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Prócer afortunado

Prócer afortunado

jueves 06 de noviembre de 2008, 13:16h
Última actualización: viernes 07 de noviembre de 2008, 10:58h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

¿Qué sería de nuestras fincas sin unos buenos capataces y mayorales? Un desastre, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y fabreados niños y niñas que me leéis. Siempre hay que tener cuidando del predio provincial a competentes mayorales que no sólo lo cuiden, sino que lo acrecienten. Es algo así como en las relaciones laborales clásicas se conocen como “mandos intermedios”. Menos que dueños pero muchísimo más que jornaleros.

Necesarios personajes los capataces y los mayorales, siempre en medio, a modo de colchón amortiguador, de los terratenientes y del proletariado. Una sacrificada labor que merece la adecuada compensación. Fijaos sino en Carlos Fabra Carreras, presidente de la Excelentísima Diputación Provincial de Castellón. Su abuelo lo fuera anteriormente, y luego su padre, y antes, un tío abuelo del propio Carlos también ocupó el sillón. Desde que se crearon en España las diputaciones provinciales, siempre ha habido un Fabra al frente de la corporación castellonense. Sacrificada estirpe siempre al servicio de su provincia y, por supuesto, de quienes intereses en ella.

¿Y cómo se le pagan al actual presidente Fabra sus desvelos? Pues montándole una ignominiosa campaña de acoso y derribo que incluye la entrada a saco en la parte más recóndita de su intimidad: la económica, la de su patrimonio. Fabra Carreras es el presidente provincial del Partido Popular de las Españas y también el único candidato a la reelección al frente del partido provincial. Aquí Fabra aúna lo bello (el PePé castellonense) con lo útil (la presidencia de la Diputación Provincial) y todo ello por Castellón, la Comunidad Valenciana y España. Dicen los envidiosos que Fabra tiene unos ingresos muy superiores a su sueldo de presidente de la Diputación. Y, por estos infundios e insidias, hasta la Fiscalía Anticorrupción anda hurgando en sus cuentas bancarias. Acusaciones que no prosperarán. ¿Para qué pensar mal pudiendo pensar bien, eh?

En suma, pequeñines/as míos/as, se trata de un prócer. Alguien al que la Divina Providencia, como pago a sus constantes desvelos, le bendice con cuantiosos premios a la Lotería, la Bono Loto, las quinielas y hasta el popular cupón de la ONCE. Justa retribución a quien sabe estar a las duras de la administración y a las maduras de incrementar, gracias a su buena suerte, su peculio familiar. Fabra Carreras es un afortunado. Y, además, un solidario de aúpa. Él no frecuenta timbas ilegales en las que se juega al póker descubierto de cinco cartas. Él apuesta a través de las Loterías y Apuestas del Estado. O sea, donde parte de los beneficios de estos juegos legales pasan a engrosar las arcas del Tesoro Público.

Sólo los que juegan habitualmente a las loterías pueden aspirar a conseguir ora la pedrea, ora premios mayores y hasta el gordo. Es el abecé del juego. Sólo los apostantes tienen posibilidades de ganar. Y es lo que hace –apostar y ganar—el ejemplar Carlos Fabra Carreras, nuestro mayoral provincial en Castellón. A ver si os enteráis todos/as. Y, en todo caso, ¿por qué no jugáis a las mismas combinaciones que él? Hay premio seguro…

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