Ahora el lema de sus colaboradores podría ser: "Con mi sueldo no te metas"
Nunca he estado de acuerdo con las medidas tomadas por Chávez en su gobierno, pero debo reconocer que me sentí satisfecha cuando aseguró que le pondrá el ojo a los sueldos de sus colaboradores. No creo que con eso se solucione la crisis económica, pero me sentiré mucho mejor al saber que los mediocres acompañantes del Presidente dejaron de percibir sueldos miles de veces más altos que el común de los venezolanos.
Pero Chávez no contaba con la reacción de sus focas. Quienes no se atreven a respirar cuando el Presidente ruge, quienes aguantan sin chistar regaños y humillaciones públicas, de repente han despertado. Su lema podría ser: "Con mi sueldo no te metas". Quizás acudan a alguna Corte en Nigeria o Zimbabue para plantear sus justas recriminaciones.
Dentro del malestar que existe en altas esferas burocráticas, me han llamado la atención los alegatos de los integrantes del Tribunal Supremo de Justicia. Ellos, que sólo existen en la memoria colectiva por su danza vistosa, entogados cantando "!Uh, Ah, Chávez no se va!", han encontrado de repente una elocuencia ciceroniana. Aseguran que su vasta experiencia y "el calado" de la responsabilidad que tienen, así como "los asuntos que deben conocer" los hace merecedores de los 340 millones de bolívares fuertes que gasta el gobierno cada año en sus sueldos. Si los ilustres magistrados hubiesen explicado que el asesinato de la justicia, que ocurre diariamente en Venezuela, tiene un precio y ese precio es muy alto, yo los hubiese comprendido. Pero que me digan que sus altos salarios se deben al hecho de que son "profesores universitarios", me indigna. Quisiera que alguno de ellos investigase cuánto gana un profesor universitario de verdad, de los que no se han vendido ni se venderán al gobierno de turno.
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