La historia de la política exterior deEstados Unidos en la última parte del siglo XX y en el recién iniciado XXI está marcada por un concepto recurrente...
Se trata de la "promoción de la democracia" mediante la intervención militar o económica. Sin embargo, al observar el mapa geopolítico de 2026, los resultados de esta estrategia plantean una realidad incómoda.
Experiencias fallidas
Ante la actual escalada de tensiones y la ofensiva diplomática y militar contra Irán, mchos se acuerdan del rastro de inestabilidad que dejan detrás recientes intervenciones de EEUU en países como Irak, Libia, Afganistán o Siria.
El balance tras décadas de intervencionismo es desalentador. En casi ningún caso la intervención ha derivado en una democracia funcional o en una mejora notable de la calidad de vida de sus pueblos.
Al contrario, el patrón suele ser el mismo: desmantelamiento institucional, vacío de poder y el surgimiento de Estados fallidos.
De Afganistán a Irak
El caso de Afganistán es, quizá, el ejemplo más gráfico de esta política. Tras 20 años de presencia militar y billones de dólares invertidos, el retorno de los talibanes al poder en 2021 dejó al país en una crisis humanitaria sin precedentes, borrando cualquier rastro de los avances sociales que se intentaron imponer desde fuera. La democracia no germinó en un suelo abonado por la ocupación extranjera.
En Irak, la intervención de 2003 basada en premisas falsas sobre armas de destrucción masiva desintegró la estructura estatal. El resultado no fue una democracia, sino décadas de guerra entre facciones, el nacimiento del Estado Islámico (ISIS) y una profunda dependencia de milicias locales e influencias externas. Hoy, el pueblo iraquí sigue luchando contra una corrupción sistémica y una infraestructura eléctrica y sanitaria que es la sombra de lo que fue antes de la invasión.
Primaveras árabes... que se tornaron inviernos: Libia y Siria
La intervención de la OTAN en Libia en 2011, liderada por el impulso estadounidense, se presentó como una misión humanitaria para derrocar a un dictador, Gadafi. 15 años después, Libia es un país fragmentado por milicias rivales, donde los mercados de esclavos y la inestabilidad crónica han convertido la cuenca del Mediterráneo en un foco de crisis migratorias y terrorismo. La "liberación" no trajo instituciones, trajo el caos.
En Siria, el apoyo a grupos opositores y las intervenciones quirúrgicas contra el gobierno de Damasco han contribuido a una de las guerras civiles más largas y sangrientas del siglo. El país está hoy dividido, empobrecido y bajo un régimen de sanciones que, lejos de derrocar al gobierno, asfixia la capacidad de reconstrucción del pueblo sirio. Su líder es un reconocido líder terrorista yihadista, Ahmed al-Charaa. Sin embargo, es colaboracionista con EEUU, y eso ha bastado para que pueda continuar en el poder. Incluso ha ayudado a los ataques de EEUU a Irán prestando su colaboración desde el terreno.
La constante se repite: todos los países atacados o tenían petróleo, gas o minerales raros que no compartían o dejaban a buen precio a EEUU. O incluso se lo servían a los rivales geopolíticos norteamericanos, como China o Rusia. ¿Casualidades?
Y ahora, ofensiva contra Irán
La actual retórica contra Irán sigue los pasos de los prolegómenos de Irak. Se argumenta la amenaza nuclear y la necesidad de un cambio de régimen. Sin embargo, los estrategas omiten que Irán es una sociedad mucho más compleja y cohesionada que las anteriores.
Pese a la caída del Alí Jameneí, el régimen no se rinde y continuará con su sistema de mandato ayatolá, además de una férrea resistencia militar que amenaza la estabilidad económica mundial por el riesgo de hundimiento de buques petroleros en el estrecho de Ormuz, controlado por Irán.
Otros escenarios de intervención silenciosa (o ruidosa)
El intervencionismo no siempre se traduce en invasiones a gran escala; a veces se manifiesta en bloqueos, sanciones o apoyo a bandos en conflictos internos, con resultados igualmente desastrosos:
- Venezuela: Años de sanciones económicas máximas y reconocimiento de gobiernos paralelos no han logrado una transición democrática, pero sí han catalizado una de las crisis migratorias más grandes de la historia de América Latina, deteriorando la calidad de vida de los ciudadanos de a pie. Nicolás Maduro ha caído, pero el chavismo sigue en el poder y Trump se niega a facilitar el cambio.
- Yemen y Somalia: La intervención mediante drones y el apoyo logístico a coaliciones regionales han cronificado guerras que han llevado a estos países al borde de la hambruna total. En Somalia, tras décadas de intervención antiterrorista, el Estado sigue siendo incapaz de controlar su propio territorio.
- Sudán y Nigeria: La injerencia externa en nombre de la estabilidad regional a menudo ha terminado alimentando divisiones internas, como se ve en la fragmentación de Sudán o en la incapacidad de frenar el avance de grupos extremistas en el Sahel pese a la presencia militar extranjera.
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