Dream Theater fue siempre mi criatura, y crié ese bebé cada día de mi vida desde 1985 durante las 24 horas del día, 365 días al año, sin tomar un poco de tiempo fuera de las interminables responsabilidades que conlleva DT (incluso cuando la banda tomaba descansos entre etapas), trabajando a destajo y llamado por el deber más de lo que una persona sana puede soportar por una banda.




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