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Engaños masivos: del 'caso Nadia' a Tania Head

La mentira es una conducta cotidiana en el ser humano, inherente a su naturaleza social. De hecho, es un recurso completamente necesario para progresar dentro de la comunidad. Todos mentimos de una forma u otra a lo largo del día, como método para solucionar o evitar los problemas. Las “pequeñas mentiras” del día a día son actos no solo lícitos, sino deseables para mantener relaciones personales sanas y estables.

Engaños masivos: del 'caso Nadia' a Tania Head
(Foto: EP)

El problema surge cuando esas pequeñas mentiras no son suficientes, y el sujeto ve en el engaño un atajo perfecto para lograr sus propósitos vitales. Hace de la mentira no solo un trabajo, sino su forma de vida. Son los simuladores, dentro de los cuales las llamadas “falsas víctimas” han despertado especial atención mediática en los últimos tiempos.

El último exponente es Fernando Blanco, padre promotor de numerosas campañas solidarias cuyo fin era conseguir dinero para su hija, que ha reconocido recientemente que ha exagerado y mentido. Con las campañas ha recaudado 153.000 euros en donaciones.

En las últimas semanas, Blanco había paseado a su hija por distintos platós de televisión, celebrando el dinero que había logrado para la curación de Nadia, quien según su padre padece tricotiodistrofia, una enfermedad muy rara que le podría costar la vida.

Blanco afirmaba haber visitado países como Guatemala, India, Panamá, Rusia, Brasil, Argentina, Finlandia, Cuba, Chile, e incluso Afganistán en busca de los mejores especialistas, pero finalmente se ha demostrado que no realizó ningún viaje fuera de Europa. Tampoco existen informes médicos que certifiquen los tratamientos supuestamente recibidos: los padres, sin embargo, aseguran que el dinero gastado ha sido dedicado a la niña.

En la mayoría de los casos, las historias descritas por estas supuestas víctimas son tan duras que resulta complicado ponerlas en duda. Este elemento contribuye a que algunas de esas informaciones no se contrasten en un primer momento.

La motivación principal de este tipo de sujetos es alcanzar notoriedad o prestigio apelando al componente emocional o afectivo: buscan inspirar lástima en el resto de la sociedad. Comprueban como distorsionando la realidad o alterando su pasado, la comunidad pone los ojos en ellos, y los hace merecedores de admiración.

Algunos de ellos tienen lo que se denomina en psiquiatría “pseudología fantástica” o mitomanía: una tendencia a mentir compulsivamente. Su pretensión es forjar ante los demás una personalidad brillante y destacable. Tienen un bajo autoconcepto y una elevada necesidad de atención y reconocimiento por parte del resto. Para los mitómanos, el acto de mentir es un método de obtener un refuerzo inmediato: la admiración, que suple sus carencias de autoestima y falta de afecto.

Es considerada una especie de adicción: el mitómano es consciente de su mentira y sabe las consecuencias negativas que puede conllevar, pero aun así la ejecuta por la apremiante necesidad del estímulo inmediato mencionado.

Necesitan adornar los hechos y engrandecerlos constantemente, de modo que todo a su alrededor resulte importante o grandioso. Progresivamente, su entorno social y familiar comienza a encontrar incongruencias, por lo que es habitual que sus relaciones de amistad no sean duraderas. Cuando esto sucede, se desplazan a otros entornos donde repiten las mismas conductas. Estos individuos presentan un marcado narcisismo, asociado en ocasiones con un trastorno histriónico o psicopático de la personalidad.

No todos los que experimentan este trastorno tienen por qué convertirse en estafadores o defraudadores: en ocasiones ni si quiera tienen un objetivo económico. A continuación, exponemos algunas de las “falsas victimas” que más repercusión han tenido a lo largo de la Historia.

Alicia Esteve

Fue homenajeada oficialmente por la alcaldía de Nueva York y llegó a ser presidenta de la Red de Supervivientes del World Trade Center. Pasó del completo anonimato a protagonizar las portadas de los periódicos. La suya era considerada una de las historias más conmovedoras de la catástrofe del 11-S.

El documental producido por National Geographic “La mujer que nunca estuvo allí” narra su historia. Alicia Esteve se hacía llamar Tania Head, y contaba desesperada como había salido arrastrándose de la Torre Sur del World Trade Center el día 11 de septiembre del 2001, con graves quemaduras en el brazo, para acabar descubriendo que su prometido había muerto en la Torre Norte. Mientras intentaba escapar, contaba Tania, se había encontrado con un hombre desconocido, agonizante, que le dio su alianza para que se la entregase a su esposa.

En el año 2007, el New York Times intentó entrevistarla pero siempre les contestaba con evasivas, lo cual encendió sus sospechas. Fue el momento en el que se destapó el fraude. Tania Head era en realidad Alicia Esteve, una barcelonesa que se encontraba en España en el momento de la tragedia, y cuya vida no tenía nada que ver con lo que había contado.

Enric Marco

Durante más de 30 años Enric Marco se hizo pasar por uno de los supervivientes del holocausto. Decía ser el deportado 6.448, y afirmaba que tras la derrota republicana en la Guerra civil, se integró en la resistencia clandestina en España hasta que en 1941 huyó a Francia para luchar en la Resistencia francesa, siendo capturado por la Gestapo. Aseguró también que había pasado por los campos de concentración de Flossenbürg y Mauthausen. Sin embargo, su historia era falsa.

Fue presidente de la Asociación Amical de Mauthausen y otros campos de concentración, y había sido elegido para presidir las conmemoraciones del sesenta aniversario de la liberación de Mauthausen. Daba cientos de charlas y conferencias contando su pasado.

Su don para simulación y el engaño le llevó hasta el Congreso de los Diputados, donde en el año 2005 dio un discurso relatando sus experiencias, que llevó hasta las lágrimas a los asistentes. Para elaborar su relato ficticio no solamente recurría a la imaginación: Marco sí estuvo en el campo austríaco de Mauthausen, aunque lo hizo en calidad de trabajador y no de refugiado.

Fue el historiador Benito Bermejo quien destapó que Enric Marco nunca había sido prisionero en Flossenbürg sino que en 1941 se había acogido de manera voluntaria a un convenio firmado entre Hitler y Franco para trabajar en la industria de armamento alemana.

Lorena Candelaria

He querido también exponer el caso de Lorena Candelaria para ejemplificar a los simuladores puramente pragmáticos. Esta mujer de origen ecuatoriano aseguró ser víctima de los atentados del 11-M, fue entrevistada por numerosos medios (donde se mostraba muy afligida, quejándose de que se sentía completamente desamparada), y consiguió beneficiarse de diversas ayudas económicas.

Al día siguiente del atentado asistió al hospital de La Paz y dijo tener dolor de estómago, angustia y pesadillas a causa de los atentados. Le diagnosticaron reacción aguda al estrés y, a partir de entonces, pudo recibir ayudas públicas.

Ha recibido la nacionalidad española, un piso de titularidad pública, decenas de miles de euros en concepto de ayudas y la Real Encomienda que se reconoce a los afectados por terrorismo.

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