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Expropia que algo queda

miércoles 24 de enero de 2007, 19:10h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 11:55h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes

Me temo que los del tripartito catalán se acaban de meter en un jardín que no es, precisamente, el del barcelonés Turó Park, modelo de espacio urbano al servicio de los vecinos (naturalmente, todos de clase alta, claro), con eso de cobrar 9 euros diarios al propietario de cada piso desocupado. Eso representaría 3.285 euritos anuales (algo así como 546.400,-- de las antiguas pesetas), una nadería para los promotores inmobiliarios, pero una pasta gansa para la Generalitat de Catalunya.

Porque, amadísimos, globalizados, megaletileonorizados y deshabitados niños y niñas que me leéis, el tripartito que preside José Montilla (ya sabéis, ese catalán de Iznájar, provincia de Córdoba) se ha propuesto facilitar viviendas de alquiler asequibles a mileuristas con o sin título universitario. Y esto es algo frente a lo que mis amigos del club y yo mismo albergamos sentimientos encontrados.

De entrada, porque queda muy feo eso de atenta contra el sacrosanto derecho a la propiedad, que es una cosa que hace como muy años 30 del siglo pasado, algo como muy soviético y tercermundista. Algo así como escuchar ahora, por mucha recuperación de la Memoria Histórica que haya, el grito ese de “¡Viva la Alianza Obrera y Campesina!” . Una cosa que suena a antiguo y, además, huele a naftalina. Eso por no hablar de que, cuando las generaciones más jóvenes, oyesen esto de los obreros y de los campesinos, seguro que pensarían que alguien está protestando por la caída de los precios agrícolas y por la subida del gasóleo agrícola.

Claro que, según se mire, al menos para nosotros (no voy a hablar de las gentes de clase media que se limitan a tener, aparte de la vivienda propia y de la segunda residencia, dos o tres pisos en el extrarradio) eso de que la Generalitat te expropie dos o tres bloques de pisos suburbiales para, durante cinco años, dedicarlos al alquiler a precios módicos, incluso puede llegar a ser como una bendición. Sí, no pongáis esa cara pequeñines/as míos/as. Porque hay cientos de miles de pisos vacíos... Y, claro, aunque el promotor que actúa en nuestro nombre (¿para qué vamos a dar la cara, si tenemos a gente dispuesta a hacerlo?), digamos que nuestras finanzas por gastos de mantenimiento se resienten. Si lo de menos, en caso de alquiler, es el importe de la mensualidad. Lo importante es los gastos que el propietario puede repercutir sobre el inquilino: portería, recogida de basuras, gastos mensuales de escalera, de limpieza, etcétera...

Bueno, todo eso por no hablar de la tranquilidad que te da tener un inquilino temporal, que, en el caso de muchos bloques, además, es como una vacuna o como un seguro frente a los okupas. Sí, ya sé que los del patadón en la puerta y desembarco con sacos de dormir, para la eximia ministra de la Vivienda, María Antonia Trujillo, son los practicantes de una forma de vida alternativa... pero, claro, te dejan los pisos de 90 metros cuadrados, con cuarto de baño alicatado hasta el techo y cocina equipada como si fuese un aduar beduino o un campo de refugiados somalíes. Porque los okupas son de los que optan por practicar el chabolismo vertical.

Y ya que he citado chabolismo... ¿Por qué las administraciones públicas sociatas o tripartitas, en determinadas áreas urbanas de toda España, no entran a saco paco contra las chabolas que tanto afean las zonas comerciales periféricas? ¿Qué ocurre? ¿Qué sólo los ayuntamientos y las comunidades autónomas regidas por el Partido Popular tienen los santos cataplines de actuar? A ver si cunde el ejemplo, que mi amigo Elisardo de Serrano le tiene echado el ojo a un solar de Alcalá de Henares que está infestado de rumanos...

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