De todos los derechos que disfrutamos los españoles, y que están perfectamente recogidos en nuestra Carta Magna de 1978, hay uno que nunca ha quedado bien definido. Y ése el de la libertad de expresión. Muchas son las querellas criminales que se han puesto y que se han ganado o perdido dándole vueltas a este tema. Yo ejerzo este derecho cada día al escribir esta columna y me cuido muy mucho de no caer en la libertad del insulto que es cosa que muchos parecen confundir.
A mí, como a cada hijo de vecino, hay muchos que me parecen unos gilipollas pero evito calificarlos así por dos razones, una por respeto al contrario y otra por si las moscas me cae una querellita de esas que están tan de moda.
¿Saben quién es Joan Carles Villalonga? Ni idea, ¿verdad? Lógico y natural, porque salvo que sea usted de Mahón, este señor no le sonará de nada. Pues es el director Insular de la Juventud y concejal de cultura del Ayuntamiento de Mahón. Y, además, en sus ratos libres, canta, tiene un grupo vaya. Pues bien, este señor ha saltado a los medios nacionales por haberle dedicado una canción a la Infanta Elena en la que la llama puta. Así de llano y claro. Bueno, se lo ha llamado en mallorquín (él es nacionalista y sólo habla en esa lengua) En concreto la canción dice de la hija de los Reyes que es una “puta berganta” que significa mujer de mala conducta moral. Además dice de ella que su padre es alcohólico y que ella da pena. Pero la cosa no queda ahí. Ante la polémica, el portavoz del Partido Socialista Mallorquín, Nel Martí, ha minimizado los insultos diciendo que “forman parte de la cultura popular” y que abrir un debate sobre eso es “inútil y absurdo” ¿Qué pensará Bibiana Aído de esto? ¿Y nuestro flamante ministro de deportes, Zapatero, tan defensor él de las mujeres? Me encantaría saberlo
Yo ya he dicho varias veces en esta columna que no me gusta la monarquía y que veo muy necesario un debate ya sobre la necesidad de plantear al pueblo si quiere o no esta forma representación o gobierno (somos monarquía parlamentaria) ya que nos fue impuesta. Pero ése es otro debate que nada tiene que ver con éste. Llamar puta a cualquier mujer es un insulto que atenta contra su dignidad como persona y que no debe ser consentido. Mucho menos en palabras de un representante de un partido político. En nombre de un supuesto arte no todo está permitido. Y encima este simpático representa a un partido de izquierdas, al que se le supone amante de las libertades, incluidas las sexuales en una mujer. Vaya que al final ha resultado ser un completo machista al puro estilo de un facha de los de toda la vida.
Señor Villalonga, se me ocurren muchas cosas que decirle con respecto a su actuación pero no se las voy a decir porque no voy a caer en lo mismo que usted, es decir en la mala educación. Pero sí le diré que es hora de que se apunte usted a un cursillo y en menorquín ya que seguro que el castellano no lo entiende bien porque le imagino bastante zoquete (no se moleste, estoy ejerciendo mi libertad de expresión y zoquete al lado de puta es hasta un halago) dónde le expliquen las diferencias entre insultar y decir lo que uno piensa de manera educada. Creo que lo que usted ha hecho merece una disculpa en toda regla máxime porque es usted un representante municipal. Y después de eso, debería usted dimitir. Y ya como ciudadano váyase usted por las playas a cantar lo que le dé la gana.
Si me facilita su dirección postal le voy a hacer llegar un vídeo de Epi y Blas en el que se explica lo que es insulto y que no es. Eso y una mascarilla del pelo para el que toca a su derecha en su grupo que buena falta le hace.
Ah, y por cierto. ¿Se ha enterado la SGAE de que usted en esa canción plagia el cucurrú paloma de Tomás Méndez Sosa? ¡Teddy Bautista, ve a por él ahora mismo!
¡Qué panda de titiriteros! Y encima a lo que ustedes hacen lo llamará arte. Me parto. Un consejo, si quieren ustedes insultar, lean a Góngora y a Quevedo. Eso sí es insultar pero con gracia, arte y sin llegar a las cloacas, como ustedes.