lunes 23 de julio de 2007, 11:22h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Como médico, primero, luego como investigador después y, por último, como ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria tiene el compromiso ineludible de aprobar, a la mayor brevedad posible, la única vacuna preventiva que existe contra un cáncer, el provocado por el virus del papiloma humano. Aunque parezca mentira, todos los países de la Europa de los 15 la han aprobado, salvo España. Las españolas son, a lo que parece, europeas de segunda y las que tienen posibilidades y conciencia de que hay que vacunar a sus hijas de entre 9 y 15 años, antes de que tengan relaciones sexuales, compran la vacuna en Andorra o en cualquier país europeo.
Esta situación la conoce ya por activa y por pasiva el ministro Soria, y su equipo más directo, pero la situación sigue sin solucionarse. Desde aquí nos hemos hecho eco del documento de consenso suscrito por once Sociedades científicas, para que esta vacuna se apruebe sin más dilaciones. Los clínicos insisten en que se pueden evitar setecientas muertes al año y reducir considerablemente las cerca de dos mil infecciones diarias que se producen, sólo en España por el virus del papiloma humano.
La ex ministra de Sanidad Elena Salgado, ahora titular del Ministerio de Administraciones Públicas, no quiso por criterios economicistas dar luz verde a esta vacuna. Y su entonces subsecretario, Fernando Puig de la Bellacasa, ahora secretario de Estado con Salgado, cumplió la orden a la perfección. No le importó a Elena Salgado y ahora le importa menos, que los Gobiernos de Austria, Alemania, Francia, Grecia, Italia y Suiza hubieran anunciado que iban a incluir la vacuna contra este virus en sus calendarios de vacunación nacionales.
Por eso, el ministro Bernat Soria no puede echar por tierra, como hizo su antecesora, la esperanza de las mujeres y niñas españolas y tampoco debe defraudar a los clínicos, a los investigadores y, en definitiva, a todos los que creemos en él.