OPINIÓN/Víctor Gijón
miércoles 30 de abril de 2008, 09:31h
Me resulta difícil creer que la consejera de Educación, Rosa Eva Diez Tezanos, no vaya a ser sensible a la opinión de profesores y sindicatos de enseñanza en el controvertido asunto de la reducción de la carga lectiva de la asignatura Historia de España.
Más aún, si, como afirman profesores y sindicatos, la hora de menos en historia es para poder colocar, en horario estelar, la asignatura optativa de Religión. No veo a la consejera, a la que conozco y aprecio en los personal y de cuya trabajo al frente de la consejería sólo hay retornos positivos en estros cinco años que lleva al frente del departamento, allanándose ante presiones eclesiales, por mucho Concordato que sigamos padeciendo.
En honor a la verdad creo que en esta nuestra España, de cuya historia quieren quitarle una hora a la enseñanza a los alumnos de segundo curso de Bachillerato, sobren los complejos y apriorismos a la hora de tocar los asuntos que tienen relación con la Iglesia Católica. Complejos, por otra parte, que no responden a la existencia de corrientes de opinión mayoritarias.
Véase si no el dato, apabullante, definitorio y no rebatible, de que el número de alumnos de 17-18 años que optan por la enseñanza de religión no supera el 10% en el mejor de los casos. Es decir, que sólo uno de cada diez jóvenes a punto de terminar el Bachillerato y con la vista ya puesta en la Universidad o FP de Grado Superior, considera que la religión, católica por supuesto, porque de las otras confesiones religiosas ni hablamos, es un elemento a tener en cuenta en su formación.
Esa realidad, por mucho que se busquen disculpas o excusas, es la que debería tener en cuenta la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria a la hora de revisar la reducción del horario lectivo de la Historia de España. Son frecuentes las quejas sobre el desconocimiento que nuestros jóvenes tienen de la historia de España. Y no es bueno que se olviden los malos y los buenos tiempos. Por ejemplo, el papel de la Iglesia Católica, precisamente, como retardataria del progreso de España durante siglos.
Y no traigo a colación este asunto porque sea historia, sino porque sigue siendo algo muy presente. No hay más que escuchar las manifestaciones de altos dignatarios de la Iglesia española para comprender que progreso y religión son términos antagónicos en la mayoría de los casos. Y si hay que elegir yo elijo el progreso… Y las clases de Historia de España, amiga Rosa Eva.