Un vinito pacificador
Valoración carteles de San Isidro: porque este año tocaba... y olé
lunes 11 de abril de 2011, 11:13h
Actualizado: 12 de abril de 2011, 08:34h
Saludos cordiales. De nuevo con ustedes en esta segunda entrega de la presentación y análisis de la cartelería andante de San Isidro. Espero que pasen un buen rato. Así que sin permiso de la autoridad y sin que el tiempo lo impida, que la ironía y el sarcasmo –lo único que nos va quedando- reparta suerte. ¡Va por ustedes!
Iré relatando lo acontecido en la Sala Antonio Bienvenida, el martes 5 de abril, prácticamente de manera temporal. Así se harán ustedes a la idea de que estuvieron allí. Hubo dos “presentaciones de carteles”, la de la prensa y la de los aficionados. La de la prensa no es una presentación, es una rueda de prensa. Y, como el mismo término indica, es para la prensa. Algo que hay que agradecer a Taurodelta, que se avino a ello desde el año pasado a insistencia de periodistas y críticos taurinos, pus desde tiempos inmemoriales, la rueda de prensa de los carteles isidriles era inexistente como tal, ya que acogía a aficionados, apoderados, etc. Verán cómo van a entenderlo rápidamente. Valiendo “Choperita”.
Ahora bien, lo del martes pasado fue de junta de vecinos. A las doce de la mañana comenzó la rueda. Se había anunciado claramente que la rueda de prensa era a las doce y la presentación para aficionados una hora más tarde, a la una. Pues nada, a las doce intentaron pasar los aficionados a la sala y tuvieron que ser frenados; sólo accedieron periodistas y alguno que otro taurino que se coló de rondón sin que se supiera el porqué. ¿Se imaginan ustedes que las ruedas de prensa del Palacio de la Moncloa fueran abiertas al público? El Arca de Noé, oiga. Los jubilados preguntando por la subida de las pensiones, los dueños de los bares quejándose de la Ley Antitabaco… Pues eso solían ser cada año las ruedas de prensa de la presentación de los carteles.
Bien, sigamos. Los aficionados se tuvieron que quedar fuera. Pero ¿qué ocurrió?, que debió resultar difícil su control y a las doce y media empezaron a golpear la puerta de la sala y a gritar. A las barricadas, señores, a las barricadas; y sin salida de emergencia. Dos veces más se repitió la algarada, entre las 12.35 y las 13.00 horas, pues la rueda de prensa finalizó con puntualidad absoluta. Y mire usted por dónde, gentileza de la empresa gestora de la plaza, que a las 13.00 horas, junto al bar del Tendido 1 y en su propia barra, varios camareros comenzaron a repartir bebidas a los periodistas.
Fiuuuuuuun, allá que fueron algunos aficionados que tanta prisa tenían por entrar a la presentación de los carteles. Empujaban, había brazos que aparecían de no se sabía dónde, larguísimos; qué precisión cogiendo vasos, como morenas o anguilas. Al final más de uno y de varios entraron en la Sala Bienvenida con bebidas, algo que no está permitido. Pero qué más daba.
Un buen “puñao” de estos aficionados –deben ser los que se injertan en ariete y arremeten contra todo- acuden cada año. Esos a los que les encanta estar en las ruedas de prensa, saludar a los periodistas como si les conocieran de toda la vida, preguntar sobre asuntos anodinos y banales en el momento en el que ven alguna cámara grabando, acercarse a estos artilugios para hacer comentarios espontáneos y así un largo etcétera. Y como el movimiento se demuestra andando aquí está la prueba.
Leyó Martínez Erice en voz alta los carteles, preguntaron los asistentes por tres toreros o cuatro y por cuestiones que tienen la respuesta en taquilla y, según estaba contestando el empresario a una consulta sobre el abono joven, se levantaron en masa, con una falta de respeto total y absoluta hacia la persona que en ese momento estaba interesándose por una determinado dato. “Por favor, por favor…”, rogaron desde la “mesa presidencial”. No hicieron ni caso, se pusieron en pie, gritando entre ellos, tratando de llamar la atención de un par de operadores de cámara que había por allí, buscando ponerse delante de los reporteros gráficos. En fin. Martínez Erice hacía todo lo posible por alzar la voz y corresponder a la pregunta formulada hasta que ya por fin dijo “Bueno… (por no decir otra cosa), vamos a tomar un vinito que nos lo hemos ganado”.
Palabra mágica. No sé yo si él llegó a ese vinito. Ya no quedaba prácticamente nadie en la sala. Los “aficionados” estaban viendo a través de los cristales a los periodistas, charlando entre ellos, comentando los carteles, etc., pero lo que también veían eran camareros con bandejas de bebidas. A ver si se iban a acabar ¿no? Malitos estaban, malitos por no poder chafardear.
Al año que viene lo volvemos a hacer de esta manera ¿eh? La imagen que dejaron casi la mitad de estos “aficionados” que estaban en la sala fue la que fue. No todos, por supuesto. Los periodistas, hartos ya de lo que son escenas costumbristas y saciados por los años, en cuanto “aquello” empezó a salir nos “tapamos” y abandonamos la plaza. Qué pena, ¿no? El acto, que debería ser un punto de encuentro de la prensa –y a ello vamos además de a trabajar, por supuesto-, pues durante la Feria si coincidimos es con prisas, se convierte cada año en lo que acaban de leer. Luego, ya sabemos, “que si los aficionados somos los únicos que…”. Me callaré, vamos a dejarlo aquí.
Bueno, ya estamos situados. En el próximo capítulo nos meteremos de lleno en los carteles y en lo que dieron de sí y de no en boca de…
No falten, no se sentirán defraudados en sus expectativas. Hasta pronto.
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