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La Bolsa, mal: anticipo de lo peor

La Bolsa, mal: anticipo de lo peor

viernes 06 de marzo de 2009, 20:50h
Actualizado: 09 de marzo de 2009, 08:18h
Nada nuevo bajo el sol, porque los mercados se limitan a reflejar la situación de la economía real, con lógico énfasis en la crisis financiera. No es un drama el que nuestro IBEX-35 cierre este viernes por debajo de los 7.000 puntos. Demasiado bien incluso para como marcha la economía. Los mercados se limitan a descontar el convencimiento de los inversores de que, lejos de optimistas e infundadas esperanzas de cambio de signo, sin otras razones que la propaganda o la política, todavía no hemos tocado fondo de esta recesión. Así que nada de campanas a rebato, nada de gritos de alarma. Las cosas están como están y los inversores lo saben, así de sencillo.

Casi el 9 por ciento ha perdido el IBEX-35 en sólo esta semana, se dice pronto. La pérdida es terrible si se mira un año atrás. Procuremos escribirlo sin que se vengan abajo los ordenadores: en torno al 50% de caída en sólo un año. Parece imposible o impensable, pero así es y ésta es la situación real de la economía.

Por supuesto que caben todos los optimismos, y ya hay analistas que vaticinan, para la semana entrante un “rebote” que permita eludir el descenso a los abismos del pánico, pero las buenas noticias no se producen sólo por desearlas, y al otro lado están los que temen inevitable, en sólo dos o tres semanas más, ese desmoronamiento que nadie quiere, ni económica ni políticamente, porque a nadie beneficiaría, pero para el que conviene estar al menos emocionalmente preparados.

Obsérvese que todo lo mejor de la actividad española está en el lado negativo de la balanza: nuestros grandes y mejores bancos, nuestras mejores compañías energéticas y de telecomunicaciones. En ese contexto, la subida de Bankinter no pasa de anécdota pese a su importancia numérica, y lo que ciertamente tiene valor y merecerá una explicación más sosegada, es la siempre asombrosa capacidad de recuperación del Santander contra viento y marea, que ha impedido un fin de semana peor, o al menos nos ha ahorrado no poco dramatismo final.

No nos hagamos trampas en el juego. La Bolsa es sólo, y no es poco, un sofisticado escenario en el que se juzgan por adelantado las movimientos de la situación económica. Como en la famosa serie norteamericana de televisión, “la realidad está ahí fuera”, y los inversores, que la conocen, no hacen sino anticipar, o descontar como se dice, las ominosas brumas del horizonte. La economía, para qué nos vamos a engañar si nada ganaremos con ello, va mal y pinta peor.

Es el poder político el que no puede, o por lo menos no debe, seguir desconociendo o banalizando la gravedad y perspectivas de la actual fase de recesión económica. Los mercados saben, y descuentan, que seguirá acelerándose la destrucción de empleo, a pesar de que tenemos las peores tasas de paro de Europa y con visos de aumentarse el diferencial negativo. La contracción de la actividad, la caída del PIB y el deterioro del empleo son los parámetros actuales de nuestra economía. No miremos cada semana los inquietantes tableros de la Bolsa. Miremos, ya no con inquietud sino casi con pavor, hacia quienes deben, podrían y por lo que se ve no quieren gestionar la crisis. Si los inversores percibieran gestión de la crisis, seguro que cambiaría el signo de los mercados.
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