La localidad gaditana de Grazalema va a ser desalojada por completo ante los efectos de la borrasca Leonardo. De acuerdo a lo que indican fuentes de la Guardia Civil, el desalojo se va a hacer por secciones.
Así lo ha comunicado este jueves el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, quien también ha señalado que desde el 27 de enero se han contabilizado en la región 7.454 incidencias por el temporal, de las que el 43% han sido causadas por la borrasca Leonardo.
El presidente andaluz ha puesto un mensaje en redes en el que pide ante la evacuación "calma y serenidad. Se va a hacer de manera ordenada, por zonas y con la máxima cooperación de todas las Administraciones".
De acuerdo con Moreno, en Grazalema "ha llovido en 16 horas todo lo que llueve en un año en Madrid", la situación que se está viviendo es "muy complicada", ya que, aunque ha llovido menos, la tierra sigue rechazando el agua, que sale por las paredes y los enchufes de las casas y está generando grandes inundaciones.
De acuerdo con las citadas fuentes, en las últimas 24 horas se ha evacuado a más de 900 vecinos de las localidades de la Sierra. Entre ellos, 800 son residentes de Arcos de la Frontera, que han tenido que ser desalojados de sus casas por la "crecida histórica" del río Guadalete.
Ubrique pide a la población próxima al cauce del río que suban a una planta alta
Por otra parte, el Ayuntamiento de Ubrique (Cádiz) ha subido la alerta a nivel 2 de emergencia ante la crecida del río Ubrique, que pasa por este municipio de la sierra de Cádiz, y ha solicitado a los vecinos que vivan en plantas bajas próximas a su cauce que se vayan a plantas más altas.
En algunos puntos de la localidad ya se han visto incidencias por la inundación de calles por culpa del aumento del caudal del río y de las lluvias, y un muro de contención en la zona de La Esperanza ha comenzado a colapsar, con riesgo de caída por la fuerza con la que baja el río en ese punto. Además, en la trasera de la calle San Francisco Javier, el río Ubrique está bajando al límite de alcanzar las entradas de las viviendas, y en la confluencia entre las calles Azorín y Ramón y Cajal, el agua es una balsa de varios centímetros de altura.