viernes 21 de mayo de 2010, 19:15h
Es el título de la historia novelada, escrito por Mario Vargas Llosa, sobre el dictador más sanguinario del Caribe, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo (apodado “El Chivo”); éste no sólo se contentaba con asesinar a sus adversarios sino también, a través de la prensa que controlaba, les arruinaba su reputación para el escarnio y vergüenza de la familia.
“El abogado Bayardo Cipriota pereció en una reyerta de maricas: lo encontraron apuñalado en un hotel de mala muerte, con calzón y sostén de mujer, y la boca con rouge. El dictamen forense determinó que tenía esperma en el recto”, este es uno de los tantos ejemplos que cita Vargas Llosa. Estas abyectas acciones eran realizadas por Trujillo a través de su brazo ejecutor el Coronel Jonny Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). El SIM fue una poderosa organización que aterrorizaba a la población con crímenes y torturas; Abbes tenía una basta red de informantes para delatar a los detractores del dictador Trujillo, dentro y fuera del país; había desde limpiabotas, funcionarios de gobierno, diplomáticos, policías y militares en todos los rangos.
En Venezuela, Hugo Chávez ha creado una poderosa red de informantes para delatar a sus opositores desde los Comités para la Defensa de la Revolución, las Milicias Populares y un Servicio de Inteligencia que está bajo su control y mando. Se conoce que en una orden dispuesta por Chávez, el general José Fuentes Torres, director de Inteligencia, dispuso que todo el personal militar deberá “notificar de inmediato” a sus superiores o a funcionarios de inteligencia sobre todos aquellos que cuestionen al régimen:
“Todo personal militar que reciba vía internet, mensajería de texto u otros medios, correos electrónicos, mensajes ofensivos, críticas o analogías de diferentes índoles, contrarias al sistema de gobierno que preside nuestro comandante en jefe, teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, deberá notificar de inmediato el contenido recibido a su comando natural o a la dirección de inteligencia del Ejército Nacional”.
Como vemos, cualquier funcionario que se atreva a criticar a Chávez de inmediato es cancelado y pasa a ser un paria, junto con su familia; lo mismo en las filas militares, el General Antonio Rivero, se vio obligado a pedir la baja por denunciar “la cubanización de las Fuerzas Armadas Venezolanas”. Chávez lo tildo de “flojo”, que se negaba a recibir órdenes y que se volvió un “escuálido” (opositor). El ex-Ministro de Defensa, General Raúl Isaías Baduel, fue sentenciado a siete años y 11 meses de prisión, acusado de supuestas sustracciones y abuso de poder; igualmente, cientos de oficiales fueron separados de las FF.AA. por disentir con Chávez.
Con este panorama, la rampante corrupción y todo tipo de tropelías y abusos que comete día a día Chávez, estoy seguro de que estamos reeditando la “Fiesta del Chivo”, esta vez en Venezuela.