42
28 de junio, dia de la liberación gay, lesbiana transexual y bisexual. Buscas la libertad... eso és!!!!! Dejad de decir que defendeis la libertad, sacaros las capuchas y salir a la calle como verdaderamente soys. suerte si lo intentais dani
Enviado por: Pedro Pablo Vico Robles / 26-06-2008 10:37
Totalmente de acuerdo con el Sr. Emili Avilès. En efecto, la sociedad democrática se he de basar en la pluralidad de ideas y opciones.Esto cuadra perfectamente con el derecho de los padres y entidades educativas a crear y poder recibir ayudas y conciertos a centros eductivos con un ideario de acuerdo a las convicciones y visión de la vida determinada.
Enviado por: luis ferran / 26-06-2008 7:37
Interesante reflexión sobre la libertad, personalmente añadiría que estos "ideólogos" de la libertad restringida, son los que gritaron a los cuatro vientos "prohibido prohibir". O se han olvidado de su ideales o bien siempre han escondido sus ideas totalitarias.
Enviado por: Ricardo Martorell / 25-06-2008 19:14
Emili Avilés da una visión amplia de la problemática educativa, analizando sosegadamente varias de sus facetas, una de ellas clave: el pluralismo para que en igualdad de condiciones puedan elegir los padres qué educación quieren para sus hijos. Es una pena observar la simpleza mental a la que puede llegar alguna persona, al despreciar olímpicamente el derecho de los padres a elegir un tipo de educación de calidad para sus hijos, y pretender que quien la busque, o es la educación que ella quiere, o que la pague doblemente; ¿acaso piensa la Profesora de las 16,51 que esas familias no pagan sus impuestos como todo hijo de vecino? Poco afecto a la libertad enseñará esta profesora a sus alumnos, por aquello de que nadie da lo qu no tiene.

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