“Se reparten los papeles. Uno hace de poli bueno y otro de malo. Juegan a dos barajas, como ocurrió en el anterior –y fracasado- proceso de paz, y todo el mundo lo sabe en Euskadi”, asegura a Diariocrítico un destacado dirigente del PNV.
En este sentido, pocos creen que fuera “sincera” la desautorización pública que el lehendakari
Patxi López hizo al presidente del PSE,
Jesús Eguiguren, hace escasos días en el Parlamento vasco por sus manifestaciones sobre la necesidad de facilitar el regreso a la política a la izquierda abertzale para que se desmarque de ETA. “Soy yo quien lidera la política antiterrorista en Euskadi”, le dijo el lehendakari al presidente del PSE, dejando claro que lo demás son “opiniones personales que no comparto”.
Y aunque las crónicas de ese día aseguraban que Eguiguren “se revolvía, incómodo en su escaño”, días después –el domingo pasado- en una entrevista con el Correo, el presidente del PSE se encargaba de colocar las cosas en su ‘sitio’. “Me sentí tranquilo. Cada uno sabe cuál es su papel. El lehendakari es el que establece la política y lidera el país y el partido [López es también secretario general del PSE]. No sentí ninguna sensación de agravio y desautorización”. Más adelante, al insistir el periodista que le entrevistaba sobre si se sintió “incómodo”, dio más pistas: “Visto desde fuera, da esa sensación. Pero yo sabía que el lehendakari no tenía más remedio que decir lo que dijo. No me llevé sorpresa”.
Finalmente, aseguraba que no creía que el partido “vaya a perder la confianza" en él: “No es la primera vez que saco reflexiones que puedan parecer inoportunas. Pero tampoco soy un irresponsable. Sé hasta dónde se puede ir y hasta dónde no. Soy un militante bastante disciplinado”.
Otro detalle que medios nacionalistas ponen sobre la mesa es la ‘filtración’ a un periódico nacional del informe policial con datos sobre ETA y la izquierda abertzale, que desde el PNV sospechan que “no fue casual”. “Todos están en la ‘pomada’”, afirman nuestras fuentes.
Lo cierto es que sólo hay que echar mano a las hemerotecas para comprobar que razón no le falta. En los prolegómenos de la anterior ‘tregua indefinida’ decretada por la banda terrorista, Eguiguren jugó, como es público y notorio, un papel como mediador decisivo. Sus contactos con Batasuna y ETA están documentados en el libro
“El Zapaterato. La negociación. El fin de ETA”, escrito por el director de este diario,
Fernando Jáuregui, y por el corresponsal político del mismo,
Manuel Ángel Menéndez.
Además, las mismas fuentes del PNV recuerdan la Fiesta de la Rosa que el PSE celebró en Baracaldo (Vizcaya) en mayo de 2006, justo dos meses después de que ETA declarase la ‘tregua indefinida’. Zapatero, entonces, quiso destacar el papel fundamental que jugaron en el proceso los socialistas vascos, pero principalmente sus dos principales dirigentes, Patxi López y Jesús Eguiguren, al que se le rindió un verdadero homenaje. “El público tronó cuando sonó el nombre de Eguiguren”, narran las crónicas del momento.
Patxi López -muy aplaudido también-, en aquella intervención, criticó al PP y a la todavía líder del PP vasco,
María San Gil, por ser “incapaz de acompañar ese deseo de paz” con alguna palabra de apoyo de su partido. También la acusó de lanzar “mentiras intencionadas”. “Parece que no quieren que esto salga bien”.
Precisamente,
María San Gil reapareció este miércoles en la escena política, y rompió su silencio dos años después de su sonada retirada. Lo hizo en el almuerzo coloquio organizado por Club NEXO con motivo de la presentación del citado libro sobre ETA de Jáuregui y Menéndez. La ex presidenta del PP vasco alertó de que “los protagonistas de la última tregua siguen hoy desempeñando las mismas labores”.
La historia, como decimos, se repite. Salvo el comportamiento de los actuales dirigentes del PP vasco, liderados ahora por Antonio Basagoiti, partido que sostiene al Gobierno de López. La actitud moderada del dirigente popular frente a todas estas informaciones le distancian aún más si cabe con la ‘vieja guardia’ que encabezaban
Jaime Mayor Oreja y la propia San Gil, detractores a de cualquiera tipo de diálogo o acercamiento a la banda con la que está convencidos de que hay una nueva “negociación” en toda la regla en marcha.