Poco a poco se suman los ciudadanos que perciben que sus derechos fundamentales corren peligro. Se reúnen a protestar por la inseguridad y en defensa de la libertad de información y expresión. Pronto a ellos se les sumarán otros sectores, en la medida que se vayan conociendo los planes trazados en la reunión de partidos y movimientos políticos que aspiran a agruparse en la V Internacional.
Eran apenas un puñado de compatriotas que avizoraban el peligro, a contrapelo de quienes se dejaron encantar por los “cantos de sirena” correístas y le hicieron ganar elecciones al movimiento Alianza PAIS. Luego vieron cómo el desencanto comenzó a manifestarse entre aquellos entusiastas votantes, y comprobaron que, casi en silencio, sus filas se iban incrementando.
Lo curioso es que en los medios de comunicación incautados por el Gobierno, y que ya deberían haberse puesto en pública subasta para pagar las deudas de los banqueros responsables de la debacle de 1999, minimizan o ignoran estos hechos.
Parece que sus directivos, salariados del régimen, interpretan sin chistar, a la manera oficialista. el derecho de la ciudadanía a estar informada.
Olvidan que los sueldos que devengan del Estado también salen de los bolsillos, al pagar sus impuestos, de quienes no están de acuerdo con sus patrones. Pero bien, nada amilana a esos empecinados que salen a las calles, se congregan en plazas públicas o hacen obstinados plantones en defensa de la libertad de todos, incluso de quienes los ignoran. Los tiempos, con lentitud pero con firmeza, comienzan a cambiar.