No les separa ni una milla, dentro de “la milla de los museos de Madrid”. Velázquez, en el Prado, y Picasso, en el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, son ofertas de arte tan tentadoras que, por sí mismas, merecerían un viaje a la capital de España. Pero, además, en el museo Thyssen, se exponer “Modigliani y su tiempo”, con pinturas, esculturas y dibujos del gran maestro italiano.
Si el Museo del Prado está considerado una de las pinacotecas más importantes del mundo, lo cuadros de Velázquez son los que, quizá, más han aportado para esa alta valoración internacional. Y si además de este valiosísimo fondo, se programa una exposición, enriquecida con las obras de importantes pinacotecas –la Venus del Espejo de la National Gallery, y otras del Art Institute of Chicago, de la Galleria Borghese de Roma, de Fitzwilliam Museo de Cambridge, de la Dulwich Picture Gallery de Londres- la exposición “Fábulas de Velásquez: Mitología e Historia Sagrada en el Siglo de Oro” se convierte en un hito. Hay 28 cuadros de Velásquez, más 24 de pintores de su generación, españoles y extranjeros: Greco, Ribera, Zurbarán, Rubens, Poussin, Claudio de Lorena...
A escasos mil metros, otro de los grandes, el español Picasso, está vez traído directamente de París, ya que el franquismo privó a España de la mayoría del arte del mejor pintor contemporáneo. Se expone en el Museo Reina Sofía y son 400 obras, cedidas por el Museo Nacional Picasso de París. Son los cuadros preferidos del pintor y, según Borja Villel, el director del museo, representan “el gran manifiesto pictórico del artista; la idea de lo que Picasso consideraba que tenía que ser la pintura”.
Sus herederos los cedieron en 1985 al Estado francés, como pago de impuestos y ahora se exponen en Madrid –previo desembolso de tres millones y medio de euros- mientras se realizan las obras del Hotel Salé, la sede del Museo Nacional Picasso de París. En el Reina Sofía, además, estas obras podrán verse junto con al espléndido Guernica.
Y Amadeo Modigliani al completo, en el Thyssen, donde se exponen las obras más representativas desde su llegada a París, en 1906, hasta su muerte, en 1920. La exhibición incluye cuadros de Cézanne, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Munch y, otra vez, Picasso.
Si después de esta fiesta de los sentidos, a alguien le queda tiempo, puede acercarse a ARCO, una de las Ferias de arte contemporáneo más importantes de Europa y, desde luego, la más iberoamericana. Tienen stands 224 galerías de 29 países y Brasil, el país invitado, está representado por 32 galerías, las más internacionales de este gran país.