Tanto si es usted votante y/o activista del PSOE, del PP, o de cualquiera del resto de partidos políticos que han concurrido a las elecciones del 9M, coincidiremos en que algo ha cambiado de forma notable en este proceso electoral.
No hablamos solo de blogs; Internet, los blogs y las redes sociales han permitido por primera vez a los ciudadanos de a pie participar de forma activa en el mismo.
En nuestro país estamos acostumbrados a que las campañas electorales sean un coto cerrado para las estructuras de los partidos políticos, una conversación truncada entre estos y la sociedad, ya que se producían de forma vertical, permitiendo al ciudadano únicamente la posibilidad de sumarse de forma acrítica a los postulados de un partido u otro actuando como el público de los talk-shows de la televisión, es decir, sentados y aplaudiendo cuando lo indica el regidor.
La participación real en la campaña, la influencia en los procesos deliberativos de la misma se producía exclusivamente desde una serie de poderes pre-establecidos, es decir, los aparatos de los partidos, el stablishment periodístico y los lobbies profesionales, quedando el ciudadano de infantería en un papel de mero receptor sin influencia posible en el desarrollo de la misma.
Algo ha empezado a cambiar en estas últimas elecciones, Internet ha introducido nuevos elementos críticos en el sistema que irán creciendo inexorablemente y haciendo que los partidos políticos se replanteen sus esquemas de flujo de información y toma de decisiones en los próximos comicios.
Los intermediarios sociales tradicionales van perdiendo paulatinamente espacio e influencia en beneficio del ciudadano individual, activo, responsable y con capacidad de sumar voces a la suya propia en la red, logrando introducir cambios en los esquemas previos de programa y actuación de los partidos. Es decir, hackeando los procesos de toma de decisiones, exponiéndolas en público y conviertiéndolas mediante esa exposición pública, en cierto sentido, en procesos de código abierto.
Internet permite la creación de grupos informales no gestionados ni dirigidos por los aparatos de los partidos que pueden llegar a influir en la conformación de propuestas políticas en un proceso electoral. Es decir, haciendo pasar al ciudadano desde el extrarradio de la acción política hasta el corazón de la misma mediante su participación en las deliberaciones fuera ya de los viejos esquemas de militancia.
La presencia de los partidos políticos de nuestro país en las redes sociales y concretamente las iniciativas que ha tomado el PSOE de personalización de sus mensajes y conversación partido-ciudadano en su web electoral, nos indica que los partidos ya van intuyendo que una buena parte de la participación y del éxito electoral va a venir por este medio. Eso si, no va a ser sencillo, la necesidad será el único acicate que consiga que estos grupo compartan el código de la política y el gobierno.
Estamos solo al principio del camino.