jueves 29 de enero de 2009, 16:37h
Última actualización: jueves 26 de marzo de 2009, 15:25h
Con abarcas y un fusil a cuestas, pretenden aventurarnos en un viaje maratónico de mil leguas nuestros coyunturales gobernantes, acabamos de dar el primer paso de la colosal travesía y nos percatamos que el 40 % de ese cuerpo que llamaremos Bolivia es soberanamente disidente de embarcarse en esos desconocidos senderos marcados por la incertidumbre y el uní lateralismo de esa otra Bolivia que se empecina tozudamente en tomar el rumbo ilegal de la imposición, de la intolerancia y la arbitrariedad.
Ciertamente es un victoria electoral… muy amarga por cierto, que ha provocado profundas heridas en el heterogéneo tejido social del país, hoy por hoy para nadie queda en duda que Bolivia se encuentra agudamente dislocada, se ha desarticulado al campo de la ciudad, a occidente de oriente, a centralistas de autonomistas, a campesinos y obreros de empresarios, a movimientos sociales (coctail indígena, campesino y originario), militares y policías de la sociedad civil y la oposición política a este régimen que contra viento y marea impone su cosmovisión del mundo de forma particularista. Habrá que ver que tan largo es el trecho que logra recorrer el partido en función de gobierno en el afán de imponer su proyecto de constitución cuando una franja bastante gruesa del país se resiste a sus apetitos de poder.
Utilizando las propias herramientas y métodos de la democracia, hoy sus enemigos y detractores han triunfado, es que durante veinticinco años no supimos o no quisimos dotarla de mayores y mejores contenidos sociales, económicos y políticos, que le permitan modernizar al Estado (consolidar su territorio), transformar estructuralmente a la sociedad boliviana, para arraigar una democracia pluralista, participativa, con ciudadanía plena. Donde sea la ley abstracta la que deba regir la vida de sus habitantes. De momento debemos soportar o resistir democráticamente el yugo de los afanes verticalistas y autocráticos de un gobierno populista e intolerante.
Es de conocimiento público que no se puede pensar en Democracia, sin un Estado Pluralista, que garantice igualdad en derechos y obligaciones a todos sus habitantes, a la vez reconozca la interculturalidad y complementariedad de opuestos. Esto necesariamente implica “no ver en el adversario un enemigo a bartir, sino un adversario, de legitima existencia y al que se debe tolerar. Se combatirán con vigor sus idas, pero jamás se cuestionara su derecho a defenderlas”[1].
En el epílogo de la presente columna me despido con una frase que bien puede aplicarse a la historia boliviana: “El que esta arriba nunca tiene tanta ambición y codicia como el que esta subiendo”, he ahí la psicosis del golpismo en aquellos que pretenden detentar el poder eterno. Si bien es inevitable el ascenso de las regiones como actores fundamentales dentro los ciclos políticos del país, generalmente el peor enemigo de todo régimen o sistema es interno, y este deja entrever muchas grietas y falencias.
[1] Chantal Mouffe
Romano Bismarck Paz (Disidente del PCPE y Politólogo)