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Mariano Rajoy y Javier Maroto, esta mañana en Salamanca con otros miembros del partido.
Mariano Rajoy y Javier Maroto, esta mañana en Salamanca con otros miembros del partido. (Foto: Ep)

El PP quiere evitar a toda costa nuevas elecciones ante el temor a perder el veto constitucional

> Si perdiese otros 6 escaños desaparecería su principal baza de negociación al no ser necesario para reformar la Carta Magna > Se reabre el debate sobre si Rajoy sería el mejor candidato mientras se vuelve a hablar de una ‘personalidad independiente’ para convencer a Pedro Sánchez > Aznar critica el “fatalismo” de Rajoy y lanza su propia propuesta: una “síntesis liberal-conservadora de ideas y de personas”

sábado 05 de marzo de 2016, 16:19h

Es una posibilidad que aterroriza al PP. La excusa no confesada para buscar un pacto casi a la desesperada en estos dos meses y evitar la repetición de unas elecciones que pondrían en riesgo su principal baza negociadora, la que le mantiene en la carrera hacia La Moncloa: el veto constitucional, ese ‘tercio’ del Hemiciclo indispensable para aprobar la reforma que tanto ansía el socialista Pedro Sánchez. Bastaría con perder seis escaños y quedarse por debajo de los 117 para que el PP deje de ser ‘necesario’, algo que no se puede descartar si, como parece, PSOE y Ciudadanos engordan a su costa y a la de Podemos. El siguiente dilema de los populares es si, en el caso de tener que volver a las urnas, Mariano Rajoy sería el candidato idóneo para detener la sangría de votos del 20D. Para que no falte de nada en la olla a presión de Génova, Aznar ha vuelto a hablar: quiere una “síntesis liberal-conservadora”.

La hipermayoría del PP en el Senado es un consuelo pírrico. En el caso de que la Cámara Alta discrepe del Congreso, es este quien tiene la última palabra con la única diferencia de que en lugar de necesitarse 3/5 de votos favorables serían 2/3, es decir 234 diputados. El margen para los populares es ciertamente estrecho: perder la baza del ‘veto’ constitucional sería un auténtico desastre para el partido por muy lejana, casi imposible, que parezca la unión del resto de fuerzas para reformar la Constitución, desde C’s a Bildu.

Es todo un quebradero de cabeza tanto para Javier Moragas y su equipo monclovita como para la ‘tropa’ de Génova, un “pollo sin cabeza” según algunos, a los que no tranquiliza la promesa de Pedro Sánchez de contar con el PP para los grandes asuntos de Estado… “mientras seamos necesarios”, advierten.

Las encuestas, de momento, no ayudan. Las más recientes han dado incluso resultados contradictorios pese a que el trabajo de campo se hizo en los mismos días. Son, en todo caso, inútiles porque seguramente lo ocurrido esta semana ha vuelto a cambiar los números. Las empresas de sondeos trabajan a destajo y próximamente se podrá comprobar si, como apuntan los expertos, PSOE y Ciudadanos verán mejoradas sus expectativas a costa de Podemos y el PP, para los que la teoría sociológica prevé el castigo reservado a los culpables del “bloqueo” institucional de un país ‘en funciones’.

El problema es que, en la práctica, los españoles no paran de dar sorpresas en las urnas. Que se lo digan a Albert Rivera, que unos días antes del 20D -sólo unos días- casi se veía presidente.

Dolores de Cospedal ya ha anunciado que en cuanto las cosas “se calmen un poquito”, Rajoy llamará a Sánchez y Rivera para hablar, se supone que aún por separado. El líder socialista no se prestará a una foto que simbolizaría la ‘gran coalición’. El de Ciudadanos, por su parte, ha dejado claro que la solución pasa por la retirada del político gallego.

Este es el siguiente dilema al que se enfrenta al PP. Si, como todo apunta, estamos condenados a unas nuevas elecciones, es inevitable el debate sobre si Rajoy es capaz de aguantar el tirón y al menos no perder más escaños (ya van 63 sobre la legislatura anterior). Él argumentará -como en el PSOE- que no es el momento de “abrir el partido en canal”, una frase muy repetida en los últimos tiempos, pero nadie lo descarta. Y aspirantes hay, como es bien sabido.




