www.diariocritico.com
La oportunidad, perdida, de España

La oportunidad, perdida, de España

viernes 02 de julio de 2010, 18:46h
Última actualización: jueves 16 de septiembre de 2010, 17:32h

El tenor Josep -José, todo sea dicho, cuando le conviene- Carreras lanzó en su día una frase que, si bien no da en la diana sí toca aquellos círculos concéntricos al botoncito rojo. "Cuanto más catalán me dejan ser, más español me siento", dijo. Seguramente esta frase, que ya digo no es absolutamente certera, sí se acerca a la realidad del pensamiento catalán.

Cuando se tocan ciertos temas hay que ser especialmente preciso -sobretodo para no zaherir, antes al contrario debe evitarse-. Ello no debe ser óbice para caer en la telaraña de lo políticamente correcto. Así que, cuidadosamente, me atreveré a decir que el catalán, a lo sumo y desde siempre, ha sentido una españolidad pasiva. Sobre todo aquél que tradicionalmente ha vivido la catalanidad en casa. Este espécimen se mueve entre el furibundo -y a veces irreflexivo- antiespañolismo hasta una adaptabilidad exenta, eso sí, de pasión.

No es necesario señalar que también deben contemplarse otras opciones de catalanidad, muy apreciables -tanto o más que las anteriores porque suponen un esfuerzo adicional- que nacen en una tradición de entorno español y que, por ello, tienden a interpretar el sentimiento de una forma distinta. En estos casos sí que la españolidad puede manifestarse de forma más evidente, pero no son, por lo que respecta al objetivo de este artículo, el segmento a analizar. Sobre todo porque no son definitorios a la hora de llegar a su conclusión. Desde luego, sí, insisto, se deben respetar -al margen de que, nunca se sabe, son más susceptibles de discernir ciertas realidades de lo que piensan algunos que ven en ellos su punto de apoyo-.

Pero movámonos en el segmento objeto de esta digresión: nunca, evidenciémoslo, tendrá la parte de la población catalana en que nos centramos arrebatos ignífugos de españolidad. Pero eso no quita para que pueda tener posicionamientos incluso benévolos con la característica. Por ejemplo, en el año 78, quien esto suscribe, más por buena voluntad -aunque algunos éramos muy jóvenes, las calles destilaban aroma política- que por convencimiento -y es pertinente aportar el dato en pleno mundial de futbol- tenía el póster de 'la roja' de la época en la habitación. Porque era el inicio de la última oportunidad.

Los catalanes, que somos los que siempre nos hemos sentido parte de Europa, pensamos en aquellos años que el modelo español debía ser una copia, en pequeño, del continental -sobre todo, hay que aclararlo, porque la historia reciente no nos dejaba entrever, a muchos de quienes estábamos menos metidos en sus entresijos, que era posible hablar de independencias, todo sea dicho-. Así que, a pesar de que, casi diría por genes, era imposible conseguir que nos apasionáramos con España, como mínimo, en aquellos tiempos hubo un embrión para plantear algunas posibilidades. Como mínimo, de condescendencia.

Eso, progresivamente, se fue acabando. Y el último capítulo -con el mismo suspense que en esas películas que ya te cuentan de entrada quién es el asesino- lo hemos tenido esta semana. Era difícil la pasión pero evitable la desafección. ¿Quién tiene la culpa?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios