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Grandes rutas y paisajes

Por los infinitos caminos de Cantabria (VII)

viernes 25 de marzo de 2011, 18:40h

Los sobaos y las quesadas son dos de los dulces más conocidos de Cantabria, aunque ya son patrimonio de todos los cántabros, su origen está en una de las zonas más singulares de Cantabria: Los Valles Pasiegos, donde encontramos localidades como Ontaneda, San Pedro del Romeral, Vega de Pas, San Roque de Riomiera y Selaya. Estos verdes e intrincados valles bañados por los ríos Pas, Miera y Pisueña son de una belleza insólita, y su singularidad radica en la simbiosis entre hombre y paisaje, y como la influencia de uno sobre otro ha definido la personalidad de cada uno.

Los ricos pastos de esta zona, donde todavía sobrevive la trashumancia, y las características de la raza de vaca autóctona consiguen una leche de altísimo contenido graso, cuyos derivados son la base para la elaboración de los sobaos y las quesadas pasiegos. Además esta es tierra de excelente carne de vacuno, guisos de cabrito, alubias estofadas y quesos como el fresco de la Vega de Pas o los quesucos de nata pasiegos. Aquí se elaboran, entre otros, el queso Divirín, que ha sido premiado en certámenes internacionales de quesos. Como particularidad gastronómica de estos valles, cabe destacar que es tierra de los más famosos barquilleros de España y Francia. Asimismo, fue entre estos parajes donde nació el helado de mantecado a partir de las natillas y que hoy se puede degustar en la localidad de Ontaneda elaborado de manera artesanal. Valles del Pas, Pisueña y Miera Situada en el corazón de Cantabria, la comarca de los Valles Pasiegos sorprende a cada paso por su gran patrimonio cultural, natural y artístico. Tres cuencas fluviales son las que bañan estas tierras con auténtico sabor autóctono. El Pas, el Pisueña y el Miera discurren por estos valles configurando un hermoso paisaje en el que las praderías se abren a nuestro paso en un sinuoso camino. Una comarca, la de los Valles Pasiegos que se dignifica por la pervivencia de las tradiciones rurales. En lo alto de una montaña o en medio de un pastizal que se esconde tras una loma, aún se conservan las auténticas cabañas pasiegas. Caminos Gastronómicos. Camino de los productos pasiegos (Sobaos y quesadas) Estas construcciones, únicas en Cantabria, guardan un lugar muy destacado en el patrimonio cultural de la región y, aunque de carácter funcional, son unos edificios de una gran singularidad. Estas cabañas, de inigualable valor etnográfico, revelan el modo de vida de los habitantes de estas tierras. Se trata de cabañas de dos plantas, con tejado de lastras de pizarra y una rústica escalera que daba acceso a la planta superior. Estas cabañas tenían el prado bien cercado y hacían la función de vivienda temporal y establo. En estas tierras se contabilizan miles de cabañas. El carácter de temporalidad era debido a la trashumancia, cada familia disponía de cinco o seis cabañas porque cuando se agotaban los pastos de uno de los cercados se trasladaban a otro. Este ciclo de las mudas comenzaba en la primavera y solía finalizar terminado el verano. Una vez que acababa la temporada la familia volvía a la ‘cabaña vividora’ que era la vivienda fija situada en alguna de las villas cercanas. La vida pasiega ha estado tradicionalmente ligada a la ganadería. Los verdes pastizales y la extensión de sus praderías, hicieron de esta comarca un lugar ideal para criar su raza autóctona, la ‘vaca pasiega’. También llamadas ‘rojinas’, estos ejemplares se adaptan perfectamente a las rígidas condiciones de la zona. De cuerpo y cabeza pequeña, cornamenta fina y pelo rojizo, la vaca pasiega es la principal protagonista de una de las singularidades más ancestral de estas tierras, la práctica de la trashumancia. La singularidad pasiega también se manifiesta en otros aspectos como los útiles de trabajo, como el cuévano, gran cesto de varas de avellano que los lugareños usaban para casi todo desde acarrear la hierba o leña, hasta llevar la compra, los enseres de la muda o los niños pequeños. También el peculiar ‘palancu’, especie de pértiga con la que se practica el salto pasiego, una modalidad deportiva autóctona que, en el pasado, servía a los pasiegos para trasladarse a gran velocidad entre las rocas, vadear ríos o arroyos o saltar vallados de los prados. Actualmente, el salto pasiego se realiza en acontecimientos festivos. Todas estas peculiaridades etnográficas de la comarca son las protagonistas del Museo de las Tres Villas Pasiegas. Situado en la Vega de Pas, en este lugar se pueden conocer de primera mano algunas de las más arraigadas costumbres pasiegas y los ancestrales útiles que usaban los pasiegos. El Museo Etnográfico de las Tres Villas Pasiegas se encuentra instalado en un edificio del siglo XVIII, una ermita que estaba dedicada a San Antonio. Simulando una típica cabaña pasiega, este museo alberga los típicos útiles para la siega y recolección, estabulación, carpintería, herraje o transformación láctea. Asimismo, en el mismo, encontramos una auténtica cocina pasiega de 1789 y, junto a ella, se exponen distintos objetos en vitrinas que representan escenas de la vida de los pasiegos: historia, traje típico, ocupaciones lúdicas, manuscritos y fotografías. Se trata de un museo muy especial porque todos estos objetos fueron donados amablemente por los vecinos de la zona y que han sido debidamente restaurados y catalogados. Otro de los enclaves ideales para entender las costumbres pasiegas es el Museo de las Amas de Cría Pasiegas en la localidad de Valvanuz. Está ubicado en la ‘Casa de la Beata’. En este lugar se encuentran más de 300 fotografías de amas de crías pasiegas, un fondo documental que además de tener un gran valor histórico tiene un gran valor sentimental. Asimismo, el Museo cuenta con otras piezas características de las Amas de Cría como reproducciones de trajes, pendientes, collares o alfileres. Entre las localidades que se deben visitar en estos valles están, además de la Vega de Pas, San Roque de Riomiera y San Pedro del Romeral, las llamadas las tres villas pasiegas; Ontaneda, Puente Viesgo, Liérganes, La Cavada, Selaya… Entre los lugares de interés cabrían destacar, entre otros, la colegiata de la Santa Cruz en Castañeda; el Santuario de Nuestra Señora de Valvanuz, patrona de los pasiegos, en Selaya; Centro de Interpretación ‘El Hombre Pez’ en Liérganes; Museo de Arte Contemporáneo del Palacio de Elsedo en Pámanes; Ecomuseo Fluviarium en Liérganes; Parque de la Naturaleza de Cabárceno; Cuevas prehistóricas del monte Castillo en Puente Viesgo; Centro de Interpretación ‘Casa del Pasiego’ en San Roque de Riomiera o el Museo de los Indianos en Llerana. Vea también: Infinitos caminos I / II / III / IV / V / VI
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