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La lista y los tontos

La lista y los tontos

lunes 22 de diciembre de 2008, 11:03h
Actualizado: 29 de diciembre de 2008, 07:39h
La lista más famosa, literaria, cinematográfica y mundialmente conocida es la de Schindler, empresario alemán que salvó del holocausto a un millar de judíos polacos. Pero mucho antes y después de que Spielberg llevara a la pantalla esta dramática historia, el que más y el que menos ha hecho una lista alguna vez en su vida.

Ponerse a escribir una lista significa elegir, seleccionar, separar, distinguir o excluir, y por ello cada vez que alguien hace una lista está suplantando a Dios, si cree en él o a un jefe supremo, si es agnóstico, en la función soberana de dar o quitar.

Aquí en España somos muy dados a las listas en las que los apuntadores anotan los nombres de aquellos a los que tienen comprada la lealtad y también las de los insobornables a los que hay que perseguir o negarles el pan y la sal.
Entre los listeros se valora especialmente que a uno le incluyan en la lista para un cargo público (mejor al Congreso que al Senado y más a un Ayuntamiento con posibles que a otro en el que no se pueda pillar).

Gracias a haber estado bien colocado en una lista algunos han llegado incluso a ser Presidentes del Gobierno, con lo que se desbarata la teoría de que hace falta ser listo para triunfar.

Pero para estar en una lista hay que tener vocación de espera y  cuerpo para  guardar cola, que es una de las inactividades más humillantes que existen, porque se corre el riesgo de que al final, cuando crees que ya has llegado te encuentres a un individuo con cara de aburrido y perdonavidas que puede incluso convertirse en personaje de Larra y decirte ¡vuelva usted mañana!
Por eso lo mejor que puede uno hacer es entretenerse en otro tipo de listas: listas de regalos, de amigos, de libros que hay que leer o de gente a la que hay que echarle una mano.

Claro que, ya puestos, tampoco está mal repasar la nómina de la gente que a lo largo de este año uno se ha reencontrado en el camino y ha redescubierto que merecen estar la lista de los sin sustancia, de esos tontos que nunca saldrá de su boca una mala palabra pero tampoco de su corazón una buena acción.
Cuando acaba el año siempre hay alguno de esos que te viene a la memoria y la lista que te inspiran es muy larga.
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