En el universo del zodiaco, la mujer Aries brilla con una luz propia. Es fuego en movimiento, impulso vital que no se detiene ante nada. Amar a una Aries es como intentar cabalgar un cometa: deslumbrante, veloz, intensa. Pero también es un desafío noble, un viaje que, si se emprende con valentía, puede conducir a una de las conexiones más apasionantes y transformadoras que se puedan experimentar.