El melón de la sucesión




Se supone que para su relevo habría que convocar un Congreso extraordinario que ya lleva año y pico de retraso con la excusa de las continuas citas electorales. La realidad es que los Estatutos del PP permiten -pese a la ‘enmienda Trillo’, como la llama Esperanza Aguirre- saltarse el artículo que establece que el candidato a presidente del Gobierno será el presidente del partido. Basta con que éste renuncie a presentarse, dejando la elección en manos de la cúpula del partido en situaciones como la actual, donde el tiempo apremia.

El PSOE, de hecho, ya ha previsto celebrar sólo primarias para elegir a su candidato -por ahora, sólo Pedro Sánchez ha anunciado que se presentará a la reelección- y aplazar su correspondiente Congreso para cuando el panorama político esté despejado.

El melón de la sucesión en el PP es lo que no quería abrir antes de tiempo Rajoy, consciente de que si hubiera sido él quien protagonizase una investidura fallida se quedaría sin argumentos ante las voces que cada vez más abiertamente piden su cabeza. Y esto lo dice una persona muy próxima a él desde hace muchísimos años, de lealtad inquebrantable.

Otro de sus fieles explica por su lado que el PP no puede aceptar el acuerdo de C’s y PSOE por muchas coincidencias que se quieran buscar: “El PP no puede hacer tabla rasa de sus reformas, nuestros votantes no lo entenderían”. Sería una contradicción apoyar una ‘enmienda a la totalidad’ de todo lo hecho en estos últimos cuatro años.

La opción ‘Rajoy’ no contempla, pues, otros escenarios que el de presidir el Gobierno, quedarse en la oposición o resignarse a la lotería de las elecciones, por supuesto, con el mismo candidato que en el 20D. El aún presidente del Gobierno no ha esperado ni un día y este mismo sábado se ha marcado en Salamanca un mitin de precampaña en toda regla junto a Juan Vicente Herrera.

Pero no es la única. En el PP, en algunos medios de comunicación y en ciertos grupos de presión vuelve a sonar la opción de un presidente ‘independiente’, una ‘personalidad de reconocido prestigio’ que pudiera asumir el PSOE, es decir, alguien de ‘centro-izquierda’ señalan incluso desde la filas populares. Por supuesto, Albert Rivera está descartado y si Ciudadanos se queda fuera, tampoco pasaría nada. Es lo que más desea Génova.

Habría una variante, con Rajoy al frente de un Gobierno con ministros ‘de consenso’ entre los tres partidos implicados. Una posibilidad que es difícil de asumir por los socialistas incluso para abstenerse. Por cierto… nadie da un solo nombre y los que suenan no son creíbles.




La "síntesis" de Aznar




Y luego está la opción de José María Aznar. A la misma hora en que se consumaba el fiasco de la investidura de Pedro Sánchez, el ex presidente del Gobierno y presidente de honor del PP intervenía en San Sebastián en la entrega simbólica del premio Gregorio Ordóñez al opositor venezolano encarcelado Leopoldo López. No pudo resistir la tentación y, en su tramo final, aportó su propia solución: “Una gran síntesis liberal‐conservadora” como las “que tantos beneficios han rendido a las sociedades europeas”.

¿Está proponiendo una refundación del PP? ¿Una alianza con Ciudadanos? Lo único que aclaró Aznar es que se trata de “una síntesis que es de ideas y de personas; que ha de ser el resultado de un debate profundo; que tiene que señalar el camino de un proyecto político renovador, para el reencuentro con una sociedad que plantea nuevas exigencias”.

Lo que está claro es el destinatario del mensaje. “Algunos, afectados por ese mal endémico de la política española que es el adanismo [un término utilizado por Rajoy para calificar a sus adversarios], recibirán con desdén esta nota de recuerdo. Pero otros, yo el primero, quizás la encuentren suficientemente valiosa como para tenerla en cuenta”.

Esa ‘nota’ a la que se refiere es una frase que pronunció él mismo en 1988 cuando “mi partido y mi país atravesaban entonces lo que a mí me parecía una mala situación que llevaba camino de empeorar, y me pareció ineludible realizar una propuesta que pudiera romper esa tendencia, para pasar a liderar una estrategia de victoria”.

Una frase que hoy, 27 años después, vuelve a describir otra “mala situación” de su partido: “Una cierta sensación de fatalidad recorre la vida política española”. Un reproche en toda regla procedente de alguien que, precisamente, tuvo que pactar y hasta hablar en catalán aunque fuese en privado para ser presidente.

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