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Diario de una cochina

Diario de una cochina

miércoles 08 de octubre de 2008, 05:39h

Día I: ayer me trajeron en un viaje infernal desde Santa Cruz de Aragua. No sé quién fue el gracioso del invento de la mudanza, ya que el viajecito resultó una locura.

No entiendo por qué, existiendo tantos autobuses ejecutivos con aire acondicionado y asientos reclinables, nos trasladaron en un camión como si fuéramos cochinos.

Cuando llegamos a El Kunquito o Junquito, nos metieron en un corral que era chévere por lo asqueroso que estaba.

Gracias a Dios, porque antes de salir nos bañaron con una manguera y me quitaron mi hediondez tradicional ¡Cómo me revolqué en aquel pantano fétido! Luego cené seis baldes de conchas de plátano, unas frutas podridas que estaban deliciosas y dormí profundamente hasta que salió el sol.

Semanas después: el clima es agradable. Se ven muchas montañas y hay una neblina rica. De desayuno, me dieron cuatro baldes de arepas y cachapas viejas y un queso blanco que estaba verde.

Nuestro dueño nos quiere mucho, bueno, por lo menos a mí. Hoy, cuando me vio, dijo: A esta cochinita hay que darle bastante nepe para que engorde rápido, después la beneficiamos.

¡Ay! No sé, yo siempre he sido muy sortaria, figúrense, un señor que por primera vez me ve y ya me quiere beneficiar. Además, también dijo que me iba a traer a un tal Verraco para casarme con él ¿Qué más puedo pedir? Gorda, hedionda y con un marido llamado Verraco ¡Qué emoción!

Tres meses después: el sitio me gusta aunque a veces se llevan a los más gordos para beneficiarlos. Mis días son muy divertidos, sobre todo porque como y como ¡Aaah…! Todo el tiempo me revuelco en barro y he aumentado sesenta kilos.

El dueño sigue consintiéndome. Ayer acarició mi piel y dijo que era perfecta para chicharrón, eso debe ser un perfume nuevo de Cocochinel que seguramente irá bien con mi olor natural. Después, un señor llamado Doctor de apellido Veterinario, me hizo un examen vaginal, que es una cosa que se hace en un huequito que las cochinas llevamos atrás. Luego dijo que ya estaba preparada para el Verraco.

Meses más tarde: llegó Verraco ¡Y es bien bravo! Me pareció muy macho a pesar de su mal carácter y sus 450 kilos. Me emociona lo asqueroso que es, lo cochino que se ve, no deja de orinar y eructar todo el día. Su olor es sexy, y cuando me mira se le eriza el pelo del cuello ¡Qué cuerpazo tiene ese Verraco! Hasta se le ven las tocineticas en su pancita. Lo único feo que tiene es un tirabuzón que trae pegado debajo del ombligo, pero es tan caballeroso que, para que yo no se lo vea, se me monta encima e insiste en ocultarlo en mí. De todas formas voy a consultarlo con mi sexólogo Rómulo Aponte, para ver si esto es normal.

Un mes después de Verraco: siento mareos y tengo antojos.

En la madrugada me dio por comer las sobras de los restaurantes de El Junquito, pero creo que me están haciendo daño porque se me hinchó la barriga.

Nueve meses más tarde: soy madre. Parí 15 cochinitos y todos están pegados a mis teticas. El dueño dijo que por el bien de mis hijos los iban a dejar para Lechón con Yuca ¡Qué bueno! Ese debe ser el nombre de un preescolar en donde hay una maestra llamada Yuca Fritasancochada.

Un año más tarde: ¡por fin…! Me van a beneficiar ¡Qué gente tan buena! Dicen que antes me darán un palo y todo. Yo nunca he tomado, pero dada la ocasión.

Querido diario, no sé qué más pueden hacer por mí, ya peso más de 300 kilos y hoy voy a saber a qué huele el chicharrón.

Claudio Nazoa
Humorista venezolano

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