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OBRA DE CREADORES ESPAÑOLES

'Las zapatillas rojas', un (buen) ballet del siglo XXI

'Las zapatillas rojas', un (buen) ballet del siglo XXI

lunes 19 de marzo de 2007, 10:01h
Última actualización: miércoles 19 de septiembre de 2007, 11:55h
Que a cualquier arte le sienta bien la evolución e incorporación de los elementos que las nuevas técnicas permiten, es algo comúnmente aceptado por creadores, público y crítica. De ello da fe el (buen) espectáculo que se disfruta en el Teatro Madrid con un nuevo ballet, ‘Las zapatillas rojas’, totalmente español que aúna tradición y modernidad, pero todo bajo el denominador común de la calidad.
Mézclese con sabiduría un cuento de Andersen, una imaginativa historia basada en el mismo (de María Graciani, afortunada también en la dirección), una música variada y de categoría, muy apegada a la historia que se cuenta, muy narrativa a la par que muy trabajada e inspirada(de Emilio López-Galiacho), una coreografía de lujo (de Pascal Touzeau), un aprovechamiento del vídeo y el ordenador en la película que a modo de decorado sirve de fondo al desarrollo del argumento (con varios responsables españoles todos), y un extraordinario plantel de bailarines (encabezado por Crsitina Ayllón, Mónica Tardaguila y Rayco Cortés)… Insisto, hágase una mezcolanza con todo ello, y se tendrá la receta del éxito.

Y la de una adecuada fórmula para que en el siglo XXI se puedan crear obras que con el tiempo pueden considerarse tan clásicas como las grandes/grandes que lo han sido a lo largo de las tres últimas centurias.Con una ventaja añadida, más allá de la fusión de dos bellas y sentimentales historias, más allá del homenaje a la gloriosa radio de los años 40, más allá del enorme grado de expresión corporal de los bailarines que de inmediato conectan con el público... más allá de todo ello, ‘Las zapatillas rojas’ calan hondo.

Estremecen las fibras sensibles de niños –por fortuna había bastantes en las butacas- y mayores, de especialistas y profesionales, de público entendido y profano. Lo cual es todo un lujo en estos tiempos posmodernos y olé, más proclives a la simbología que a la expresión directa. Lo cual agrega su grado de atracción y de valor generalizado.

No es de extrañar que esta apuesta de Tomás Lozano y su Ballet de Madrid, sabiamente acogida por el siempre arriesgado y distinto director del Teatro, Juan Manuel Garrido, a la vez recuperadora de muchos bailarines españoles dispersos por el mundo ante la falta de oportunidades aquí, lleve meses y meses paseándose por los escenarios de toda España siempre triunfante.

Como lo hará en breve en su gira internacional, donde demostrará que a estos profesionales del baile -imposible nombrar a todos, pero obligado insistir en el extraordinario nivel general- y al resto de los que firman todas las especialidades de ‘Las zapatillas rojas’ basta con que se les dé ocasión.

Cuando se hace, cuando se les concede la oportunidad de mostrar su talento para que lo exhiban y España tenga también sus -como ésta- compañias privadas capaces del 'Cascanueces' –lo bordaron cuando lo subieron a escena recientemente- sí, pero también del (buen) ballet (español y de relieve internacional) del siglo XXI. Como 'Las zapatiillas rojas’.
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