La relación entre dos países vecinos como España y Marruecos es estratégica y debe preservarse por encima de intereses partidistas, personales y electoralistas.
Es legítimo que cada uno defienda con respeto, lealtad y confianza sus intereses, pero con el compromiso de salvaguardar la estabilidad, la seguridad, la colaboración y los proyectos comunes que afectan a todos los sectores de las sociedades de los dos países.
Unas relaciones solventes, fuertes, comprometidas tendrán buenos resultados para ambos países y serán disuasorias para que ninguna de las dos partes actúe de manera unilateral.
Las relaciones con Marruecos son un asunto de estado que debería contar con el consenso de los dos grandes partidos de gobierno, como toda la Política Exterior, y con la información y transparencia correspondiente en el Parlamento superando los clichés obsoletos de los extremos.
Hay cuestiones que no son sencillas de resolver entre los dos países, pero la relevancia de las relaciones y la trascendencia de preservar los intereses complementarios obligan a un diálogo sereno, prudente y firme, sin duda, pero con el objetivo de alcanzar la mejor solución posible para ambas partes.
Además, estas relaciones se enmarcan en un contexto regional e internacional donde también intervienen actores como la Unión Europeo y los Estados Unidos, entre otros.
Sería muy positivo, que Argelia aceptara la mano tendida del rey Mohamed VI para recuperar las relaciones y dotar de una mayor estabilidad y consistencia al norte de África en defensa de sus intereses y para afrontar la amenaza que surge en varios países del Sahel. Puede que el régimen argelino se plantee dar algunos pasos y salir del aislamiento que está sufriendo y permita mejorar la situación tan precaria de los argelinos.
Declaración conjunta
La declaración conjunta de la XIII Reunión de Alto Nivel entre los gobiernos de España y Marruecos celebrada en Madrid contiene 119 puntos que abordan elementos muy relevantes de las relaciones entre los dos países vecinos en todos los sectores.
No se trata más de cantidad que de calidad porque en cada uno de los puntos se concretan aspectos trascendentes de las voluntades e intenciones de los dos gobiernos que implican directamente a los dos países, a sus ciudadanos y a sus instituciones.
Declaración conjunta que supera con creces los clichés habituales de aquellos que solo pretenden fomentar el enfrentamiento entre los dos países vecinos.
Si bien hay problemas que superar con el diálogo, el consenso y la negociación, las relaciones tienen evidentes elementos estratégicos como el político, el económico-comercial, el social, la cooperación en seguridad y lucha anti-terrorista, la migración irregular, el turismo, la cultura, el deporte y la estabilidad en el continente africano que es la estabilidad de Europa.
La declaración se estructura en cuatro sectores: gobernanza de la asociación bilateral, dimensión diplomático-estratégica, dimensión económica y la dimensión cultural y los lazos humanos y recoge la firma de 14 acuerdos concretos de colaboración en el marco de una relación modernizada, basada en la búsqueda del progreso y el bienestar de la población de los dos países, así como la promoción de la prosperidad y la estabilidad regionales, según reza el primer punto.
A continuación, se presentan los sectores que van a recibir mayor atención en los próximos años como son la educación, la cultura y el deporte, esenciales para el estrechamiento de los lazos humanos; la investigación científica, la inteligencia artificial y la ciberseguridad; el compromiso con el medio ambiente y la lucha global contra el cambio climático y sus efectos; la energía y la transición hacia un modelo energético limpio, sostenible y resiliente.
Los titulares mediáticos no recogen con el espacio que merecen los contenidos reales que afectan directamente a las relaciones entre las personas, las empresas grandes, medianas y pequeñas, las instituciones, las organizaciones públicas y privadas y las asociaciones que mantienen ideas, iniciativas, eventos y todo tipo de acciones que manifiestan una realidad de vecindad incuestionable con sus luces que son la mayoría poco destacadas, y sus sombras, exageradas por aquellos que viven del enfrentamiento y el miedo.
Realidad es el intercambio comercial entre España y Marruecos de 22.600 millones de euros en 2024 con la creación de miles de puestos de trabajo; el control de la migración irregular; la cooperación en seguridad y lucha antiterrorista; la estabilidad y desarrollo atlántico frente a las amenazas en el Sahel; el millón de turistas en los dos países; la organización del Mundial de fútbol en 2030 y los intereses estratégicos y complementarios en todos los sectores.
Realidad es el apoyo de España y otros 120 países de todo el mundo, y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al plan de autonomía para el Sáhara bajo soberanía marroquí como base de las negociaciones para acabar con el diferendo.
Realidad es la necesidad de respeto, confianza y lealtad para abordar los problemas que, lógicamente tienen dos vecinos, para solucionarlos con diálogo, consenso y negociación para evitar falsos rumores respecto a Canarias, por ejemplo.
El desafío que se presenta es velar porque se cumplan los puntos que recoge esta declaración en todos los sectores por encima de intereses destructivos que necesitan el enfrentamiento y la división para su propio beneficio.
Para conocer la realidad entre los dos países vecinos es muy recomendable, imprescindible podríamos decir, visitar, conocer de verdad lo que pasa en cada lugar, hablar con sus gentes y comprobar sobre el terreno lo que pasa.