Los activistas, que portaban una bandera, fueron rechazados por la Policía antes de llegar al lugar en que se encontraba Liu, que pudo continuar con su discurso. Pero mientras este intento de boicot llegaba, el Gobierno tibetano en el exilio daba una escalofriante cifra: su balance confirmado de muertos en los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad chinas y los manifestantes es de 130.
Por su parte, el presidente del Comité Olímpico Internacional,
Jacques Rogge, defendió que fue lo "
correcto" el conceder a China la organización de los Juegos a pesar de las crecientes críticas internacionales por la situación de los Derechos Humanos en el gigante asiático.
"Esto tendrá un buen efecto para la evolución de China", opinó Rogge. "Nosotros creemos que los Juegos son un gran catalizador para el cambio", aseveró.
Los grupos pro Derechos Humanos instaron al COI a presionar a Beijing para que mejore la situación de los Derechos Humanos, especialmente tras la violencia en el Tíbet, en las que, según los tibetanos en el exilio murieron al menos 100 personas, mientras que Beijing habla sólo de 18 "civiles inocentes" muertos.
China ha acusado al Dalai Lama de orquestar una campaña de "terror" para perturbar la celebración de las Olimpiadas. El líder espiritual del Tíbet en el exilio rechazó estas acusaciones, asegurando que no se opone a los Juegos Olímpicos de Beijing.
"No tengo ningún mensaje que dar a China en lo que respecta a la soberanía de China", afirmó Rogge. "Pero los Juegos no pueden celebrarse en una atmósfera de violencia. Nosotros estamos preocupados por lo está pasando en Tíbet", aseguró.